El subproducto que produce Milei es una suerte de propuestas vacías de contenido y de personas representativas, solo coloreadas en sus discursos díscolos, contrapolíticos (hasta cierto nivel), que tiene como único efecto propositivo cambiar todo sin decir cómo ni con quién y hacerles creer, especialmente a los más jóvenes, que algo distinto se puede hacer para cambiar el status quo, solo arengando desde los estrictamente emocional pero son ningún apoyo fáctico, lo cual tiene una doble lectura: es buena por lo desconocido y es mala por lo desconocido, también.
Objetivamente Javier Milei tiene un partido con un solo candidato: él mismo. Si Milei da un paso al costado, La Libertad Avanza, desaparece; no tiene nadie que sustente su propuesta, es un espacio unipersonal, cuyo triunfo en las PASO hizo que muchos despertaran de su incredulidad y se hayan sumado, como tantos oportunistas más han hecho con el kirchnerismo, Cambiemos y el propio Peronismo.
El economista devenido en político construyó un personaje a imagen y semejanza de la necesidad política de un país con hambre de cambio, pero con el coeficiente de inteligencia para analizar a los candidatos, anestesiado, adormecido, anulado por la incompetencia, la corrupción y la inutilidad de quienes gestionaron hasta ahora; y allí apareció esta masa de gente que prefiere el salto al vacío que propone Milei, que apostar a una nueva mentira del sector conservador de la política nacional.
Un discurso sin sustento
Milei es un partido unipersonal que tiene minoría en el Congreso, por lo tanto, en caso de ser presidente, necesitará aliarse indefectiblemente con los espacios mayoritarios (FPV o Cambiemos), con lo cual ya estará limitado de hacer lo que quiera, de usar la motosierra y ni siquiera podrá pasar “una bordeadora” por el cantero de la “casta política”, como él llama. Excepto que cierre el Congreso y gobierne por Decreto, pero entonces la pregunta que nos debemos hacer es ¿Cuánto durará en el gobierno?
Su vacío de poder más grande está en la carencia de fuerza política que tiene en las provincias. No posee gobernadores, intendentes y concejales, lo cual reduce considerablemente sus posibilidades de poder federal. Dicho esto, deberá recurrir a negociaciones lógicas con los senadores de cada estado provincial, usando la fuerza de éstos para sellar acuerdos. Esto, acá y en China, implica prescindir de “motosierras” e involucrarse visiblemente con “la casta” que dice combatir y tal vez por eso es que empezó a codearse con Luis Barrionuevo, su financista sindical. Esto lleva a un lógico razonamiento: estará rodeado del peronismo clásico y el kirchnerismo residual. ¿O con qué estructura y hombres piensa cubrir los miles y miles de cargos que deberá asumir en la administración pública nacional?.
La explosión Milei en las PASO, creó varios nichos de oportunidad para gente ignota que decidió “colgarse” a la corriente libertaria, pero eso no alcanza. Ser un desconocido total en política, no suma, retrasa. Es así que hoy en Santa Cruz, por ejemplo, se han armado grupos que pretenden militar como Libertarios, pero no tienen la aprobación pública porque no son Milei y todos saben, que tampoco lo representan. De hecho fue el propio Javier Milei quien dijo que él no apoyaba a gente supuestamente suya en el interior del país, una rara forma de construir poder electoral, pero que está acorde con el personalismo del candidato.
La pregunta es ¿Puede ganar Javier Milei la presidencia de la Argentina? Si, este es un país que ha tenido a De La Rúa, dos veces a Cristina Fernández, que le creyó a Alberto Fernández y acepta que Sergio Massa, el destructor de la economía nacional, sea candidato. Entonces ¿Por qué Javier Milei no podría ser presidente?
Todo es posible en el reino del revés en que han convertido a esta Argentina, gente poco noble, oportunistas, mentirosos y mafiosos; que hoy Milei esté peleando por llegar es lícito, de última que el libertario salga electo, que gane Bullrich o con su voto los argentinos repongan a Sergio Massa en un lugar donde en cualquier país medianamente coherente no podría figurar, no es culpa ni decisión de ellos, sino de todos nosotros y nada más que de cada argentino que concurra a las urnas en las elecciones del próximo domingo.
Rubén Lasagno


Javier Milei es la construcción típica de una sociedad desorientada, con bronca, un asco recalcitrante hacia “la casta” que el dueño de la motosierra dice va a combatir pero la cual tiene adentro y va montado en la épica del caos que promete arrasar con lo establecido y generar una argentina desde los cimientos.
