Jueves, 14 Octubre 2021 14:01

El incómodo congelamiento de precios en el que poco creen y la mirada electoral - Por Carlos Burgueño

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El Gobierno privilegió contención antes de las elecciones y barajar y dar de nuevo después. Malhumor entre empresarios. El pacto trunco que negociaba Paula Español.

Un viejo dicho periodístico habla sobre una máxima de toda redacción: no se puede (debe) criticar a un funcionario que recién asume, hasta que hayan pasado mínimo tres meses de gestión. Sólo en ese momento se podría tener una certeza sobre su plan de acción y el éxito o fracaso de sus medidas primarias. Aceptando la premisa, tendremos que decir que el flamante plan de congelamiento de precios lanzado por el también flamante secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, deberá ser juzgado recién durante la segunda quincena de enero de 2022, coincidiendo precisamente con el fin del anuncio presentado ayer. Se verá entonces en ese momento si los precios de los más de 1.200 productos distribuidos entre alimentos, bebidas, artículos de limpieza e higiene se mantuvieron estables y congelados y si efectivamente estuvieron presentes en las góndolas durante todo el período anunciado.

Ese es el fin de las medidas anunciadas ayer y que curiosamente tendrán capacidad de juzgamiento en el mismo lapso en que Feletti puede ser evaluado en sus primeros 90 días de gestión. Hagamos entonces una crónica de lo que sucedió hasta este punto.

La antecesora de Feletti, Paula Español, estaba en plena negociación con las grandes empresas productoras de alimentos bebidas y bienes de consumo masivo, para incrementar los precios un dígito y relanzar el plan Precios Máximo y Super Cerca. La discusión estaba centrada hasta el jueves pasado en la voluntad de la funcionaria que sólo aumenten 3% los valores hasta fin de año, mientras que los privados contraofertaban ese 3% hasta después de las elecciones y un total de 9,9% para fin de año. El problema estaba concentrado en dos grupos de alimentos: lácteos y harinas y derivados; y, se esperaba, llegar a un acuerdo esta semana. Español fue renunciada el viernes por la tarde y Feletti nombrado el sábado y presentado en sociedad el martes. Lo que vino fue la demolición de las negociaciones, y la imposición del nuevo acuerdo.

El martes, el presidente llamó a un puñado de grandes empresarios del país, muchos de los cuales están directa o indirectamente vinculados con la producción de los bienes congelados. Se les pidió, especialmente a uno en particular, que adopten una posición friendly hacia el Gobierno y que confíen en que todas las medidas que se estudiaban en el Ejecutivo apuntarían a la producción y la expansión de dos metas: el mercado interno y las exportaciones. Y así lo hizo. No se le comunicó al empresario, ni antes ni durante ni después, que se aplicaría este congelamiento de precios; lo que derivó en un malhumor histórico en el dueño de una de las empresas más representativas de la producción de bienes de consumo masivo. Y que aventuro problemas de abastecimiento, más que de aumento de precios. Y de un creciente sistema de desconfianza hacia el oficialismo.

Como siempre, se recordaba en estos tiempos una máxima eterna de la economía. El principal insumo para que funcione un sistema o plan económica, es la confianza en que el futuro será mejor que el presente. Sólo así, y aunque haya una situación actual crítica, el empresario decidirá invertir, el consumidor consumir, el contribuyente estar bien en su situación impositiva para evitar sanciones que le impidan trabajar con normalidad y habrá mayor nivel de demanda laboral y reducción de la pobreza. Si, por el contrario, lo que se supone es que el futuro será igual o peor que la realidad, lo que pasará es que las decisiones de expansión económica se suspenderán hasta que la confianza regrese. Los empresarios están en el momento justo para tomar una decisión para un lado u otros. Esa es la situación. Y lo que se le pide al Gobierno. Señales claras sobre el rumbo económico y el verdadero plan.

Se respetará en esta columna la máxima de juzgar los resultados de una política de un flamante funcionario a los tres meses de aplicada. Sólo mencionemos los planes de controles de precios vigentes, que no impidieron hasta acá que la inflación supere el 50% interanual. Sobre la base del listado elaborado por el economista Damián Di Pace, hoy se aplican Precios Máximos, Super Cerca, Canasta de Cortes de Carnes, Acuerdo con la Industria Electrónica, Mercado Federal Ambulante, Canasta de Ahorro en Ferias Populares, Acuerdo de Precios de Lácteos, Acuerdo con la Industria Petroquímica, subsidios a las tarifas de electricidad, agua, gas, micros de corta, media y larga distancia, colectivos, subtes y trenes, Sistema Informativo para la Implementación de Políticas de Reactivación Económica (SIPRE), Sistema de Fiscalización de Rótulos y Etiquetas (SIFIRE), ley de Góndolas, Precios Máximos para la industria Farmacéutica, precios máximos para la construcción y subsidios a los precios de los combustibles y los Planes Ahora 3, 6, 8, 12, 24 y 36.

La estrategia oficial, aunque no parezca, es clara. La intención es contener los precios en lo que se pueda, y enfrentar las elecciones del 14 de octubre de la mejor manera posible. Luego de esa fecha, será un barajar y dar de nuevo. Y presentar un plan.

Carlos Burgueño

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