Hay quienes aseguran que el viernes a la noche, cuando en la Cancillería argentina recibieron la información de que efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) rodeaba la embajada argentina en Caracas, donde seis dirigentes del partido de María Corina Machado están refugiados, el Gobierno entró en crisis.
No estaban en condiciones los argentinos de protegerlos, ya que abandonaron Venezuela, ni tampoco los brasileños, que están a cargo de la sede diplomática. Javier Milei había vuelvo a insultar a su par Lula Da Silva, y el presidente de Brasil ya no quería seguir aceptándole sus caprichos.
Este último, la defensa del empresario Elon Musk frente Alexandre de Moraes, juez del Tribunal Superior de Justicia, cuyo fallo ante la negativa del magnate a aceptar regulaciones contra las fake news de la red social X, fue ratificado por todo el Tribunal.
En la madrugada del viernes, distintos funcionarios se comunicaron con Brasil para evitar bajar la tensión ya no con Nicolás Maduro, sino con Lula. Había temor de que la invasión a la embajada se concretara, y Argentina demostrara que no podía darle seguridad ni al equipo de Machado.
Todos los ojos caerían sobre Diana Mondino, que insólitamente, y cuando nadie se lo había pedido, le reclamó a la Corte Penal Internacional la detención de Maduro, un pedido que ya había realizado la gestión de Mauricio Macri y que retiró Alberto Fernández.
¿Pero este era el momento de volver sobre un asunto que solo tiene valor declarativo?
No parece. Y quienes conocen estos últimos sucesos sostienen que se trata de un intento de la ministra por recuperar liderazgo frente a la pelea que mantiene con los diplomáticos, a quienes no defendió frente al Gobierno que le impuso un Impuesto a las Ganancias que le impide a muchos funcionarios de la Cancillería pagar algo más que el alquiler. En la Rosada la critican por estar sometida "a la línea".
La echen o no a Mondino, el papelón lo terminará pagando Milei. En el grupo de seis venezolanos está Magalli Meda, quien fue la jefa de campaña para las presidenciales, que denunció en las redes sociales que están sin luz desde la mañana del viernes y con los accesos a la sede tomados por policías del régimen.
Cuando se convencieron de que iban a ser invadidos, pidieron auxilio a Buenos Aires y Brasilia, pero entre ambas ciudades el diálogo estaba pasando un momento de desconcierto. Más temprano, Manuel Adorni había tratado de poner paños fríos: "El Presidente no se dirigió a Lula", pero evidentemente ya era tarde, porque la situación fue empeorando a lo largo del día.
Algo parecido sucede con el Congreso. Compromisos que tomaron distintos referentes del Gobierno, desde Martín Menem hasta Guillermo Francos, pasando por José Rolandi, el vicejefe de gabinete, fueron incumplidos antes, durante y después de las sesiones. La palabra de cualquiera de ellos parece valer poco, a veces nada.
Santiago Caputo tampoco se muestra demasiado involucrado. Sigue enojado con los diputados porque le frustraron la posibilidad de obtener los fondos para la SIDE, y no muestra vocación por empujar las iniciativas del Gobierno.
"Para él, con la Ley Bases tenemos la herramienta central para impulsar nuestras políticas, cree que no necesitamos nada más, y tal vez tenga razón. Así que todos seguimos su ejemplo, no nos preocupamos demasiado en Diputados, que hagan lo que quieran", dijo a Memo un funcionario que le toca lidiar con las complejas personalidades de la gestión. Claro que nadie desconoce que "el problema es Lijo".
Aquí, nada indicaría que el Gobierno podrá cantar la victoria. Algo falló en la negociación con el kirchnerismo, o con Cristina Fernández de Kirchner, y todo quedó paralizado. Claro que los que llevaron adelante la tarea, Santiago Caputo y Sebastián Amerio, le dicen a quien quiera escucharlos que siguen en carrera y que no fracasarán.
Quienes toman esta designación como un asunto de vida o muerte en materia institucional, en cambio, están convencidos de que las cartas están echadas y que Lijo no será juez de la Corte Suprema de Justicia.
Algo de ese pueden oler en la Casa Rosada, porque buscan enfriar la conversación de la agenda pública y hasta repiten que "no tenemos plazos, sino objetivos", seguramente sin saber que la genialidad fue pronunciada por Juan Carlos Onganía, en su discurso a seis meses del golpe de estado de 1966, que terminó por la fuerza con el mandato democrático de Arturo Illia.
Seguramente, el joven Caputo no sabe que esa frase proviene de un golpista. ¿O sí?
Silvia Mercado


"No tenemos plazos, sino objetivos", se le escuchó decir a Santiago Caputo, según reveló un senador de la Nación, convencido de que el joven asesor no sabía que la frase la pronunció antes Juan Carlos Onganía durante el golpe de 1966. "Ya tenemos la Ley Bases, con eso nos alcanza hasta las elecciones" legislativas, transmite el Gobierno.
