Domingo, 26 Septiembre 2021 08:30

Nafta para el dólar y la inflación: más "platita" en el bolsillo y el peligro de emitir pesos sin control - Por Carlos Arbía

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Poner más plata en la calle como hará el oficialismo y que rápidamente la gente lo perciba en su bolsillo y en los mostradores tiene muchos riesgos

La idea y objetivo oficial coyuntural de "poner más platita en los bolsillos" para mejorar el resultado de las próximas elecciones de noviembre, tal como ha manifestado el exministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires (PBA) y ahora candidato a diputado del Frente de Todos, Daniel Gollán, está en el centro de la escena. El gran interrogante es si el oficialismo podrá revertir el resultado o reducir la ventaja con la oposición en las próximas elecciones con más plata en la calle.

En términos políticos los antecedentes no le juegan a favor al oficialismo. Desde 2013 hasta ahora nunca sumó más votos en una general que en una PASO. En 2013, 2017 y 2019 sacó casi los mismo y un poco menos en 2015. Esta es una elección especial por la pandemia. Hubo participación de apenas un 67% en esta elección y unos 800 mil votos que en la primaria fueron a partidos que no clasificaron para la general no se saben a dónde irán en la próxima elección.

En seis de las últimas ocho elecciones legislativas (1987, 1993, 1997, 2001, 2005 y 2013) el resultado de la legislativa previa a la presidencial fue un buen anticipador de lo que ocurrió después. El que ganó la legislativa luego de dos años ganó la presidencial.

Pero hubo dos elecciones que anticiparon mal el resultado. En 2009 Néstor Kirchner perdió con Francisco de Narváez, pero luego fue reelecta Cristina Fernández en 2011. En 2017 gano Cambiemos, pero luego Alberto Fernández le gano a Mauricio Macri en 2019. En todos los casos lo que cambió la historia fue la economía. Para bien para Cristina Kirchner y para mal con Mauricio Macri.

Poner más plata en la calle como sugiere y hará el oficialismo y que rápidamente la gente lo perciba en su bolsillo y en los mostradores no se puede hacer fácilmente. Para lograrlo se necesita que la emisión de pesos del BCRA crezca mucho más rápido que la inflación de aquí hasta las elecciones.

Esto implica que crezca rápidamente el poder de compra de los pesos que andan dando vuelta. Pero al parecer no queda mucho tiempo y es un mecanismo que se puede volver en contra. El año pasado en tiempos de la cuarentena estricta por unos meses el BCRA emitió mucho dinero y la inflación no subió, pero después pasó lo contrario.

El BCRA mantuvo hasta mayo/junio un ritmo de emisión neta de pesos relativamente bajo, ya que subía menos que la inflación. La emisión de pesos subía al 2% mensual contra una inflación de casi 4% mensual. Esto implica menos plata en términos reales en la calle porque los pesos se licuaron con la inflación.

Desde junio/julio, la situación se revirtió: empezó a haber algo más de plata en la calle. Esto fue producto de una mezcla de un mayor ritmo de emisión monetaria neta de pesos y a la vez, una menor tasa de inflación. Esto es el BCRA emite al 5% mensual y la inflación bajó al 3%.

"La causa de la mayor emisión monetaria está directamente ligada a que el Tesoro que necesita más pesos para financiar un mayor déficit fiscal primario que no computa los intereses de la deuda y porque parte de la deuda en pesos que vence está siendo refinanciada por los bancos desarmando sus posiciones de Leliq que hoy totalizan unos 2,1 billones de pesos.

En el fondo significa una emisión indirecta de pesos. El equipo económico tal vez entiende que el principal problema es el financiamiento del déficit fiscal con emisión monetaria sin respaldo, pero el kirchnerismo no. Entre agosto el déficit primario acumulado fue de alrededor de $ 400.000 millones. En tanto que entre septiembre y diciembre algunas consultoras económicas como Anker estimaban que ese déficit antes de la derrota en las PASO y el nuevo paquete de ayuda social era del orden de los $ 900.000. Se pasaba de déficit fiscal promedio de unos 50.000 millones promedio a otro de 200.000 millones en promedio.

En la suma, el déficit primario del año iba a rondar 1,3 / 1,4 billones de pesos con o sin elecciones. Pero si a esto le sumamos entre $300.000 y $500.000 millones de emisión, ese déficit podría llegar a casi un billón de pesos.

Hay destacar que la primera parte del año fue fiscalmente prolija con un Tesoro menos dependiente del BCRA. Ayudaron los ingresos extraordinarios por retenciones a la exportación (súper - precio de los granos mediante) y el cobro del impuesto a la riqueza; parte del gasto primario fue licuado por la inflación de 50% anual; hubo una sobre - colocación de deuda en pesos sin el efecto monetario expansivo de los bancos.

En cambio, en esta segunda parte del año, desaparecen los ingresos extraordinarios, la licuación del gasto no será la misma y al Tesoro le está costando más renovar la deuda en pesos sin efecto monetario expansivo. El déficit primario y la emisión de pesos por razones fiscales iban a subir en esta parte del año con o sin derrota electoral en las PASO, con o sin medidas electorales.

Las quejas del oficialismo respecto a que el Ministerio de Economía subejecutó gasto primario no se fundamentan en los números tal como ha explicado Guzmán. No se gastó el total de lo recaudado de más por el impuesto a la riqueza. Sí se le podría achacar políticamente a Economía haber errado el timing electoral. Dicho de otra forma, el expansionismo fiscal monetario que iba a venir con o sin elección empezó demasiado pegado a las PASO y no se llegó a notar en los bolsillos de las clases más bajas.

Guzmán, definirá en los próximos meses la suerte de su programa monetario para este año. Las alternativas son conseguir que el mercado le preste pesos suficientes para cubrir parte del déficit o emitir mucho más de los $1,2 billón que están en el presupuesto de 2021. Si no logra alcanzar sus previsiones el resultado, puede ser potencialmente complicado para la dinámica de precios y también para la estabilidad de las cotizaciones paralelas del dólar.

Cada peso que Guzmán no obtiene emitiendo deuda en el mercado no se traduce en recortes de gasto sino en otro peso que emite el BCRA. Ese es el peligro de tratar de poner más plata en los bolsillos solo aumentando la nominalidad de los salarios y el gasto social como pretende el oficialismo.

Carlos Arbía

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