Martes, 02 Febrero 2021 15:25

Se equivoca el Presidente: la Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal - Por Roberto Cachanosky

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Alberto Fernández hizo referencias poco atinadas en el foro de Davos, cuando gestiona un país cuyos desequilibrios tienen diversas causas y un único origen: el déficit fiscal y la forma de financiarlo

Durante su exposición vía remota el foro de Davos, el presidente Alberto Fernández afirmó: “El capitalismo financiero donde se hacen fortunas en minutos por apostar a un bono o acción hace ricos a muchos, pero posterga a millones de seres humanos en el mundo”. En realidad, habría que ver de dónde saca esa relación entre apuesta financiera como el motor del capitalismo, en todo caso ese tipo de “timba” son estimuladas por los gobiernos con el endeudamiento público. 

En el caso argentino, hay que repetir una vez más el fenomenal incremento del endeudamiento del BCRA para restringir la liquidez del mercado y frenar el tipo de cambio, generando inmensas utilidades para el sistema financiero el tipo caso que cita el Presidente y hace el Banco Central bajo su gobierno.

El Presidente también citó el libro “Capitalismo Infeliz”, de Luigino Bruni, afirmando: “Tenemos que superar la infelicidad opulenta que descarta a los más débiles e idolatra la ganancia desenfrenada y deshumanizada de un modelo amoral”.

Más allá de la vaguedad que es hablar de ganancia desenfrenada. ¿A partir de qué monto es desenfrenada? ¿Cómo se determina una ganancia desenfrenada? En rigor no es el capitalismo el que descarta a los más débiles, sino que los incorpora con la creación de puestos de trabajo. El que los fabrica y usa a los pobres es el populismo, que no ha hecho otra cosa que sumergir a la Argentina en una larga decadencia llevando la pobreza, la indigencia y la desocupación a niveles insospechados.

Cuando Argentina se acercó al modelo capitalista su economía atraía inversiones e inmigrantes que venían a estas tierras a buscar una oportunidad para salir de la pobreza de sus países de origen. El sistema económico argentino no ofrecía planes sociales, sino oportunidades para progresar mediante la cultura del trabajo basadas en el capitalismo liberal.

A principios del siglo XX y hasta la década del 30, el PBI de Argentina llegó a representar el 27,5% del PBI de toda América Latina. Cuando el país se aparta del capitalismo y del mundo y comienzan las intervenciones del Estado en la década del ´30 y se aceleran en la del ´40, entró en una larga decadencia, al punto que actualmente representa 10% del PBI de Latam. Y no es que los otros países hicieron las cosas mucho mejor, sino que Argentina fue el peor y sigue siendo uno de los malos alumnos de la clase, junto con la Venezuela chavista.

Cuando se compara la evolución del PBI per cápita de Argentina con los de Canadá y Australia, países de inmigrantes y dotados de recursos naturales similares, se observa como a principios del Siglo XX era muy parecido al de ambos países, y luego se fue quedando atrás.

En 1900 el PBI per capita de Argentina superaba en un 70% al PBI por habitante de España. En 2018 el PBI/hab de España era un 70% mayor al de Argentina. Si la comparación se hace con Italia, en ese período las proporciones pasan de 40% superior a comienzos del siglo a invertirse a 85% actualmente, según los datos de Angus Maddison.

Por eso, cuando Argentina era capitalista, nuestros abuelos emigraban de de Italia y España en busca de mejores oportunidades laborales, porque las condiciones del capitalismo liberal daban perspectivas de progreso. Hoy nuestros hijos se van a España, Italia, Australia, Nueva Zelanda y otros países en busca de un futuro que el populismo no ofrece. Solo ofrece someterse al puntero político para cobrar un plan social o tener un empleo público.

En 1911 el PBI/hab de Argentina era 4,4 veces superior al de Corea del Sur. En 2018, Corea duplicaba nuestro ingreso per cápita. En 1901 la misma relación con Taiwán, el país al que se miraba con soberbia hablando a fines de en los 80 de los paragüitas de ese origen, Argentina la superaba en ingreso por habitante en 4,3 veces, ese país superó al nuestro en 141% per cápita.

Se puede seguir con las comparaciones con Irlanda, Hong Kong, o el mismo Japón y los resultados son igual de catastróficos en cuanto al violento giro que tuvieron en un siglo.

Punto de inflexión

Cuando Argentina abandonó las ideas liberales que inspiraban la Constitución de 1853/60 y se sumergió en el populismo redistribucionista, castigando la cultura del trabajo y premiando la cultura de la dádiva, entró en una decadencia imparable.

Siempre van a saltar los que rechazarán el modelo de crecimiento de fines del siglo XIX y principios del XX argumentando que la riqueza se concentraba en pocas manos.

En primer lugar, no se disponen de datos del coeficiente de Gini de ese período sobre la distribución del ingreso, así que afirman sin demostrar. ¿Acaso hoy, con el populismo, la riqueza no concentra en unas pocas manos, en general de la casta política y sus socios de empresarios prebendarios y el resto vive en una pobreza que no se conocía en Argentina? ¿Alguien puede afirmar seriamente que este populismo que hace una cultura de la pobreza mejoró la distribución del ingreso en Argentina?

Por otro lado, lo relevante no es que si el que menos gana tiene un ingreso 1.000 y el que más gana de 10.000, con una diferencia de 10 veces. Bajo un sistema capitalista el que menos percibe o genera obtiene 11.000 y el que más 160.000, con lo cual aumenta la brecha entre el más rico y el más pobre a 14,5 veces, pero ambos superan con creces lo que obtenían bajo un sistema populista.

En otras palabras, el problema no está en el coeficiente de Gini, que es un pésimo indicador de distribución del ingreso. La clave está en que los que menos ganan, puedan obtener cada vez más con el fruto de su trabajo y productividad. No importa que el que más gana, gane mucho, como dicen los populistas. Eso es comparación de resentidos. De envidiosos.

Lo que importa es que los pobres dejen de ser pobres y tengan movilidad social ascendente. Y eso no se consigue redistribuyendo ingresos. Se consigue incentivando la llegada y multiplicación de inversiones productivas que creen puestos de trabajo y mejoren la productividad de la economía.

Fines electorales

Es mentira que los que dicen preocuparse por los pobres realmente estén preocupados. En todo caso están ocupados por aumentar la cantidad de pobres para tener más electorado cautivo.

Es el sistema capitalista liberal el que en realidad se ocupa de los pobres, pero no repartiendo lo que ganan otros, sino creando las oportunidades para que haya inversiones, la gente pueda desarrollar la capacidad de innovación y cada uno mejore gracias a su labor rentada.

Además, el populismo denigra a las personas porque las hace depender del puntero político para que su familia pueda comer. El capitalismo liberal dignifica a las personas porque alimentan a su familia con el fruto de su trabajo.

En síntesis, no es el capitalismo al que hay que revisar. Ya ha demostrado ser el sistema más eficiente para mejorar el nivel de vida de la gente. Es el populismo que pretende vender que los políticos tienen el monopolio de la solidaridad y lo único que buscan es maximizar su beneficio político fabricando pobres e ignorantes para someterlos a sus caprichos.

La Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal, mientras que, por el contrario, entró en un subdesarrollo sustentable cuando adoptó el populismo redistributivo. Lo que hay que hacer para volver a crecer es tan sencillo como volver a la cultura del trabajo y abandonar la cultura de la dádiva que empobrece y denigra a la población.

Roberto Cachanosky

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