Domingo, 19 Junio 2022 02:55

El oficialismo ya no puede disimular más lo que le falta al presidente - Por Rubén Rabanal

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Día negro para el Gobierno. El dólar le dio un breve respiro, pero no aparecen decisiones reales en la Casa de Gobierno. Dudoso paquete de medidas y desilusión popular. Hasta los piqueteros ganan en organización. 

La cualidad esencial y primera que se le exige a todo presidente en los Estados Unidos en la "determinación". Es un requisito esencial que se evalúa, inclusive, por encima de los éxitos o errores que cometa un mandatario. La determinación, que en este sentido es sinónimo de coraje o decisión, constituye, entonces, el requisito esencial para sentarse a comandar el Estado. En Argentina las expectativas de la población sobre la política son tan pocas, que la exigencia sobre la figura del presidente se limita hoy a pedir que haga algo en sentido correcto, no importa qué. No hay espacio para pedir gallardía en el ejercicio del cargo. En términos claros, la vara esta baja, pero no la bronca general por la situación. El poder, de todas formas, parece que hace todo lo posible por aumentar la irritación. 

Ayer fue un clave para el Gobierno. Una vorágine de hechos, decisiones y conflictos se abatió sobre la Casa Rosada y en ningún caso pareció que el Gobierno pudo estar a la altura de lo que sucedía. Nadie en este país sabe exactamente cómo terminará la investigación del avión iraní que por obra del desbarajuste de controles argentinos terminó quedando varado en Ezeiza el 8 de este mes, después de haber dado idas y vueltas sin que nadie lo advirtiera. Las irracionales e irresponsables interpretaciones sobre estos hechos, tanto por parte de funcionarios del Gobierno como del propio periodismo, quedarán para el registro histórico, pero mucho más el papelón diplomático que Alberto Fernández enfrentó ayer.

El Gobierno de Israel había mantenido hasta ahora un cauto silencio. Este diario chequeó con la Embajada de ese país desde el primer día en que comenzó el escándalo del avión y la respuesta siempre fue la cautela hasta avanzar con la investigación. Ayer la Embajada emitió un comunicado, conciso, duro y extremadamente claro en el que se define sin anestesia: "Esta aeronave, que hasta hace poco tiempo era utilizada por la empresa iraní Mahan Air, aterrizó en Argentina llevando a bordo a un grupo de funcionarios iraníes, entre los que se encontraba un alto ejecutivo de la empresa aérea persa Qeshm Fars Air".

Traducido al lenguaje común eso significa que Israel ya identificó a los pasajeros del avión, que abordo viajaban efectivos del Gobierno de Irán y que la aeronave sigue siendo iraní, aunque escondida bajo un manto venezolano. Simple y claramente le informaron al Gobierno que la información que aun parece en duda en la investigación argentina ellos ya la tienen confirmada, como era obvio.

El Gobierno, lejos tomar con determinación el mensaje, apela a un papelón con la intención de huir de la cuestión y se aferra al último párrafo de la carta donde los israelíes agradecen "el accionar rápido, efectivo y firme de las fuerzas de seguridad argentinas". Por si quedan dudas, no hay un elogio al Gobierno de Alberto Fernández sino un guiño a las fuerzas de inteligencia argentina que, por otra parte, tienen más relación con la inteligencia israelí de lo que muchos creen. De toda esa catarata de información que elegantemente aportaron los israelíes, la Casa Rosada solo optó por levantar una felicitación diplomática que ni siquiera era para ellos.

La economía tampoco aportó mucho ayer para que el presidente pudiera sacar pecho. En medio del terremoto de los bonos en pesos que no encuentran piso, la amenaza desmentida pero latente de reforzar el cepo e impedir más importaciones y pagos de empresas al exterior y las complicaciones del dólar, el Gobierno inventó un paquete de medidas económicas para intentar calmar ánimos. Adentro de esa bolsa hay de todo: actualización del Presupuesto no votado para cumplir con el FMI, segmentar los subsidios de las tarifas de los servicios públicos, ampliación del corte del biodiesel para el gasoil y una suba en el precio. Y para sumar confusión, todo eso se anunció junto con el contrato final para la compra de los caños del hasta ayer judicializado gasoducto Néstor Kirchner.

De nuevo en este punto el relativismo es la regla. Martín Guzmán anunció la tan demorada segmentación de tarifas con una división entres escalas: usuarios ricos, medios y de bajos recursos. Hasta ahí, aunque tarde porque el incremento del costo de generación de energía ya se llevó puesta a las subas de tarifas que habían sido acordada, el mensaje parecía lógico. El problema fue que un peinado fino del Decreto 332/2022 deja en claro que, por ahora, no va a haber segmentación y que el proceso anunciado es bastante similar al que intentó sin éxito alguno Cristina Fernández de Kirchner durante su mandato.

El decreto conocido ayer deja todo, por ahora, a medio camino, o peor, quizás genere un conflicto de proporciones. El decreto establece que para encuadrarse en cualquiera de las 3 categorías de tarifas que nacen desde esta segmentación, se creará un registro en el que cada usuario deberá registrarse explicando las condiciones por las que solicita el subsidio. Es decir, será automático para tenedores de planes sociales, pero al resto se le quitará el subsidio y deberá pedirlo. Es decir, no hay un padrón, y no lo hubo nunca, para establecer las diferencias en ingresos y consumo para fijar parámetros del usuario a subsidiar. Pronóstico reservado entonces, deficiencia técnica o falta de decisión real para avanzar también en este tema, ante un tema en el que Alberto Fernández también tiene de enemiga a Cristina Fernández de Kirchner.

Quizás el Gobierno no se dio cuenta, pero ayer también cambió el viento en materia de protestas sociales. La Avenida 9 de Julio fue testigo de una nueva tecnología para manifestar, de la mano del Polo Obrero y las organizaciones de izquierda que hasta ahora parecían no tener relación con los piqueteros oficialistas. Durante casi todo el día 24 cuadras de la avenida, desde Arenales hasta San Juan, fueron ocupadas prolijamente por columnas de esas organizaciones con una puesta y organización nunca vistas.

No se trató de una marcha que se acumuló en los alrededores del Ministerio de Desarrollo Social, sino de una toma prolija de un centenar de beneficiarios de planes y militantes que ocupaban cada cuadra de la 9 de Julio para garantizar el corte completo. En el medio un ejército de coordinadores organizaban la situación. Banderas, además, iguales y consecutivas; casi una formación militar. Nada de esto puede lograrse, está claro, sin un apoyo que no es solo el del cuestionado aporte de cada beneficiario para la organización. Los fondos para semejante despliegue vienen de otra caja y quizás haya que empezar a escuchar más a quienes relatan como se fueron aceitando las relaciones entre los piqueteros oficialistas y opositores.

Horacio Rodríguez Larreta salió airoso de ese caos en el centro. Marcelo D'Alessandro negoció con Eduardo Belliboni y el resto de los dirigentes la autorización a la protesta a cambio que no se realizara el acampe sobre la avenida. Le cumplieron: a las 18:30, casi como un movimiento robot, todos los piqueteros se levantaron y marcharon desalojando la 9 de Julio. El tema es que el Gobierno nacional ya no tiene respuestas; los planes y los bonos se escurren como agua en las manos en medio de una inflación que no será menor a 70%, siendo optimistas. Se acabó la torta a repartir y ni Alberto ni Cristina tienen solución para eso. La semana que viene volverán a la protesta, quizás por cuatro días seguidos. Otro test más para saber si el presidente se decide a tomar una determinación.

Rubén Rabanal

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