Domingo, 12 Diciembre 2021 10:46

La macro 2022, entre el comunicado de Washington y el de Plaza de Mayo - Por Enrique Szewach

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Para cerrar un acuerdo con el Fondo falta mucho, porque hay que pasar de los adjetivos a los números 

El viernes pasado por la tarde, mientras en la Plaza de Mayo, en medio de un acto partidario, la Vicepresidenta y el Presidente hacían referencia al contenido de un eventual acuerdo con el FMI, en Washington, el staff del Fondo que negocia con la Argentina daba a conocer un comunicado respecto del avance (ponele) de dichas negociaciones. 

En lo que sigue, va mi interpretación libre de las rabínicas palabras de mi amiga Julie Kozacs, subdirectora del Departamento Occidental y de mi amigo Luis Cubbedu, jefe de la misión para la Argentina, de dicho organismo.

Como ustedes saben, el problema del Estado argentino es que se ha quedado sin oferta voluntaria de dólares (por desconfianza política, y mala praxis económica). Por lo tanto, sólo puede obligar a los exportadores a que le entreguen los dólares que cobran, en un plazo perentorio y al tipo de cambio oficial. Y, a su vez, como al precio del dólar oficial actual hay exceso de demanda, tiene que racionar los pedidos de importadores, empresas que tienen que pagar créditos obtenidos en el exterior, gastos con tarjetas de crédito, ahorro, etc.

El problema del FMI, por su parte, es que necesita firmar un acuerdo que respalde un programa que permita acumular reservas, porque de ese “sobrante” de dólares en el Banco Central, con el tiempo, surgirá la supuesta sustentabilidad de la deuda, y eso le permitiría al staff mostrarle al Board que el programa con Argentina es viable.

En otras palabras, el Estado argentino es deudor de dólares, que no tiene, y el Fondo es acreedor de dólares, que no le pueden pagar.

El problema es de dólares, no de pesos.

Dicho sea de paso, la que entendió como nadie esta cuestión es la señora Vicepresidenta, que siempre hizo referencia a “terminar con el problema de la bimonetariedad”, vía la pesificación forzosa de los privados, y ahora sugiere que, con ayuda del FMI, se expropien los dólares mal habidos de los argentinos en paraísos fiscales para pagarle al organismo. (un amigo mío le diría “cuidado con lo que deseas”).

Vuelvo. El problema es de dólares y no de pesos, pero los pesos entran en la ecuación, porque, al final del día, como la moneda de ahorro de los argentinos es el dólar, el exceso de pesos se traduce en más demanda de dólares y ello impacta en el precio de los dólares libres y pega en la brecha con el dólar oficial.

Esa diferencia entre el precio del dólar que cobran los productores de exportables, respecto del precio al cuál pueden transformar los pesos que reciben en dólares, se convierte, entonces, en un gigantesco impuesto a la exportación que todos tratan de eludir. Del otro lado, como en un espejo, esa brecha se transforma en un gigantesco subsidio a la importación, que todos tratan de cobrar.

El resultado es que el Banco Central, en este contexto, no ha logrado acumular reservas, aún en un año en que las exportaciones crecieron “muy sólidamente” (Comunicado del Fondo dixit).

Como gran parte del sobrante de pesos surge de financiar el déficit fiscal, el eventual acuerdo con el FMI tiene que incluir “una mejora sostenible de las finanzas públicas” (otra vez textual del comunicado), Pero eso sí, dicha mejora sostenible debe dar lugar, al mismo tiempo, “a las tan necesitadas inversiones en infraestructura, tecnología y gasto social focalizado” (más del comunicado del Fondo). En mi interpretación libre, lo que dicen, entonces es, más impuestos, suba segmentada de los precios de los servicios públicos y más licuación del resto del gasto.

Siguiendo con los pesos, hay que lograr, además, que crezca la demanda de dinero del público (para que no se vuelquen a comprar más dólares), para ello, les muchaches del Fondo sugieren “una política monetaria adecuada con tasas positivas”. Sugerencia que supone que han logrado resolver un pequeño detalle, que esas eventuales tasas positivas pegan directamente en la deuda remunerada del Banco Central, impidiendo su licuación y generando más emisión de pesos y la necesidad de colocar más deuda remunerada.

Dicho de otra manera, dado que más del 90% de los depósitos a plazo fijo en el sistema financiero están colocados en el Banco Central en forma de leliqs, para que la tasa de interés para remunerar a los ahorristas sea positiva y el sistema no quiebre, también tiene que ser positiva (respecto de la tasa de inflación) la tasa de interés que paga el Banco Central, agravando el déficit de dicha entidad, que se traduce en más emisión de pesos.

Como este párrafo de política monetaria supuestamente “ortodoxa” podría afectar los castos oídos del oficialismo y, seamos sinceros, de parte de la oposición, y como la misión argentina tiene que regresar a la Patria, el comunicado incluye, a renglón seguido, la necesidad de “una coordinación de precios y salarios”.

¿Y sobre la política cambiaria? No sean ingenuos, nadie escribe en un comunicado de prensa la necesidad de ajustar el tipo de cambio oficial, sólo se menciona la necesidad de “políticas para acumular reservas internacionales”.

En otra perogrullada desafortunada, tanto la misión argentina como la del Fondo acordaron que “un amplio apoyo tanto a nivel nacional, como internacional también sería fundamental para el éxito general del programa económico”. ¿En serio? ¿Cuál programa?

Finalmente, el comunicado manifiesta que “…serán necesarias más discusiones...” y que el equipo del FMI y las autoridades argentinas “siguen plenamente comprometidos” para conseguir un programa respaldado por el Fondo.

En síntesis, por ahora, se propone menos déficit fiscal por el lado de los ingresos, más impuestos, tarifas segmentadas y licuación (aunque esto no se puede decir). Ajuste del tipo de cambio oficial para acelerar la devaluación del peso (tampoco se puede decir). Mantenimiento de restricciones a las importaciones, y al resto de la demanda de dólares y algún acuerdo de precios y salarios junto a una política monetaria “adecuada”.

Da la impresión de que para cerrar un acuerdo con el Fondo falta mucho, porque hay que pasar de los adjetivos a los números.

Y falta mucho porque cuando se pase de los adjetivos a los números, el plan tiene que satisfacer al Board del Fondo y a la Vicepresidenta.

Con todo respeto y cariño, no sé qué fue peor para las expectativas económicas, si el comunicado de Plaza de Mayo, o el de Washington.

Enrique Szewach

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