Domingo, 25 Octubre 2020 11:41

La emisión para financiar el déficit fiscal genera un tsunami que impulsa el precio del dólar y afectará el comercio exterior - Por Ramiro Castiñeira

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En Argentina todos los Gobiernos terminan emitiendo los pesos que luego corren contra las reservas en divisas. La dinámica es siempre igual, más pronto que tarde termina evaporando el valor de la moneda 

El déficit fiscal es la hoguera del peso. El fuego eterno que ya consumió 5 signos monetarios. Los Gobiernos en vez de apagar la llama, lo alimentan con emisión y luego se limitan a demorar lo inevitable: la aceleración inflacionaria que precede a las cenizas de la moneda. 

El arsenal para demorar la escalada inflacionaria siempre es el mismo rosario: Se arranca con la absorción de pesos vía Lebac o Leliq. Si no alcanza empiezan a vender reservas en dólares del BCRA. Y cuando se agotan, primero venderán dólar futuro, luego títulos públicos en moneda extranjera, o deuda en pesos atados al dólar oficial. Si no alcanza subirán las tasas de interés. Si no alcanza, restringirán el acceso al mercado de cambios. Primero a minoristas, luego a empresas e incluso a Gobiernos provinciales.

Pero si todo el “vademécum que dicta la buena heterodoxia” tampoco funciona, pasarán a beber directamente del Santo Grial: el control de importaciones. El Gobierno ya entró a esta última etapa, frenar compras externas, incluso al costo de frenar el magro rebote económico.

La destrucción del mercado de cambios culmina en la la destrucción del aparato exportador, lo que reduce dramáticamente la oferta de dólares a futuro. Hoy a un sojero por cada USD 3 dólares que exporta, luego de retenciones y brecha cambiaria el Estado sólo le entrega uno. Pero no termina ahí, con ese dólar el sojero todavía tiene que pagar los insumos además de pagar Ganancias, Ingresos Brutos e Impuesto al Cheque, entre otros tantos impuestos. Resultado: trabaja gratis para el Estado.

La magnitud de la brecha pone en evidencia la magnitud de la destrucción del mercado de cambios, donde se llega a la ridícula situación que ni exportar soja en Argentina se torna rentable. El dólar oficial deja de ser un precio económico, para ser un mero precio político, arrastrando a todos los precios de la economía a la misma suerte.


La destrucción del sistema de precios paraliza por completo la actividad económica y precipita la devaluación del oficial, al menos para achicar parte de la brecha, reducir el nivel de distorsión y volver a empezar con un cero más en la moneda.

Esto no es una crisis por el covid-19. La cuarentena sólo aceleró lo tiempos de la dinámica de siempre. Al duplicar el déficit fiscal para llevarlo a 10% del PBI (8 puntos porcentuales generado por el Gobierno más 2 puntos porcentuales por el Banco Central, aceleró la dinámica del mismo cuento que se repite generación tras generación en Argentina.

El Presupuesto 2021 no da ninguna señal para equilibrar las cuentas públicas, algo que constató el propio FMI a través de pocas horas de estadía de sus enviados en Buenos Aires.

De administrar reservas a cuidar el saldo comercial

El BCRA ya agotó todos sus dólares para intervenir en el mercado de cambios. Cuando arrancó el año había USD 10.000 millones de libre disponibilidad. Hoy son cero pese a que en nueve meses se acumuló USD 12.000 millones de saldo comercial.

Al igual que a fin de 2015, el BCRA ya no tiene dólares propios. El swap chino es pura contabilidad creativa que infla reservas que no se disponen. Los DEG del FMI no son dólares y el oro está físicamente en Buenos Aires, pero para venderlo primero debería llevarse a Inglaterra, con todo el costo político que implica una fila de camiones llenos de lingotes camino a Ezeiza. Los únicos dólares que tiene el BCRA son del sector privado. Son los USD 11.500 millones de los depósitos privados en moneda extranjera en forma de encaje y que el Presidente prometió esta semana no tocar.

 

El BCRA ya no “administra reservas” porque ya no tiene. No propias. Por lo que ahora administrará el saldo comercial vía control de importaciones. El “Estado presente” le saca los dólares al campo y luego los repartirá a precio de amigo entre importadores, empresas y simbólicos ahorristas. La distribución será con distintos y cambiantes criterios, todos arbitrarios, impredecibles y subjetivos, pero bien intencionados, tal como dicta el buen manual del Estructuralismo Latino.

Por supuesto que todo esto tampoco funciona. Alcanza con mirar al mundo para darse cuenta de que nadie lo aplica esto salvo Cuba o Venezuela. Incluso con mirar la propia historia con 80 años intentando siempre el mismo fracaso.

Causas y efectos

La inflación nace en el déficit fiscal y el déficit fiscal nace de la decisión de cerrar la economía. Decisión que se tomó cuando culminó la segunda guerra mundial porque el populismo sólo sobrevive en economías cerradas. Pero al cerrar la economía se deja de crecer, el político de turno se desespera y gasta lo que no tiene para intentar reactivarla y ganar votos. En breve se tiene una economía que además de cerrada y con un estancamiento crónico, tendrá un déficit fiscal galopante y una eterna inflación para financiarlo. Una Argentina. No hay solución en este modelo.

 

 

Hace 80 años que solo se habla de estancamiento, déficit e inflación, porque es lo único que genera este modelo. Para salir de la eterna decadencia, hay que salir de este modelo. Argentina le dio empleo y oportunidades a todo el mundo sólo cuando tenía como norte la libertad, el comercio exterior y vendía al mundo con orgullo su campo. Las antípodas del actual modelo de las restricciones, el vivir con lo nuestro y atar de pies y manos a la pampa húmeda.

Ramiro Castiñeira  
Director y Economista Jefe de Econométrica, Economic Research & Forecasts

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