Martes, 15 Junio 2021 12:47

El fracaso de la política económica: sobra Estado presente y faltan inversiones - Por Roberto Cachanosky

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La actividad local está estancada desde 2007. Acumula 10 años sin crecimiento, más los 3 últimos en recesión, la más violenta en 2020 

El PBI de la Argentina, medido a pesos constantes de 2004, está en el mismo nivel que en 2007, con lo cual se perdieron 13 años. Ya no es más la década perdida, es peor aún, ya se avanzó en el tercer lustro sin crecimiento real. 

Además del estancamiento del PBI, la economía argentina se mantiene con tasas de inflación de dos dígitos anuales desde fines de 2006. Pasó de 10% anual en 2006 al actual 46% anual. En otras palabras: el país no crece y el peso se debilita aceleradamente, lo cual marca que es falso que sea útil la expansión monetaria como mecanismo de reactivación y mejora de la calidad de vida de la población.

Entre septiembre de 2006, cuando la inflación alcanzó los dos dígitos anuales, y junio de este año, la base monetaria aumentó 37,5 veces, es decir, a un ritmo promedio del 27% anual. De ahí que quienes sostienen que hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente y emitir para reactivar la economía, todavía no entendieron que los billetes no se comen.

Así como en su momento se decía, a modo de crítica a Juntos por el Cambio, que el cemento no se come, hoy hay que recordarles a los kirchneristas que los billetes no se comen. Se consumen los bienes y servicios que produce la economía, no los pesos que valen cada vez menos. Aún, muchos creen en que expandiendo moneda la gente va a poder consumir más, y las empresas responderán con aumento de la oferta de bienes y servicios, y no los precios y así, mágicamente, se reactiva la economía, atrae inversiones y todos felices emitiendo pesos.

Si esta fuese la fórmula del crecimiento económico, la Argentina tendría que ser una potencia mundial porque emitió moneda a marcha forzada. Entre 1935, cuando se creó el BCRA y 2020, la base monetaria creció 1.543.912%, eso quiere decir que aumentó a un ritmo del 18,3% por año, ininterrumpidamente. Se destruyeron 5 signos monetarios y el PBI real por habitante no repuntó significativamente.

El Banco Central no genera riqueza

Esa tasa de expansión monetaria se tradujo en un promedio anual del 54% acumulativo. ¿Por qué la diferencia? Por la caída en la demanda de moneda y porque la expansión de dinero lo hizo a un ritmo mucho mayor que el PBI: 2,6% anual, sin contar el crecimiento de la población.

Los datos son categóricos, y confirman la teoría de que la inflación es un problema monetario y que el poder adquisitivo del peso depende de tres factores: la oferta monetaria, la demanda de moneda y la cantidad de bienes y servicios que genera la economía.

Mucho se emitió a lo largo de 85 años y lo único que se consiguió fue destruir la moneda y tener tasas de crecimiento económico bajísimas.

¿Por qué tomar un período tan largo para analizar el problema monetario y de crecimiento? Para dejar en claro cómo de tanto ensayar con la emisión monetaria para ponerle plata en el bolsillo a la gente se destruyó la moneda y la economía. Sin embargo, hay sectores que todavía no entendieron que, para poder hacer política monetaria, hay que tener moneda y la Argentina hace tiempo que la perdió.


Fuente: Ministerio de Trabajo, sector formalizado

El gráfico muestra que en los últimos 10 años el sector privado no creó puestos de trabajo. Al contrario, entre enero 2012 y marzo 2021 se destruyeron 200.000 puestos de trabajo en relación de dependencia en el sector formal de la economía. Sin embargo, en ese período el sector público nacional, provincial y municipal aumentó la nómina en 688.000 puestos.

Una vez más hay que insistir con el siguiente punto: Argentina se construyó con trabajo privado y ahora se quiere construir con empleo público y gastos sociales. Típico del populismo autocrático.

Basta con ver el presupuesto destinado a paliar los efectos del covid-19, el cual fue modificado durante mayo, el cual permite advertir el “negocio político” del Estado presente.

Al destinar lo ingresado al Tesoro por el Impuesto a la Riqueza a paliar las consecuencias de la crisis sanitaria, se esperaba que la porción principal fuera para financiar la compra de vacunas y los gastos asociados al sistema médico. Sin embargo, de los $386.596 millones hasta ahora autorizados para todo el año únicamente $90.134 millones están previstos para vacunas, es decir el 23% del total.

Por el contrario, la mayor parte, el 77% del total de esos recursos, serán volcados a planes sociales. Subsidios extraordinarios a AUH, salario complementario AETP, Fogar, Apoyo Económico Fortalecer Cultura, Becas Progresar, etc. Es decir, todo parece indicar que la pandemia viene como anillo al dedo para financiar populismo más que para evitar que la gente se contagie.

Otro dato que impresiona es el presupuesto destinado a Emergencia Alimentaria, incluida la Tarjeta Alimentar. El Presupuesto 2020 había contemplado $21.847 millones, mientras que el actual, sin incluir las últimas modificaciones fijó $146.250 millones, 5 veces más para frenar el problema del hambre en la Argentina. Este dato solo muestra el enorme fracaso de la política económica del Gobierno. Si más gente necesita comer de los fondos que le da el Estado, es obvio que el Frente de Todos no ha conseguido generar trabajo y niveles de ingreso suficientes para que, al menos, no creciera la gente que no puede alimentar a su familia con el fruto de su esfuerzo laboral.

Han transformado a la Argentina en una enorme masa de indigentes, pobres y empleados públicos que viven de las dádivas que le otorga el Estado. Si se mira la evolución en el largo plazo de la Argentina se advierte que no es un problema derivado de la pandemia, sino que revela el fracaso de las políticas populistas basadas en la idea del “Estado Presente” que gobierno tras gobierno, profundizado por el kirchnerismo, ha impulsado, sumergiendo a millones de argentinos en la pobreza más absoluta y creado legiones de desocupados y empleados marginales.

En síntesis, en la Argentina sobra Estado presente y falta trabajo digno, por la falta continua de políticas que incentiven la inversión productiva y el empleo de largo plazo.

Roberto Cachanosky

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