Jueves, 02 Abril 2020 21:00

A una economía enferma como la argentina, el coronavirus la envió a terapia intensiva - Por Horacio Riggi

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La economía de la Argentina transita por un terreno mucho más pantanoso de lo que esperaba. La frazada es corta y cualquier situación que se atienda se sabe que tiene algo negativo como contrapartida. Es decir, si la elección es cubrirse el cuerpo, los pies quedan afuera, y viceversa.

 

Lo dificultoso no viene de ahora. Recordemos que cuando el Gobierno asumió, habló de la crisis que dejaba Mauricio Macri después de los cuatro años de gestión. Esta semana se conocieron números que apoyan la preocupación de aquel cercano, y muy lejano a la vez, 10 de diciembre de 2019. La pobreza, por ejemplo, creció y pasó de 29% a 35,5% desde 2015. Sólo el año pasado, devaluación mediante, la cantidad de pobres subió en 1,5 millones de personas. La pobreza en la Argentina tiene más que ver con lo que somos (un país empobrecido) que con lo que creemos que somos (un país rico, porque tenemos cereales, vacas y recursos naturales).

Kicillof, que había recorrido la provincia en auto durante la campaña que lo instaló como gobernador, también habló cuando ganó las elecciones. Dijo en ese momento que la provincia era "tierra arrasada".

Pero, si hace casi cuatro meses esa era la Argentina, no hace falta mucha lucidez para darnos cuenta de cuál es la Argentina de hoy, y tampoco cuesta mucho imaginarse el país del futuro cercano.

El coronavirus puso al gobierno de Alberto Fernández ante una disyuntiva pocas veces vista. No era elegir, era optar. Y la opción fue entre la salud y la muerte, no entre la salud y la economía. El problema es que elegir la salud, como correspondía, tenía consecuencias económicas alarmantes para un país en recesión, endeudado y con una inflación que sólo es superada por Venezuela. El problema del Gobierno es que la opción estaba, pero no se podía tomar porque, básicamente, hubiese sido criminal.

Los resultados del parate ya comienzan a mostrarse. El jueves se conoció la recaudación tributaria de marzo que alcanzó los $443.636,7 millones. La cifra es un 35% más que en igual mes del 2019. Sin embargo, el número es malo porque está por debajo de la inflación proyectada de 50% para el corriente año.

De esta forma, a lo largo del primer trimestre de 2020 los ingresos tributarios ascendieron hasta $1,4 mil millones, con un incremento del 41,1%. El problema no es sólo nacional. Las provincias también saben que se les viene la noche. El jueves, el titular de la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA), Cristian Girard, dijo que "la parálisis de la actividad generará una caída de hasta 40% en abril".

El trabajo del Gobierno ahora pasa por cómo empezar de nuevo a construir los palotes de una economía que estaba mal y, por el coronavirus, empeoró aún más.


Horacio Riggi
Subdirector Periodístico

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