Lunes, 03 Mayo 2021 12:02

La bola de nieve que puede armar el atraso tarifario - Por Fausto Spotorno

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No hay mucho beneficio económico al mantener congeladas y atrasadas las tarifas de los servicios públicos. Tal vez se puede argumentar que por la emergencia sanitaria producto del coronavirus el estado deba cubrir parte del costo de servicios públicos como una ayuda social adicional. Argumento válido una economía sana y sin desequilibrios.

Sin embargo, no es el caso de la Argentina. En nuestro caso particular mantener congeladas y atrasadas las tarifas de servicios públicos, sólo provoca una distorsión más que incrementan los desequilibrios macroeconómicos y que como ya experimentamos termina en fuertes ajustes, desabastecimiento e incremento de pobreza. Barrer los problemas debajo de la alfombra, no solo no los resuelve, sino que los empeora.

Esta semana hubo algún debate en el Gobierno sobre el tema del aumento de las tarifas. El problema básico en todo esto es que las tarifas de servicios públicos están congeladas, pero no así el costo de producir en Argentina, donde los riesgos no son menores. Como consecuencia el Estado debe subsidiar una parte de la tarifa mientras que otra parte lo sacrifica o subsidio sector privado. La porción que subsidia el sector público implica un creciente déficit presupuestario y es así que el gasto público en subsidios es de los servicios públicos en el gobierno nacional creció 45% en el 2020. Los beneficiarios finales de los subsidios son naturalmente los usuarios, aunque se le pague a algunas empresas. Uno de los problemas que esto provoca es que la distribución de esos subsidios no es ni equitativa, ni tampoco la deseable.

No es equitativa porque depende mucho de la zona en la que los usuarios vivan y de hecho, muchas tarifas son provinciales. Tampoco es deseable porque no se trata de un subsidio para ayudar aquellos que más lo necesitan, es más ya hay otros programas sociales para ayudar a aquellos más necesitados y que son más eficientes que el subsidio tarifario (esto es para otro artículo).

La otra porción de la tarifa que no se paga, la sacrifica el propio sector energético, porque cuando las tarifas sin insuficientes, se deja de reponer el capital que se amortiza y en la medida en que las ganancias desaparecen, la inversión cae y de a poco empieza a esa ser la energía. Así es como el sistema servicios públicos va deteriorándose en calidad y cantidad de producción y tarde o temprano puede haber una crisis en el sector.

Sucede que este sector requiere grandes inversiones al inicio y eso lo mantiene funcionando por un período largo y por eso muchas políticas erróneas tardan en mostrar resultados negativos. Sin embargo, esto no significa que no se vayan acumulando problemas, que luego aparecen todos juntos y los costos de resolverlos terminen siendo altísimos.

La política de congelamiento tarifario durante buena parte del primer gobierno kirchnerista, provocó una pérdida de u$s 12.000 millones anuales en la balanza comercial. También provocó desabastecimiento energético que obligó muchas veces a cerrar fábricas durante el invierno porque no había energía para abastecerlas. También llevó a un incremento de 4,5% del PBI en el gasto público debido al aumento de subsidios y finalmente obligó al gobierno de Mauricio Macri a realizar un ajuste tarifario enorme, que aún no terminó del todo.

Las tarifas de servicios públicos no se subieron desde el primer trimestre de 2019. Pero tengamos en cuenta que desde entonces la inflación provocó un aumento de los precios del 100%, mientras que el dólar oficial subió 120%. Tengamos en cuenta qué mucho de los costos y precios vinculados a la energía y otros servicios públicos están atados al dólar. Eso se debe a que la extracción de petróleo gas, las maquinarias, el costo financiero e incluso parte del personal tienen precios globales.

Si bien se habla de desdolarizar tarifas desde el punto de vista de la propaganda política lo cierto, es que eso no es posible. La única forma de hacerlo realmente es aislar a la economía Argentina, pero en ese caso, los costos serían más altos y no más bajos. En efecto la posibilidad de poder comercializar bienes y servicios aumenta la eficiencia y baja los costos.

En este contexto, las tarifas deben corregirse. Se pueden tomar medidas para reducir el impacto social que podría tener esto y hay muchos programas que se aplicaron con cierto éxito en este sentido. Pero no hay que permitir que el problema se convierta en una bola de nieve que después nos lleve a problemas mayores en el futuro.

Fausto Spotorno

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