Miércoles, 08 Abril 2020 21:00

A no confundir, demanda de bienes no es demanda de dinero - Por Enrique Szewach

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El Banco Central es el único financiador de la crisis de la pandemia en la Argentina, pero emite una moneda que nadie quiere

 

La pandemia del Corov-19 le ha generado a la política económica dos tipos de problemas, los asociados con “poner plata en el bolsillo de la gente” durante el período de aislamiento generalizado y los vinculados a la provisión de liquidez, por la huida de los inversores de los activos de riesgo y la necesidad de evitar el rompimiento de la cadena de pagos.

En la práctica, la política fiscal se encarga del problema de los ciudadanos y empresas, a través de transferencias directas o mediante la exención, o diferimiento del pago de impuestos. Mientras que los Bancos Centrales se encargan de proveer liquidez a los mercados, en dónde hay venta masiva de activos de riesgo, y de aceitar la cadena de pagos, con líneas especiales de crédito y ventanillas de redescuentos. La expansión fiscal se financia con deuda, o reasignando partidas, o ahorros previos. La provisión de liquidez se financia con emisión, comprando los activos que los inversores liquidan en busca de dólares.

En la Argentina, para la expansión de la política fiscal, el único financiamiento disponible es la emisión de moneda. Lo mismo, obviamente, para la provisión de liquidez, y aceitar la cadena de pagos.

De manera que el Banco Central argentino tiene que emitir moneda para comprar el superávit comercial. Tiene que emitir para cubrir el déficit fiscal ahora ampliado por más gasto y menor recaudación. Tiene que emitir para pagar la deuda en pesos, si no se reperfila. Tiene que emitir para financiar la cadena de pagos (stock de cheques diferidos que serán rechazados) y finalmente, emite indirectamente (liberando leliqs) para que, a su vez, los bancos aumenten sus líneas de crédito al sector privado. Pero, al contrario de otros bancos centrales emite moneda que nadie quiere tener. A no confundir: Una cosa es la demanda de ingresos para comprar bienes imprescindibles y otra cosa es la demanda de dinero para “guardar en la billetera”. En una economía inflacionaria y con tasas negativas la gente demanda bienes no demanda pesos.

El Banco Central es el único financiador de la crisis de la pandemia en la Argentina, pero emite una moneda que nadie quiere. Es cierto que la demanda de dinero real estaba muy baja antes de la pandemia y es cierto que algo subirá por incertidumbre, pero no se puede esperar un aumento importante de la demanda de dinero si no bajan las expectativas de inflación. Pero las expectativas de inflación pueden bajar en el muy corto plazo, por la propia parálisis de la economía, pero mirando un poquito más allá, la demanda de pesos no sube, precisamente, por la montaña de pesos que habrá que emitir.

En este contexto, se impone “racionar” la emisión, para que sea la mínima posible. Ese racionamiento incluye medidas en el plano fiscal y en el plano monetario.

El gobierno se resiste a bajar salarios públicos, pero aquí no se trata de bajarle el sueldo a la Secretaria de Salud. Lo cierto es que mucha gente del sector público nacional, provincial y municipal está en sus casas, ahorrando, al menos el gasto de transporte y comidas fuera del hogar. Para salarios superiores a cierto monto, una baja temporaria del sueldo vinculado con estos rubros resulta razonable. Seguramente, hay muchos gastos, en particular en Provincias y municipios, en otros rubros, que podrían ahorrarse. (Y no debería descartarse algún financiamiento compulsivo en algunos pagos, vía emisión de bonos).

Desde el lado monetario, como se dijo, las entidades financieras tienen su liquidez estacionada en leliqs, esto es emisión que se hizo en el pasado y se absorbió con deuda remunerada del Banco Central, para evitar más inflación en el pasado. Las leliqs son “emisión diferida”. Por lo tanto, liberar leliqs es emisión. Si la política fiscal cubre la nómina salarial y los subsidios a quienes no tienen un salario formal o son cuentapropistas, y posterga o exime pagos de impuestos, la política monetaria, adicionalmente al déficit fiscal y a la compra de dólares, tiene que atender exclusivamente al “stock” de cheques diferidos emitidos, para sostener la cadena de pagos. Esto se puede hacer con bastante automaticidad.

El giro “blanco” mensual de cualquier empresa o negocio es fácilmente cuantificable, con la base de datos de AFIP y de las entidades financieras. Todos los cheques emitidos dentro de esta proporcionalidad, en las cadenas de producción que no estén funcionando, por encima de las líneas de crédito que ya tenían otorgadas los bancos a principios de marzo, se pagan y los cubre directamente el Banco Central acreditando en cuenta, en las condiciones y plazos que es estipulen. Toda esta emisión va a parar a los bancos, no hace falta liberar stock de leliqs, sólo hay que graduar el nuevo flujo. Sin esta automaticidad, el apoyo a la cadena de pagos será muy dificultosa.

Por supuesto que todo esto se inserta en un marco sanitario particular, que permita ir saliendo sectorialmente del aislamiento, con muchos más tests, y todo lo que recomiende, con actualización diaria, la OMS.

Siguiendo con la cuestión sanitaria, La Argentina económica es un paciente en “terapia intensiva” y el único remedio que tiene es uno, cuya dosis excesiva tiene “efectos colaterales” letales. Hay que administrar el remedio de la forma más eficiente posible.


Enrique Szewach

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