Domingo, 22 Marzo 2020 21:00

En medio de una economía de guerra - Por Rodolfo Cavagnaro

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El avance de Coronavirus va planteando escenarios cambiantes a diario que impactan en la economía.

 

La situación generada por la expansión del coronavirus en todo el mundo hizo que algunos países, con retraso, tomaran medidas extremas que han llegado a una suerte de confinamiento obligatorio de toda la población en sus hogares para evitar la circulación del virus. Otros países, como la Argentina, prefirieron anticiparse y también han cerrado fronteras y han establecido medidas para proteger a la población de riesgo.

Estas medidas extremas, necesarias desde el punto de vista sanitario, traerán consecuencias económicas difíciles de cuantificar, pero serán de gran dimensión. El primer sector que sintió el golpe fue el de las líneas aéreas por los cierres de las fronteras que hacen que nadie puede salir ni entrar. Los médicos reconocen que la expansión del virus fue tan rápida, justamente, porque viajaba en avión.

El segundo sector afectado es el del turismo, que es una actividad que comprende gran cantidad de actividades, pero, además, es un importante empleador. Se puede imaginar la crisis que supone impactará sobre el empleo, además de afectar la recaudación impositiva, tanto para la Nación, provincias y municipios.

Lo cierto es que esto recién comienza y, si la conducta de los ciudadanos sigue siendo laxa a pesar de todas las recomendaciones, no hay que descartar que se disponga una cuarentena compulsiva controlada hasta por fuerzas armadas. El aislamiento social es, hasta ahora, la mejor herramienta para demorar la circulación del virus y permitir trabajar a los sistemas sanitarios.

Medidas para la emergencia

Las decisiones y los escenarios que se comenzarán a vivir son peores a una guerra, porque nadie sabe a quién le puede caer la infección ni sus consecuencias. Esta pandemia no tira edificios y ni genera daños materiales. Se cobra vidas humanas.

En este escenario de emergencia sanitaria los daños colaterales son económicos. De hecho, la caída de las bolsas en todo el mundo es estrepitosa. La bolsa de Nueva York registra caídas superiores a las de 1929, cuando comenzó la gran depresión. La Reserva Federal está generando una inyección monetaria que puede ser superior a la de 2008 por la crisis de las hipotecas, pero ahora nadie sabe cuándo ni cómo termina.

El pánico de los inversores se volcó en bonos del Tesoro norteamericano y cayeron todo el resto de los valores. Fuertes devaluaciones de monedas nacionales, brusca caída de los precios de las materias primas (el petróleo llegó a u$s 23 dólares el barril) y una marcada caída de la actividad económica provocada por la necesidad de asegurar el aislamiento social.

Los países están tomando medidas para evitar desempleos masivos y crisis alimentarias. En este escenario, Argentina, que todavía está en terapia intensiva tratando de negociar una deuda impagable y después de dos años de recesión, intenta tomar medidas dentro de lo posible, en un escenario con miles de necesidades urgentes y sin crédito.

En este contexto, el Gobierno anunció medidas para atender necesidades en el corto plazo. En el caso de los sectores más vulnerables, una cuota especial de la AUH, un bono para los jubilados que cobran la mínima, fondos para obras barriales.

Además, se dispusieron normas para tratar de cuidar el empleo en los sectores más impactados por la crisis (eliminación temporal de aportes patronales) así como reactivación de la construcción impulsando el Procrear y obras públicas con una línea de inversión de $ 100.000 millones. También se anunció una ampliación de los RePro, subsidios para ayudar a pagar los sueldos de empleados de empresas complicadas.

Además, habrá créditos para pequeñas de refacciones del hogar. Serán 200.000 créditos de hasta $ 30.000 cada uno. También se ampliarán líneas de créditos productivos para empresas por $ 350.000 millones, mediante una liberación de encajes que dispondrá el Banco Central.

Cosas que faltan

Todas estas medidas buscan moderar la caída de la actividad económica y tratar de preservar el empleo, aunque estarían faltando otras. La primera es una rebaja general de las alícuotas de impuestos, que siguen siendo la mayor traba para la recuperación del nivel de actividad. Si bien el gobierno sabe que hay capacidad ociosa y amenazó a las empresas que aumenten precios, eso solo no reactivará si no se ayuda con una rebaja impositiva.

Incluso, algunos sectores están sugiriendo una postergación de vencimientos para que las empresas puedan seguir, aunque a media máquina. Un pedido similar se ha hecho para las Pymes y trabajadores autónomos y monotributistas, que son el eslabón más débil del sistema porque prácticamente viven al día y una parálisis de 15 o 30 días los dejaría fuera de juego.

Otra decisión que debería tomar el gobierno es respecto del tipo de cambio. Se sabe que el valor del dólar oficial, por el que cobran los exportadores, es manejado por el Banco Central, el cual lo mantuvo quieto hasta febrero para evitar traslados a la inflación. Pero, desde que las monedas de los países vecinos comenzaron a devaluarse, permitió cierto deslizamiento, no obstante, lo cual hoy luce atrasado.

Las monedas de la región se han devaluado entre un 20 y un 30%, mientras el peso solo alcanzó un 7% y los exportadores están pidiendo una adecuación para poder mantener su ritmo, dentro de la ralentización que hoy presenta el mercado mundial. De todos modos se manejan con cautela. El BCRA está emitiendo y lo seguirá haciendo para financiar los planes de emergencia y las dudas caen sobre los próximos índices inflacionarios.

Aun así, estamos viviendo un día a día, como en una guerra y pueden plantearse nuevos interrogantes en cualquier momento en función del avance de la circulación del virus en nuestro territorio y en la región.


Rodolfo Cavagnaro

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