Domingo, 19 Junio 2022 08:50

Maniobras especulativas, bomberos pirómanos y un temor de Cristina Kirchner que se agiganta - Por Santiago Fioriti

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Con quién habla la vicepresidenta y qué escenario está viendo. Palos a Alberto Fernández, Guzmán y Pesce. La Casa Rosada y el entorno presidencial, alterados por Sofía Pacchi. 

Algo mantiene el hechizo. Cuando la que llama es Cristina, los economistas -sean de la escuela que sean- dejan todo y asisten a verla. O hacen un impasse en sus agendas y se sumergen en largas conversaciones telefónicas. Si es necesario interrumpen una reunión y se apartan para hablar con ella. Varios la tienen agendada en su celular con un apodo que lo resume todo: “La jefa”. 

“La jefa” está inquieta. En su despacho del Senado tiene un mapa de seguimiento de la economía. Actualiza datos en tiempo real y reelabora conceptos que van más allá de los que defienden sus economistas de confianza. Esa burbuja se rompió hace tiempo. La profundidad de la crisis la obligó a derribar la cuarta pared. En los últimos días consultó a, al menos, media docena de economistas. Desde Martín Redrado, con el que habló por teléfono el lunes, hasta Emmanuel Álvarez Agis, con quien se reunió en persona. En el medio, conversó casi a diario con Axel Kicillof y mantuvo contactos con Hernán Letcher y con Felisa Miceli. También hubo emisarios del Instituto Patria que contactaron a otros ex ministros y ex presidentes del Banco Central, como Juan Carlos Fábrega.

—¿Qué es lo que más le preocupa a Cristina? —preguntó Clarín a uno de esos economistas.

—Todo, pero está obsesionada con el nivel de reservas netas. Pregunta por la liquidación de las exportaciones, por las “falsas” importaciones, por la emisión monetaria, por la evolución de la brecha cambiaria, por el estado del acuerdo con el Fondo y sobre cuánta plata se va en servicios, en importaciones y en cancelación de deuda privada. Es muy fina con los números. No le podés contestar con estimativos. Quiere precisiones.

La vicepresidenta consulta algo más. Teme algo más, en rigor: que los desequilibrios y la tormenta perfecta que según ella están construyendo el binomio Martín Guzmán-Miguel Ángel Pesce lleve a la Argentina a una devaluación repentina que termine de arrasar con un proceso inflacionario de por sí altísimo. “Por eso su primera obsesión es que se acabe el deporte nacional de quitarle dólares al Central”, dice uno de sus colaboradores. Otra asesora, economista bien identificada con la ex presidenta, agrega: “Es sensato que Cristina piense en una devaluación por parte del mercado. Es una evaluación razonable de cualquiera que lea bien la economía. La dinámica de las reservas es escandalosa”.

El último movimiento en los mercados agudizó los pensamientos negativos de Cristina, que por momentos intenta pararse como si no fuera parte central del proyecto. Los bonos en pesos que ajustan por inflación se hundieron 15% ante el temor de que el Gobierno no pueda seguir refinanciando y los inversores se fueron al dólar, que saltó a $ 240 en el contado con liqui, el que usan las empresas. El Central intervino con $ 150.000 millones para comprar bonos y que dejaran de caer y subió la tasa de interés del mercado de 49 a 52%. Pero aun así no pudo acumular reservas.

En tres días tuvo que vender US$ 400 millones para cubrir las mayores importaciones de energía. Con la soja a 650 dólares la tonelada, con liquidaciones récords del campo y frente a los ojos del FMI que condiciona los próximos desembolsos, entre otros ítems, a que el Central mejore la recomposición de dólares.

Los cristinistas creen que Alberto Fernández subestima la situación y que en Balcarce 50 se trenzan en un debate estéril sobre si hay que reforzar o no el cepo cambiario. Gabriela Cerruti lo descartó, en nombre de Guzmán. Daniel Scioli adoptó rápido una vieja medicina kirchnerista: dijo sin inmutarse que en la Argentina “no hay cepo ni súper cepo”, y advirtió sobre el peligro de los “bomberos pirómanos” que especulan en el mercado.

Pesce también rompió el silencio para defender su gestión y asumió que se producen “maniobras” de desestabilización. Para el jefe del Central hay problemas, pero la situación no es tan dramática: a un ministro importante le aseguró que las exportaciones podrían trepar este año a casi 100 mil millones de dólares. Constituirían todo una hazaña, pero, ¿alcanzarán?

Cristina sigue pensando que a Pesce le pasan los elefantes por al lado. El entorno del economista, molesto por los trascendidos, quiso saber si sus críticas eran realmente tan severas como dicen los medios. La respuesta fue que mejor se concentrara en ponerse de acuerdo con Guzmán para enfriar la inflación. Pesce y Guzmán tienen diferencias, cada vez más evidentes y cada vez más perjudiciales para el equipo económico.

El cristinismo pide medidas contundentes para evitar que la suba de precios siga devorando las paritarias y perforando los ingresos del sector informal. Las medidas no son, lo que se dice, innovadoras. Responden, más bien, al sistema clásico de decisiones de la era K: administrar mejor el comercio exterior, que paraliza el abastecimiento interno de trigo y carne; subir fuerte las retenciones, a tono con lo que pedía Roberto Feletti antes de decir adiós; crear un fideicomiso para subsidiar el comercio interno con aporte de las exportaciones; y una política férrea de control de precios.

Sobre este último punto existe un dejo de nostalgia: reclaman más publicidad de Precios Cuidados y la presencia de militantes en los supermercados para controlar que no falten productos; al mismo tiempo, piden que se recree el Observatorio Nacional de Precios para monitorear las cadenas de producción, la distribución y la comercialización.

En algunas áreas del staff de Guzmán sostienen que Cristina se quedó en una Argentina y en un mundo que ya no existen. “No es como cuando gobernaba ella y no solo por la guerra”, confían, que es un poco lo que sostiene el propio Alberto Fernández. Una forma de decir, también, que la actual administración heredó una doble trampa ante un mundo más complejo: los desequilibrios del período K, tan citados por Alberto cuando estaba en el llano, y la inflación del 53,8% que dejó Mauricio Macri en 2019.

El Gobierno lidia a diario con la economía, pero suma problemas inesperados de otras índoles. La investigación por el vuelo de iraníes y venezolanos es una. Generó nuevas tensiones internas entre el nuevo jefe de la AFI, Agustín Rossi; el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández; y entre los funcionarios que responden al ministro del Interior, Eduardo De Pedro. También se acopló Sergio Massa. Cada uno dio su visión de los hechos. No fueron coincidentes.

“Quisieron mostrar un movimiento oscuro que no es”, dijo ayer el Presidente, en su primera reflexión sobre la aeronave que está varada en Ezeiza. La Justicia determinará hasta qué punto Fernández tiene razón y si el vuelo contempló, o no, integrantes de la agrupación terrorista Al Quds. Pero su estrategia de desentenderse rememoró una postura similar a la que adoptó antes de que estallara el Olivos Gate. Usó casi las mismas palabras. Aquella vez negó que hubiera fiestas en Olivos y definió el caso como “una historieta” porque todas las reuniones en Olivos, dijo, eran por trabajo.

Alberto y Fabiola Yáñez acaban de homologar un acuerdo para quedar sobreseídos. El Gobierno busca dar vuelta la página, pero no sería tan inminente como habían pensado cuando la pareja presidencial ofreció pagar 3 millones de pesos para liberarse de la cuestión. En los próximos días, una de las imputadas por la fiesta, Sofía Pacchi, será indagada por el juez Lino Mirabelli.

Cerca del primer mandatario hubo movimientos para que Pacchi volviera a ser representada por Juan Pablo Fioribello, el abogado de Yáñez. Pacchi hoy es representada por Fernando Burlando. En el Ejecutivo buscarían que la ex modelo acceda a pagar una multa económica a cambio de que se cierre la causa. La mujer estuvo en la Casa Rosada el jueves. ¿Se vio con Fernández?

Voceros de Alberto montaron un discreto operativo para desmentir la visita, procurando que no se notara demasiado. Es lógica la discreción. Podría ser la propia Pacchi la que en algún momento ventile que efectivamente mantuvo contactos en la cima del Gobierno. Habría pruebas de su ingreso. Se sabe, por ejemplo, que la mujer llegó hasta la explanada en auto. Hay fotos hasta de la patente. La premura por alejar a Pacchi es notoria.

Pacchi concurría a Olivos en pleno confinamiento. Fue una de las invitadas al cumpleaños de Fabiola y tiene otros 59 ingresos entre 2020 y 2021. Dicen que, en verdad, fueron muchos más. Al poco tiempo de que estalló el escándalo, a Sofía le interrumpieron el contrato que tenía con el Estado. Se fue a descansar a Ibiza.

Cuando volvió, no era la misma. Estaba enojada y peleada con Fabiola. Ella, y ahora no solo ella, conocen algunos secretos de la intimidad del poder. Qué pasaba y de qué se hablaba en los pasillos de Olivos en pleno encierro por la pandemia. Quién entraba y quién salía. Era el oído de la primera dama. Sofía sabe mucho. Demasiado, quizá.

Santiago Fioriti

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