Viernes, 17 Diciembre 2021 13:03

Más relato épico: no es por ahí la estabilización macro - Por Luis Secco

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Finalmente, no hubo sorpresas. Martín Guzmán fue al Congreso y ratificó que el proyecto de Presupuesto que deberá aprobar el Parlamento es el mismo que se envió a mediados de septiembre. Volver a repasar los números de un presupuesto irrealista no parece tener mucho sentido, pero sí vale la pena dedicarse a otros momentos de la presentación del Ministro en la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados. 

En primer lugar, no pasó desapercibida la vehemencia del funcionario con relación al rol del Estado en la economía, tanto durante su presentación inicial como al momento de responder preguntas. El Ministro sostuvo que uno de los principios rectores de la política económica es el rol central del Estado como factor que favorece el crecimiento económico. Además, insistió con la idea de que un ajuste fiscal (que reduzca el tamaño del Estado) no es recomendable en las actuales circunstancias, e incluso enfatizó que la estabilización macroeconómica no es posible sin una recuperación de la actividad económica. De esta manera, invierte el orden causal apoyado por la evidencia empírica que muestra que sin estabilidad macro no hay crecimiento posible. 

Guzmán también sostuvo que el Estado debe adoptar una posición contracíclica para poder contribuir a la recuperación económica. Ahora bien, para poder hacer política contracíclica en la fase descendente del ciclo (la actual), también hay que hacerla en las fases ascendentes del ciclo (lo que no se hizo previamente). En otras palabras, para poder gastar más y tener más déficit fiscal en períodos recesivos, es necesario ser austeros y (ahorrar) en los períodos expansivos. Sobre todo, en una Argentina sin crédito disponible para el soberano. Porque si no, cuando llega el momento de ser contracíclico y expandir el fisco, lejos de aliviar la situación, el accionar del Estado genera más vulnerabilidad, más presiones inflacionarias y mayores tasas de interés y, en lugar de apuntalarla, obstaculiza cualquier posibilidad de recuperación económica.

Ese relativismo sobre la necesidad urgente de estabilizar la macro quedó nuevamente expuesto en otra de las slides que mostró Guzmán, en la que la estabilización macro aparece al final de una lista de 10 objetivos, muchos de los cuales (la mayoría) no tienen la misma urgencia. Además, cabe preguntarse en qué está pensando el Ministro cuando habla de "profundizar el proceso de estabilización macroeconómica". Porque dicha estabilización ni siquiera comenzó y luce totalmente por su ausencia.

Pasada la visita del Ministro al Congreso, seguimos sin demasiadas precisiones sobre cuáles serán los lineamientos de un eventual programa con el FMI, en el marco de un acuerdo que evite el no pago de los vencimientos que operan durante el primer trimestre del año próximo. Si bien es cierto que "la política" puede ayudar para limar o hacer vista gorda en algunos "detalles", está claro que el Organismo tiene problemas tanto si las exigencias son demasiados laxas como si son demasiado fuertes y el Gobierno abandona las negociaciones y entra en cesación de pagos. Además, las dificultades técnicas para firmar, aunque más no sea un "programita que cierre" no son fáciles de resolver.

Empecemos por lo que luce más urgente: las cuentas externas. El BCRA ya no tiene más poder de fuego, las reservas netas no llegan a los u$s 2000 millones. Ni siquiera en un año de ingreso récord de agrodólares y capitalización del FMI, se pudo acumular reservas (salvo transitoriamente a inicios de año). Y la pregunta relevante es: ¿qué pasará el año que viene? Haciendo las cuentas del almacenero (sin ningún desmerecimiento), no hay forma de que el año próximo se puedan incrementar. Entonces, si se trata de un problema de oferta y demanda, una solución podría ser devaluar. Porque a un precio más alto, se podría generar espacio para que se sumen reservas a las arcas del BCRA, tal como lo desea el FMI. De ahí las especulaciones crecientes acerca de una posible devaluación del peso en el arranque del programa. Un hecho que acompañó o precedió el lanzamiento de muchos programas con el organismo (y no sólo en Argentina).

Pero una devaluación del peso en el arranque del programa tiene que sopesarse con la tremenda distorsión de precios relativos y la inflación reprimida causada por los congelamientos de precios y, principalmente, de las tarifas energéticas y de servicios públicos. Porque es lógico pensar que hay que sincerar todo lo que se pueda dicha inflación reprimida, pero si además de corregir tarifas se corrigiese el tipo de cambio, el porcentaje de corrección tarifaria debería ser mucho más alto que en el caso que no se corrigiera la paridad cambiaria. Algo similar podría suceder con otros precios retrasados de la economía, que podrían verse afectados por ambas correcciones.

En tal sentido, cuantos más precios se decidan corregir o sincerar, más consistente tiene que ser el sendero de contención fiscal y monetaria (incluso si se decidiera continuar con precios congelados/acordados luego de la corrección). La ventaja de sincerar las tarifas energéticas es que reduce el agujero fiscal al mismo tiempo que reduce, en el margen, la necesidad de usar divisas para importar energía. Así que es probable que se corrijan más dichos precios que el tipo de cambio. Aunque de seguro, y como hipótesis de mínima, el FMI querrá que el Gobierno no deje que el peso se siga apreciando, para lo cual demandará que su evolución acompañe la inflación.

También cabe preguntarse qué podría suceder con otras variables nominales de la economía, como las tasas de interés, los salarios, etcétera. Pero lo más relevante pasa por saber si el Gobierno dejará a un costado la épica contra la austeridad fiscal y aceptará que no hay programa que cierre si el gasto público no se ubica en un sendero muy diferente al actual. Recordemos que, según el último dato disponible, el gasto estaba creciendo al 97% interanual en octubre pasado. Para cumplir con el proyecto de presupuesto actual, hay que desacelerar el gasto primario bruscamente para que en 2022 resulte sólo un 35% superior al de 2021. Y eso no se logra sin una actitud proactiva y medidas concretas de contención del gasto.

Los programas económicos que buscan corregir desequilibrios macro necesitan del aceite del crecimiento económico. Un programa de ajuste deja de serlo cuando crea condiciones para un cambio abrupto de las expectativas, de manera tal que repercute favorablemente en las decisiones de consumo e inversión rápidamente. Lamentablemente, salvo que nos equivoquemos y que el acuerdo con el FMI no sea sólo un programita a ser corregido o abandonado en un par de trimestres, un ajuste incompleto difícilmente pueda cambiar las expectativas y generar un contexto favorable a un crecimiento de la actividad y del empleo perceptible y sustentable.

Luis Secco

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