Domingo, 28 Febrero 2021 11:25

Funcionarios VIP, empresarios VIP, sindicalistas VIP y pobres VIP, con un gobierno poco creíble - Por Enrique Szewach

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El escándalo de las vacunas también afecta la capacidad del Gobierno para generar la confianza necesaria y “coordinar expectativas” a su favor

Resulta difícil sustraerse del tema de la semana, los vacunados VIP de la Argentina. Especialmente en una columna de economía.

Como saben, si hay algo que, se supone, sabemos los economistas, es cómo lidiar con recursos escasos. Por supuesto que distribuir entre la población la mínima oferta de vacunas que tenemos -al menos por ahora- es un caso extremo, porque está en juego la vida y la muerte, pero nuestro país se caracteriza por abusar, en general, de la discrecionalidad y la arbitrariedad en el reparto de los recursos escasos.

En efecto, donde la demanda supera a la oferta existe un ejemplo de arbitrariedad o discrecionalidad. En el empleo público, la solución no son concursos abiertos, transparentes y meritocráticos. La solución es nepotismo, acomodo, militancia. Hay más demanda que oferta para subsidios o desgravaciones impositivas, la solución no es una asignación horizontal y no discriminatoria, sino capitalismo de amigos. El flamante blanqueo de fondos para aplicar exclusivamente a la construcción, como resultado del poder de lobby de empresarios y sindicalistas del sector, o la modificación parcial y regresiva del impuesto a las Ganancias (en lugar de una reforma integral), también son buenos ejemplos en este sentido. Y hasta podríamos incluir a los pobres VIP que reciben más de un plan social, por su contacto con el “puntero” adecuado.

Yendo a temas más generales. Accesos a permisos de importación, poder comprar dólares al tipo de cambio oficial, energía más barata, condiciones aeroportuarias y frecuencias diferentes para la empresa “de bandera”, frente a sus competidores privados. Controles de precios, ordenanzas municipales, cientos de “kioscos” en donde, como mínimo, hay que tener una “recomendación” y como máximo un “sobre” para dejar un peaje. Recuerdo cuando, hace muchos años, trabajando en la televisión estatal, el director pedía un “extra” para hacerte un primer plano.

La pregunta más frecuente que le hacen a alguien con (imaginado o real) mínimo acceso a los funcionarios públicos es: “¿No tendrás un conocido en…?”

La Argentina es un país en donde las normas y las regulaciones, se redactan de manera que haya margen para las discrecionalidades y las arbitrariedades. Y cuando esos márgenes no están en las normas, las arbitrariedades y los peajes se trasladan a la Justicia.

Obviamente que este “sistema” de funcionamiento tiene costos crecientes. El país de los VIP genera cada vez menos crecimiento, y más pobreza. Con recursos cada vez más escasos, cada vez más arbitrariedades. Con más arbitrariedades, menos inversión, menos creación de empleo y más pobreza. Un círculo vicioso que nos ha llevado a retroceder al PBI per cápita de mediados de los setenta.

Pero, bueno, dejo de filosofar y vinculo el vacunatorio VIP con la coyuntura.

Estamos en medio de cierta calma cambiaria originada en un escenario internacional que favorece, en el corto plazo, los precios de los commodities y, por lo tanto, el supuesto ingreso de divisas comerciales a las arcas del Banco Central, junto a la probable ampliación del capital del FMI, que permitiría reducir las necesidades de utilizar las reservas para poder pagarle a ese organismo, sin tener un acuerdo nuevo cerrado, o al menos con un acuerdo muy transitorio hasta después de las elecciones.

A eso se le suma la sobre dolarización de los portafolios privados de los últimos meses del 2020, que ahora, después de subir más de 100% en un año, (el dólar libre rondaba los 70 pesos cuando asumió el nuevo gobierno) “toman ganancias”, muy parcialmente, para pagar compromisos en pesos, sumado a la menor demanda de dólares por turismo al exterior.

Finalmente, todos los opacos mecanismos de compra venta de bonos y dólares que están realizando el Banco Central y el ANSES para mantener estable el mercado “libre” del dólar. También predomina en las expectativas el anuncio del Ministro de Economía de usar, transitoriamente, el precio del dólar oficial como semi ancla anti inflacionaria, mientras se aleja la perspectiva de un salto discreto en el precio del dólar oficial para cerrar la brecha.

Sin embargo, esta calma convive con una tasa de inflación instalada, al menos en este primer trimestre, bien cerca del 4% mensual. Con una brecha cambiaria que no baja sustancialmente y resulta a todas luces incompatible con la política fiscal y monetaria delineada para este año. Es precisamente esa incompatibilidad la que conspira con que la calma dure mucho tiempo, porque si todos saben que, tarde o temprano, habrá que modificar la política cambiaria, monetaria, y fiscal, nadie va a esperar “a último momento” para redolarizarse y eso mismo podría llevar a una mecánica disruptiva. A su vez, ese mismo escenario demora decisiones de inversión y empleo, sobre todo ante la duda que se instala respecto de la oferta de vacunas suficientes como para liberar plenamente la actividad económica durante los próximos meses.

Pero este panorama no está escrito en piedra y el gobierno podría ir trazando una transición menos traumática. Pero es aquí donde resurge el tema del vacunagate. Para “coordinar expectativas” a su favor, un gobierno necesita tener un buen programa y ser creíble. Buen programa no hay. Y lo sucedido la semana pasada, le ha hecho retroceder varios casilleros a las autoridades y, sobre todo al presidente, en materia de credibilidad, poder y respeto en la consideración de aquéllos cuyas expectativas debe coordinar.

Y esta es la clave “económica” del tema de la semana: sin credibilidad, las buenas políticas fracasan, imaginen las malas.

Enrique Szewach

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