Miércoles, 01 Abril 2020 21:00

El problema es que crea lo que dice - Por Juan Carlos de Pablo

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Las fábricas y los comercios, mientras están cerrados, tienen ingresos cero, pero igual tienen que pagar salarios, seguros, impuestos, etc. Ergo, no es que ganan menos, sino que pierden. Esta verdad elemental fue ignorada por el presidente Alberto Ángel Fernández, cuando el domingo pasado anunció la prolongación del aislamiento hasta el 13 de abril próximo.

 

Nunca es fácil ejercer la primera magistratura y menos en estos momentos. Por lo cual es entendible que se haya dejado llevar por la bronca. Me preocupa que verdaderamente piense lo que dijo, que su equipo económico también lo piense y que no tenga a nadie cerca de él, de su confianza, que le explique lo que verdaderamente está pasando.

Esto es preocupante porque la acción deriva del diagnóstico. Si, según el Poder Ejecutivo, la mayoría de los empresarios se comporta como la minoría de trasgresores a la cuarentena, es decir, están llenos de dinero en efectivo, pero como no tienen corazón se niegan a pagar los salarios y disfrutan despidiendo personal, entonces la ayuda tiene que circunscribirse a los más pobres, a los informales, maximizando la presión sobre los dueños de las empresas.

La cuarentena, como un corte de energía, nos afecta de manera distinta porque la realidad siempre es heterogénea. Las restricciones impuestas en las últimas semanas han agigantado la imaginación de los argentinos, quienes están encontrando energías y soluciones que se creían inexistentes, pero que en realidad estaban adormecidas, a la espera de un desafío. Y esto incluye a quienes tienen la responsabilidad de pagar los salarios y mantener la ocupación.

La acción gubernamental tiene que ser específica y operativamente factible. Las medidas tienen que poder ser implementadas de manera ágil. Es fácil anunciar que habrá créditos equivalentes a un mes de nómina salarial, pero luego tiene que poder llevarse a la práctica; y no se trata de apelar al "corazón" de los banqueros, sino que hay que actuar con inteligencia.

No es fácil implementar algo a la carrera para responder a un desafío inesperado; es entendible que se cometan errores y que se los subsane lo más rápidamente posible. Pero, insisto, en un contexto de buenos diagnósticos para evitar que el remedio termine siendo peor que la enfermedad.

Me da la impresión de que el Poder Ejecutivo opera sobre mejores diagnósticos en el plano de la salud que en el económico. ¿Será porque soy economista y no médico?

Juan Carlos de Pablo

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