Domingo, 13 Febrero 2022 11:32

Alberto Fernández castiga a los porteños y convierte a Horacio Rodríguez Larreta en un halcón - Por Fernando González

Escrito por

Dentro del kirchnerismo, algunos dirigentes consideran que la victimización permanente del Jefe de Gobierno lo puede terminar favoreciendo cuando está lanzada la carrera presidencial. Esa estrategia de desgaste fue la que Cristina Kirchner intentó con Mauricio Macri y no funcionó. 

La última vez que se vieron Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta fue hace treinta y tres semanas. Poco menos de ocho meses. Fueron apenas unos segundos. Cruzaron algunas palabras de compromiso y nada más. El Presidente había convocado a los gobernadores en el CCK para un homenaje a los muertos del COVID-19. Por ese entonces, eran 92.317. Una tragedia que para la Argentina todavía no terminó y va camino a superar pronto los 125.000 muertos. Alberto habló de reconciliación en su discurso. Y hasta dejó caer algunas lágrimas. 

Pero de reconciliación no hubo nada. El vínculo entre el Presidente y el Jefe de Gobierno porteño sigue roto. Se había quebrado en septiembre de 2020, cuando Fernández le recortó 65.000 millones de pesos de los fondos para seguridad que recibía la Ciudad para beneficiar a la provincia de Buenos Aires, gobernada por el kirchnerista Axel Kicillof y asolada por una gestión ineficaz, los robos y las muertes violentas, con el aditamento cada vez más lacerante del narcotráfico.

Por aquella decisión, la Ciudad fue a la Justicia y la batalla por la coparticipación está en la Corte Suprema, un territorio cada vez más desfavorable para el Gobierno. Desde entonces, y nada ha cambiado en este año y medio, Alberto Fernández ha seguido con Rodríguez Larreta la misma política de desgaste que Cristina Kirchner había intentado con Mauricio Macri. La de atacar el financiamiento de la Ciudad para complicar a los porteños y hacerle pagar el costo político al Jefe de Gobierno.

Aquella estrategia, es interesante recordarlo, no le funcionó a Cristina, quien llegó a retacearle la firma del Gobierno para los créditos de los organismos financieros internacionales y a frenarle en la Aduana las excavadoras para construir las obras que debían contener las inundaciones en el arroyo Maldonado. No le alcanzó. En noviembre de 2015, Macri se convirtió en presidente.

Pero Alberto insiste en no atender las lecciones del pasado reciente. Esta semana cargó nuevamente contra Rodríguez Larreta al anunciar que le van a recortar a la Ciudad los fondos de subsidio que reciben las empresas de colectivos urbanos. Unos 9.000 millones de pesos, que obligarán al Jefe de Gobierno a tomar una medida antipática: aumentar la tarifa del transporte para sostener un servicio que afecta a miles de ciudadanos, incluso a los muchos bonaerenses que viajan por la Capital.

“Que paguen más los porteños”

Fernández apeló a una maniobra que tampoco es nueva. Incluirá en el recorte a la Ciudad una suba del subsidio a las provincias, que llevará de $28.000 millones a $46.000 millones, con el propósito de ganarse el apoyo de los gobernadores del interior del país, que suelen protestar por los subsidios al transporte que recibe el conurbano bonaerense. “Que paguen más los porteños y menos los changuitos jujeños”, lo chicaneó el radical Gerardo Morales a Rodríguez Larreta el jueves, durante el encuentro que la conducción de Juntos por el Cambio mantuvo en Olivos.

El equilibrio de los subsidios al transporte entre porteños y habitantes del interior podría ser hasta una bandera razonable si no escondiera una trampa clásica del Gobierno. Nada dicen del subsidio por $231.000 millones que reciben las empresas de colectivos bonaerenses, cifra que probablemente reciba un aumento por inflación. Los fondos para la provincia de Buenos Aires no se tocan. Nunca. Esa es la orden de Cristina, que Máximo Kirchner se encarga de recordarle al albertismo cada vez que hace falta.

Es una suerte de federalismo que aplica a los porteños, pero no para los bonaerenses. Y sobre todo para los distritos de la Provincia donde gobierna el kirchnerismo. Porque esta semana, el Gobierno dejó trascender el proyecto para segmentar al tarifazo en los servicios de electricidad y gas, y difundió el relato de que se los hará pagar solo a los barrios de mejor situación socioeconómica en la Ciudad y en algunas intendencias del Gran Buenos Aires. “Van a pagar los ricos”, es la frase de campaña.

La pregunta que se hacen muchos, en Juntos por el Cambio y también en el oficialismo, es: ¿esto lo perjudica o lo favorece a Rodríguez Larreta? El Jefe de Gobierno porteño salió con los tapones de punta. “Esto es un ataque a la autonomía de los porteños”, respondió a una pregunta, en una conferencia de prensa en la que anunció que en los colegios de la Ciudad ya no armarán burbujas y habrá menos barbijos para los alumnos. Una manera de ponerse al frente de la paulatina salida del COVID-19.

Desde el comienzo del año, Rodríguez Larreta ha ido trocando una actitud moderada cada vez que lo atacaban desde el Gobierno por una en la que no ahorra respuestas contundentes ante los embates. Como lo hizo con los subsidios de los colectivos, también lo había hecho con la postura que debe tener la oposición por el acuerdo con el FMI y con la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura de diputados del Frente de Todos.

“Situaciones como estas generan más confusión, idas y vueltas, por lo que fue muy inoportuna y no ayuda”, opinó fuerte Rodríguez Larreta, cuando le preguntaron por la estruendosa salida del hijo de Cristina. “Mirá vos el Pelado…, al final Alberto de tanto encerrarlo lo está convirtiendo en un halcón”, fue la reflexión de un dirigente kirchnerista. Uno de los muchos que creen que la victimización permanente del Jefe de Gobierno lo puede terminar favoreciendo en las encuestas cuando está lanzada la carrera presidencial.

La mirada de Rodríguez Larreta sobre el preacuerdo con el FMI

Aunque es partidario de no bombardear el entendimiento con el FMI, durante el “retiro espiritual” del último jueves, Rodríguez Larreta se situó en una posición intermedia entre los gobernadores radicales, Lilita Carrió y Miguel Ángel Pichetto (partidarios de darle los números al oficialismo en el Congreso sin demasiada discusión), y el ala más dura que encabezan Macri y Patricia Bullrich. El beneficio mayor, según los muchos encuestadores que lo miden, es que “por el lugar en el que lo ponen, Horacio ni siquiera tiene que sobreactuar dureza”.

Más complicado será para Rodríguez Larreta el escenario del próximo jueves, cuando comparta la reunión en la Secretaría de Transporte junto al resto de los gobernadores. Aunque todos saben que el Gobierno le quitará subsidios a la Ciudad y se los aumentará a la provincia de Buenos Aires, la mayoría disfrutará el momento porque hace años reclaman mayor equilibrio entre lo que sucede en el interior, donde se pagan boletos más caros que en el AMBA.

Será una pequeña venganza para Alberto Fernández, que compartirá con Sergio Massa, el jefe político del área de Transporte y de AySA, la compañía estatal del agua que también se prepara para imitar el esquema de tarifas segmentadas según la conveniencia política. El Presidente y el titular de la Cámara de Diputados fueron en el pasado los mejores aliados del Jefe de Gobierno, pero hasta las mejores amistades se resquebrajan cuando empiezan a sonar los tambores de la campaña electoral.

El error de principiante de Alberto Fernández

Claro que Alberto Fernández tiene complicaciones mucho más preocupantes que el juego de traiciones con Rodríguez Larreta. Sus elogios desmesurados para Xi Jinping y, sobre todo, para Vladimir Putin se transformaron en una mochila ahora que el mundo siente crecer el temor ante la posibilidad de una invasión rusa a Ucrania. Un riesgo innecesario en medio de la negociación con el FMI. Un error de principiante que encima nadie le pidió.

La señal llegó a través del Departamento de Estado que, como lo suele hacer en estos casos, respondió a una consulta de La Nación, explicando en off the record el desagrado del gobierno de los Estados Unidos. La portavoz del Presidente, Gabriela Cerruti, apeló a sus años de experimentada periodista para intentar desacreditar la información. No tuvo éxito.

Nunca es aconsejable para los periodistas el abuso de las fuentes off the record. Pero, en determinadas ocasiones, resulta indispensable para que ciertas verdades demasiado ocultas salgan a la luz. Sin una oportuna fuente off the record, jamás se hubiera sabido nada del caso Watergate y Richard Nixon hubiera gozado eternamente de impunidad. Aquella “Garganta Profunda”, que colaboró con los periodistas de The Washington Post, mantuvo a resguardo su identidad durante 33 años.

Una discreción valiente que permitió desarmar esa oscura trama de espionaje y dejar a salvo unos cuantos resortes estratégicos de la democracia estadounidense.

Fernando González

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…