Miércoles, 27 Octubre 2021 11:20

Roberto Feletti parece desconocer cómo se determinan los precios en un mercado libre - Por Roberto Cachanosky

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Niveles razonables, aumentos desmedidos, ganancias extraordinarias, son algunas de las frases que utiliza el Gobierno para fundamentar el congelamiento que impuso el secretario de Comercio Interior

Al más puro estilo populista, el oficialismo inventa un enemigo al cual hacer responsable del destrozo monetario que está haciendo el Gobierno para financiar el déficit fiscal.

En esta oportunidad son los formadores de precios, los desalmados comerciantes, las cadenas de supermercados, es decir, una legión de enemigos a los que se quiere responsabilizar de “hambrear” al pueblo argentino en beneficio del FMI y los cipayos que acaba de resucitar el gobernador Gildo Insfrán recreando el viejo enemigo de Estados Unidos. Solo le bastaba decir al eterno gobernador de Formosa: Braden o Perón y estábamos definitivamente en el túnel del tiempo.

Lo concreto es que quieren crear la épica de que ellos, los buenos, vienen a salvar al pueblo argentino de los malos que quieren meterse con la mesa de los argentinos. Hacerles pasar hambre por codicia. Al establecer precios máximos y congelados, Roberto Feletti hace gala de un altísimo grado de soberbia, lo que Friedrich Hayek llamó la “fatal arrogancia”, o bien de un enorme desconocimiento del ABC de la economía.

El ABC de la economía

Feletti demuestra que: 1) desconoce la teoría subjetiva del valor; 2) al desconocer 1), desconoce cómo se forman los precios; y 3) traba la eficiente asignación de los recursos.

¿Por qué desconoce la teoría subjetiva del valor? porque al fijar un precio máximo está decidiendo por el resto de cada uno de los consumidores cuál es el valor de cada bien.

El secretario de Comercio parece no saber que cada persona valora de forma diferente cada bien y servicios que se ofrece en la economía. Desconoce que para una persona un bien tiene valor y para otra persona no lo tiene. Es más, para la misma persona un bien puede valer mucho o poco dependiendo de las circunstancias.

No es lo mismo el valor de un vaso de agua en el desierto, que en la ciudad. Para un amante de la ópera una entrada para ver rock puede valer cero y viceversa. El vegetariano no valora la carne y para el vegano no tiene valor nada que venga de los animales. Los ejemplos abundan-

Si se entiende esto, se comprende que la gente compra un bien o deja de comprarlo de acuerdo cómo lo valora según su subjetivo punto de vista. En otras palabras, los precios son la expresión de las valoraciones subjetivas de millones de consumidores.

Los bienes tienen valor porque la gente los valora, no por los costos de producirlos. Se incurre en costos para producir un bien si la gente los valora y está dispuesta a entregar determinada cantidad de dinero por adquirirlo. Así se van formando los precios.

Los bienes tienen valor porque la gente los valora, no por los costos de producirlos

La cantidad de gente y la valoración que le otorgue a determinados bienes determina si un empresario incurre en el costo que exige producir un producto. Así que el primer punto que parece no conocer Roberto Feletti es cuál es el precio que está dispuesto a pagar el consumidor. De ahí que lo que está haciendo el secretario de Comercio no es fijar precios, sino poner un número cualquiera que le gusta con el signo pesos adelante

Si el consumidor valora más los pesos que tiene que la mercadería que le ofrece el mercado no hay intercambio.

La rentabilidad real

La lección 2 de economía 1 es que la gente va cambiando sus subjetivas valoraciones de los bienes. Es lo que se llama utilidad marginal. Si se tiene mucha hambre, la primera porción de pizza genera mucho placer, la segunda algo menos y la tercera ya no.

Eso va produciendo un cambio de precios relativos en la economía que lleva a modificar la asignación de recursos (capital y trabajo), la demanda de otros bienes y servicios aumenta la rentabilidad, y atrae inversores que están dispuestos a arriesgar su capital y trabajo para responder a las necesidades de la población.

Por eso no hay tal cosa como tasa de rentabilidad exorbitante. Lo que hay es un aumento de la ganancia de un sector de la economía que actúa como indicador para atraer inversiones, se incrementa la oferta, baja el precio y la tasa de ganancia tiende a igualarse al resto de los sectores productivos.

En la medida en que haya mercados sin regulaciones, los recursos productivos se van asignando de acuerdo con las valoraciones subjetivas de los consumidores que transmiten sus valoraciones mediante el sistema de precios y tasas de rentabilidad.

Roberto Feletti pretende conocer cómo valora cada uno de los consumidores cada bien y servicio, cuánto está dispuesto a pagar por cada uno ellos, cómo es la utilidad marginal de cada unidad consumida por cada uno de los millones de consumidores y, como corolario de todo esto, pretende decidir cómo se asignan los recursos productivos.

En definitiva, el secretario de Comercio pretende, desde su sillón de la Secretaría, estar por encima de todo los consumidores y saber mejor que cada uno de los millones de los consumidores, qué tienen que comprar en el mercado, calidades, los precios que están dispuestos a pagar y cuánto tiene que ganar comercio o empresa. Se considera a sí mismo un dios que está por encima de toda la sociedad.

Creer eso y decir que cada uno de los consumidores y productores forman una colección de ignorantes que no sabe lo que es bueno para ellos. Representa la fatal arrogancia de la que hablaba Hayek.

Mientras el oficialismo ataca a los “malvados comerciantes y productores” porque quieren lucrar con el hambre del pueblo argentino, el Banco Central ya tiene emitidos $1,12 billones para financiar el gasto público en la fiesta populista en que está embarcado el gobierno para ver si logra torcer el adverso resultado de las PASO.

Roberto Cachanosky

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