Macri le dice a quien quiera escucharlo que no quiere ser candidato a Presidente, pero advierte que Larreta está loco si cree posible bajar a Patricia Bullrich para consagrarlo sin primarias.
Eso es lo que dice. Lo que hace es otra cosa. Desde que Larreta lo llevó como chico para el colegio en el cierre de las listas del 2021 y después lo humilló públicamente al bajarlo del escenario de los festejos, Macri se dedicó con disciplina a vaciarlo de poder, hasta lograr con cierto éxito que pierda su condición de candidato "natural" de la oposición.
Se trató de un largo ejercicio de demolición que tuvo dos efectos: devolvió a Macri la centralidad en la coalición opositora y potenció la candidatura de Patricia Bullrich. ¿La ex ministra es entonces la candidata de Macri? No está tan claro. El ex presidente sabe que ella repite en distintas reuniones: "Macri no me va a poner ningún ministro". Como también se pregunta, igual que buena parte del círculo rojo, que tiene pensado Patricia para un gobierno a su cargo, más allá de designar a Milman en la Jefatura de Gabinete.
A Macri le gustaría mezclar la previsibilidad en la gestión de Larreta con el liderazgo político de Bullrich. Pero ese Frankestein no existe, al menos en el PRO, al menos por ahora. ¿O acaso Macri deja correr ese interrogante para que la respuesta sea: tenés que ser vos?
"Vos acumulás para definir y condicionar o para ser. Sos un ex presidente y yo no te puedo marcar los tiempos, de acá a marzo voy a concentrarme en seguir recorriendo la provincia y ese mes te vengo a ver y vemos lo que mido y hablamos", le dijo Diego Santilli, muy consciente que Macri se corrió del lugar de árbitro para militar por la candidatura de Ritondo. "Estás vivo", le contestó divertido el ex presidente.
Pero no todos en el PRO tienen esa paciencia. Esta semana lo fueron a ver Joaquín de la Torre y Miguel Pichetto para exigirle que antes de fin de año defina si va a ser candidato, porque "tu indefinición nos complica el armado". Macri cree que están locos, pero les prometió alguna cosa para fines de enero, febrero, que es como decir marzo o abril.
Nación y provincia está abierto, pero en la cabeza de Macri no hay ninguna posibilidad que el PRO resigne la Ciudad de Buenos Aires. Hoy su candidato es Jorge Macri, puede terminar siendo Vidal u otro, pero siempre del PRO. Esa es la única línea roja que traza con absoluta claridad: La Ciudad no se entrega.
Esto es más o menos el PRO. Los radicales y Carrió están afuera de estas discusiones. Nada, como si no existieran. Por momentos, pareciera que aceptan con docilidad esperar la definición de la interna grande del PRO -Nación, Provincia, Ciudad-, para una vez definidos los candidatos, ir a pelear por los vices.
Ahora, en la vida real las negras también juegan. Así que miremos el campamento de los vikingos. Hoy hablar de las chances del peronismo es hablar de Sergio Massa, para bien o para mal. Según como le vaya en el manejo de la economía, que es como decir que tanto logre controlar o no la inflación, suben o bajan las posibilidades de un candidato peronista, en un movimiento que tiene impacto en la interna del PRO.
En el peronismo las cosas están bastante claras. Si Cristina decide ser candidata, difícil que alguien desafíe con éxito esa posibilidad. Y si decide bajarse, en su entorno sostienen que el elegido es Massa, si llega vivo. Es decir, si la inflación no se descontrola.
Y ahí volvemos al PRO, donde creen que las chances de un Macri candidato se agigantan con un caos económico estilo 2001 o híper alfonsinista. Porque permite, por comparación, rescatar su gestión del estigma del fracaso. Por eso, una vez más, los caminos del ex presidente y Massa vuelven a cruzarse.
Massa le permitió ganar en el 2015 cuando dividió el peronismo y en sentido inverso selló su derrota en el 2019, cuando se sumó a la reunificación peronista. "Si querés reelegir tenés que asegurar a Massa como sea", le dijo antes de las elecciones uno de los dirigentes más importantes del PRO. Macri contestó con insultos.
La llegada de Massa a Economía le puso un freno a la crisis descontrolada del final de Guzmán y Batakis. Una frágil y amenazada "estabilidad" que complica la candidatura de Macri. Al menos esa es la lectura del larretismo. "Si llegamos a la elección con una inflación del 8 por ciento, con Massa destartalado, pero en precario control, somos nosotros", se entusiasman cerca del jefe de Gobierno.
De la misma manera que reconocen que si Massa logra su autoproclamado objetivo de ubicar la inflación por debajo del 4 por ciento, el peronismo recupera una competitividad amenazante.
Pero acaso lo más interesante es ver como los cálculos políticos se someten al índice de precios, un síntoma clarísimo de la enfermedad de base de la Argentina.
Ignacio Fidanza