Domingo, 20 Marzo 2022 11:41

Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Gerardo Morales y Facundo Manes iniciaron la carrera al 2023 - Por Fernando González

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El lanzamiento anticipado de los presidenciables de Juntos por el Cambio es una imagen del vacío político de Alberto Fernández. 

Hay tres imágenes que muestran el vacío político por el que transita Alberto Fernández. La primera es la más significativa: no consiguió que el kirchnerismo le votara el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Ni en la Cámara de Diputados, ni en el Senado, donde Cristina Kirchner no estuvo siquiera a la hora de la votación. Por eso, hay una pregunta que está haciendo el FMI desde el viernes a varios de los protagonistas del poder en la Argentina. ¿Va a poder Alberto aplicar el plan al que se comprometió con nosotros? Nadie les respondió con un sí. 

La segunda imagen es la del pretencioso anuncio de la guerra contra la inflación. Nadie le creyó el dramatismo al Presidente. Después de la votación en el Senado, la mayoría de los dirigentes de la oposición arrancó con sus planes para el 2023 sin esperar al discurso grabado de la noche del viernes. Algunos pocos se hicieron eco por las redes sociales. “Bombas de sarasa”, escribió en su cuenta de Twitter el exministro de Economía, Alfonso Prat Gay. La misma sensación corrió de derecha a izquierda. “¿Terminó el discurso de De la Rúa?”, provocó el diputado Nicolás del Caño.

Ninguno de los que hicieron críticas por adelantado se vio defraudado. El discurso del Presidente fue un fiasco sin anuncios. Apenas la idea de un fondo de estabilización para compensar la suba imparable de los precios de los alimentos. Pero nada más. En la madrugada del sábado, en el horario preferido de los bombardeos rusos, el Gobierno habilitó la suba de las retenciones para las exportaciones de harina y de aceite de soja. Un ingreso de poco más de 400 millones de dólares que pondrán en pie de combate a los productores agropecuarios. ¿Valía la pena?

La tercera imagen del vacío político de Alberto es el lanzamiento inmediato de Juntos por el Cambio, en busca de un destino electoral para el año próximo. Le dieron el respaldo al endeudamiento con el FMI, pero sin quedar atados al programa económico que ya hace agua. Ninguno de los presidenciables esperó demasiado para poner en marcha sus planes de campaña.

El sábado por la tarde se reunieron en Córdoba varios de los dirigentes que plantean una mirada más liberal para la coalición opositora, y que se van alineando detrás de la posible candidatura presidencial de Patricia Bullrich, aunque algunos sueñen todavía con la resurrección del proyecto fallido de Mauricio Macri. Son pocos todavía, pero muy intensos todos y activos en las redes

Estuvieron el presidente por un día, Federico Pinedo; los diputados Waldo Wolff y Fernando Iglesias (el que se ausentó en la votación del acuerdo con el FMI); los economistas Luciano Laspina y Diana Mondino; y la diputada Laura Rodríguez Machado como organizadora. Hablaron al cierre el diputado Ricardo López Murphy, el único cambiemita que votó en contra del acuerdo con el Fondo Monetario, y Patricia Bullrich. Hubo palos contra el Gobierno y durísimas definiciones económicas en un intento por bloquear la amenaza por derecha del revulsivo Javier Milei.

Lejos de los micrófonos, la pregunta más frecuente en el encuentro de Córdoba fue: “Che, ¿qué va a hacer Mauricio?” El expresidente tiene una respuesta para todos ellos. “Yo digo que no voy a jugar en 2023, pero nadie me cree…”. Y, efectivamente, nadie le cree. Sobre todo, porque Macri ha acelerado su actividad política en los últimos tiempos y recibe diariamente a dirigentes, empresarios y a visitantes extranjeros en su casa de Acassuso.

Claro que Macri, Bullrich y compañía no son los únicos que aprovechan la agonía de la gestión de Fernández para explorar el futuro electoral. Horacio Rodríguez Larreta estará este martes en Madrid para reunirse con empresarios españoles y con dos dirigentes importantes del Partido Popular en ese país: el alcalde de la ciudad, José Martínez Almeida, y un día después se encontrará con la estrella política en ascenso de España, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Rodríguez Larreta y Díaz Ayuso habían compartido un gin tonic en Nueva York, a mediados del año pasado. Claro que desde aquel encuentro informal ocurrieron dos hechos importantes. El Jefe de Gobierno porteño recibió luego en Buenos Aires a quien era el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, y seguro candidato a suceder al socialista Pedro Sánchez en el gobierno español. Pero, en los días previos a la guerra en Ucrania, Casado debió renunciar a su cargo luego de haber motorizado una denuncia por corrupción contra el hermano de Díaz Ayuso y haber disparado una crisis partidaria que su adversaria aprovechó para tumbarlo y exiliarlo de la política. Ahora es la líder indiscutida de Madrid la que concentra todas las miradas para competir con el Socialismo.

El de Díaz Ayuso es un fenómeno que la política argentina observa con atención. Tiene un discurso enérgico, pero también gobierna y salió con éxito de la pandemia liderando la apertura de la actividad económica en Madrid. Combate con inusual dureza a las feministas de la izquierda española y adelantó las elecciones comunitarias obteniendo su reelección con mayoría absoluta.

Por esa victoria impactante, renunció a la política el líder de los chavistas de Podemos y principal aliado del gobierno del PSOE, Pablo Iglesias. Pero Díaz Ayuso logró aún algo más importante: bloqueó el crecimiento de Vox, el partido de extrema derecha que complica la llegada al poder del Partido Popular. Un desafío parecido al que podría enfrentar Juntos por el Cambio si crecen más en las encuestas los libertarios de Milei y José Luis Espert.

Los radicales también se preparan para competir por el capítulo presidencial en 2023. El martes, Gerardo Morales aprovechará un foro de intendentes radicales en el Comité Nacional para activar los resortes partidarios y avanzar con el proyecto de su candidatura. Lo cerrarán los tres gobernadores de la UCR: el correntino Gustavo Valdés, el mendocino Rodolfo Suárez y el jujeño Morales, quien respiró aliviado cuando la coalición opositora unificó una postura de apoyo al acuerdo con el FMI. Junto a Elisa Carrió, fue de los primeros en plantear que no podían empujar a la Argentina a un nuevo escenario de default.

En cambio, Facundo Manes elige otro camino para fortalecer su proyecto político. El neurocientífico, que obtuvo un millón doscientos mil votos bonaerenses en las PASO de septiembre pasado, aprovecha el éxito de sus libros para hablar del país que quiere. Acaba de presentar “Ser humano” en Mar del Plata, Pinamar, Córdoba y Mendoza, siempre a teatros llenos. “Él cree que la Argentina va a pedir un presidente que emocione y siente que llega su momento”, explica una de las personas que lo acompaña. Donde cualquiera ve un desierto, un político ve la posibilidad de encontrar un oasis. A veces, algunos lo encuentran.

Lo cierto es que, mientras el Gobierno intenta que la inflación no acelere la crisis y termine en un final caótico parecido al de Raúl Alfonsín o al de la Alianza en el 2001, Juntos por el Cambio logró conservar la unidad y evitar que el abandono de Cristina a Alberto no empujara al país al default. ¿Alcanza solo con esa cuota de responsabilidad para que la sociedad le vuelva a confiar el destino zigzagueante de la Argentina? Sus principales dirigentes creen que es una buena señal, pero que están lejos todavía de conformar una propuesta de gobierno que entusiasme.

A la vuelta de la esquina, asustan las fotografías regionales. La crisis en Brasil pulverizó a los partidos mayoritarios y ubicó en el poder al impredecible populista de derecha Jair Bolsonaro. Algo parecido sucedió en Perú con la aparición del socialista Pedro Castillo, formado en el marxismo y ultraconservador en lo social. Llegó a la presidencia con el 18% de los votos y en estas horas está tan complicada su situación que el Congreso peruano evalúa la posibilidad cierta de su destitución. Otro outsider como el izquierdista Gabriel Boric acaba de asumir la presidencia en Chile y se dispone a gobernar un país partido ideológicamente.

La Argentina se asomó al abismo institucional en el comienzo del siglo y probó el menú indigesto del que se vayan todos. El país camina ahora, como si no se diera cuenta, por un sendero de cornisa en el que los extremos políticos de los emprendedores libertarios y la izquierda trotskista acaban de obtener resultados electorales que preocupan mucho a los partidos mayoritarios.

En un mundo que todavía no sale del horror de la pandemia y se sumerge en el horror de una guerra, la Argentina se desliza por una nueva pendiente con un Presidente y una Vicepresidenta que no se hablan. Con un canciller que insulta en inglés a los periodistas y con recetas económicas que envejecieron sin conocer el éxito. Si el cisne negro aparece en los tiempos que vienen, nadie podrá decir que faltaron señales de aviso.

Fernando González

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