Miércoles, 24 Noviembre 2021 11:48

El innecesario divorcio entre el Gobierno y los mercados - Por Carlos Burgueño

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Los operadores financieros viven un clima de profunda desconfianza. El gobierno no hace nada por mejorar la relación. Los bonos en precio de default, las acciones en valor de remate y el riesgo país en niveles récord para el período pos acuerdo con los acreedores 

El Gobierno y los mercados de capitales están viviendo los días poselectorales en un clima de profunda e irreductible desconfianza. Precisamente el único concepto que mantiene viva a cualquier bolsa de comercio del mundo. Sólo la certeza que el futuro será mejor que el presente y el pasado hace que un inversor elija dirigir sus ahorros (cualquiera sea la vía en que fueron conseguidos) hacia alguna opción de las múltiples que ofrece un mercado de capitales tan amplio, histórico y serio como el local. En la bolsa porteña (y a través de agentes de todo el país conectada con todo el interior), se negocian acciones, títulos públicos, obligaciones negociables, divisas y todo tipo de instrumentos financieros que sirven, en líneas generales, para invertir y derivar ahorros hacia instrumentos que generan confianza en los que apuestan por ellos. Luego, siempre y en cualquier lugar del mundo, se puede ganar o perder. Es parte del sistema, y todos lo saben. Pero lo importante es generar la suficiente confianza como para llegar a elegir esta opción por encima, por ejemplo, dólares comprados en el circuito clandestino. 

Ningún Gobierno tiene la obligación de gobernar únicamente mirando los mercados. Ni mucho menos. Pero es un error importante ignorarlos. Y ni hablar gobernar en contra. Y cuando se hace a propósito, quizá, por temas ideológicos, más grave aún. Porque, en el medio, se pierden fortunas y atracción para un dinero que los ahorristas redirigirán a otros fines, donde el Estado ya no tendrá injerencia.

En las últimas jornadas se vivieron situaciones claras. Y curiosamente, según explicaban muchos analistas el 15 de noviembre por la mañana, los resultados eran muy similares a los que los mercados esperaban: una derrota del oficialismo que limite cualquier intento radicalizador, pero sin una situación de catástrofe electoral que provoque potenciales inestabilidades institucionales sobre el Poder Ejecutivo. Lo que los operadores financieros querían antes de las elecciones, era que luego de ellas hubiera quién tomara decisiones económicas, y no un marco de peligrosa acefalia por una derrota estrepitosa. Y que además quién detentara esa capacidad decisoria no fueran las fuerzas extremas de la coalición gobernante, sino el centro cercano a Alberto Fernández. Y que se garantizara la continuidad de Martín Guzmán. Todo eso ocurrió. Y al comienzo de las operatorias del lunes 15 poselectoral, todo parecía encaminarse. Más luego del anuncio del domingo poselectoral de la decisión de enviar al Congreso una ley que incluya los términos del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, con el correr de las horas de ese lunes 15 hasta el cierre de los mercados de ayer, todo fue cuesta abajo.

El dato más significativo fue el cierre del riesgo país, con una cotización cercana a los 1.800 puntos básicos. Para entender de que se trata este número, si Argentina quisiera hoy colocar deuda soberana en divisas en cualquier mercado internacional, la tasa de interés que se le cobraría al país sería de más de 20% anual en dólares; un porcentaje sólo reservado para países en las puertas del infierno de algún default. Son además los niveles máximos desde el cierre de las negociaciones de deuda con los acreedores y un costo que Argentina no vivía desde los días del 2006, cuando el único que "ayudaba" al país a un costo de 15% anual en dólares era Hugo Chávez con la compra de algunos bonos emitidos durante el kirchnerismo.

Otro dato que muestra la situación deprimente de la Argentina ente los mercados, es la situación de los bonos globales del canje emitidos en dólares bajo ley extranjera que retrocedieron ayer hasta 4,7%, llegando a los valores mínimos desde su emisión en agosto del año pasado. Títulos públicos como el GD35 y el GD46 se pagaban ayer a US$30 dólares, cuando el Valor Presente Neto de corte al momento del apretón de manos con los bonistas había sido de 54,8%. Por su parte, los bonos emitidos en dólares, pero bajo ley argentina acumulan una caída de hasta 40% en el mercado secundario, respecto de su precio inicial. En este caso, el AL29 perdió 1,8%, mientras que el AL35 bajó 1,6 por ciento. Según la visión del mercado, los bonos de la deuda argentina tienen hoy un valor de mercado similar a lo que cotizaban a fines del 2001. Una manera de decir que el país retrocedió 20 años en su relación con el mercado de deuda soberana.

Para los analistas la salida de la situación puede ser mucho menos traumática que aquel final del Gobierno de Fernando de la Rúa. La reconciliación del oficialismo con el mercado comenzaría con el anuncio del acuerdo con el FMI, con un gesto simbólico persona y explícito de Cristina Fernández de Kirchner que aclare sin dudas que apoya el Facilidades Extendidas, y que se muestre a la clase dirigente argentina y el público en general que el proyecto de ley que el Ejecutivo enviará la primer semana de diciembre al Congreso incluye metas creíbles de un sendero serio de equilibrio fiscal, estabilidad monetaria, lucha contra la inflación y política cambiaria creíble. La "buena noticia" para la coalición gobernante, es que la falta de credibilidad es compartida con el resto de la clase política.

Carlos Burgueño

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