Miércoles, 22 Diciembre 2021 12:18

Informe del FMI: Trump, el responsable máximo del Stand By a Macri - Por Carlos Burgueño

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El "paper" del organismo sobre el préstamo del 2018 al país determina que los errores en el otorgamiento del dinero se debieron a las presiones políticas desde el board a los técnicos. Para el Gobierno hay satisfacción porque se menciona que el país no podía devolver los US$57.000 millones 

El responsable del otorgamiento del Stand By del Fondo Monetario Internacional (FMI) a la Argentina durante el Gobierno de Mauricio Macri en el 2018, es Donald Trump. Sin embargo, el organismo no debió avalar el giro de más de 57.000 millones de dólares a la Argentina; simplemente, porque el país no tenía ninguna posibilidad de devolverlo en tiempo y forma. Técnicamente Christine Lagarde, David Lipton, Alejandro Werner y Ricardo Cardarelli, cada uno según su responsabilidad, son culpables de haber hecho más los cálculos al haber habilitado el giro de un dinero que el país no tendría posibilidades de pagar. Y que obligatoriamente provocaría lo que finalmente sucedió: que el país declara rápidamente (en septiembre del 2019) la imposibilidad de seguir cumpliendo con los compromisos firmados y llamara a renegociar el acuerdo. 

Que esto haya sucedido en otra gestión diferente a la de Mauricio Macri (la de Alberto Fernández), para el FMI, es sólo una circunstancia que no amerita la continuidad institucional del crédito Stand By. Y, tal como adelantó ayer este medio, no hay en ningún capítulo del informe del FMI que se presentará hoy en sociedad (y que el Gobierno ya conoce en sus líneas generales); acusaciones directas sobre los cuatro responsables directos de negociar y cerrar el Stand By del Fondo a la Argentina, que tengan el volumen político, económico o financiero equivalente a una acusación que dañe su profesionalidad, ética o judicial.

Estos resultados le producen al Gobierno argentino una sensación agridulce. Por un lado, se confirma que la esencia técnica del Stand By le da la razón a lo que siempre se dijo desde la conducción oficialista: nunca el país debería haber recibido semejante cantidad de dinero. Un monto imposible de pagar. Pero, por el otro, no hay acusaciones directas a la francesa ex directora gerente, el norteamericano ex número dos del FMI, el ex director gerente para el Hemisferio Occidental o el ex responsable del caso argentino; que justifiquen las también habituales acusaciones que surgen desde los extremos políticos del oficialismo (kirchnerismo) sobre las responsabilidades judiciales y políticas de la conducción del Fondo sobre el otorgamiento del crédito.

No hay argumentaciones en el informe del FMI que se presentará esta tarde ante el board del organismo, que justifiquen las acusaciones a la conducción del organismo financiero sobre los apoyos a la campaña política de Mauricio Macri de 2019 para que venza en las elecciones presidenciales de ese año; ni mucho menos el aval a la "fuga" de capitales para que saquen dólares del país bancos, fondos de inversión o los "amigos" del oficialismo de entonces. En ese sentido, habrá mucha desilusión desde el Instituto Patria a lo que determinó el propio Fondo en su paper presentado hoy.

Según el documento, el aval para el otorgamiento del dinero para utilizarlo para destinos cambiarios no es responsabilidad de los hombres y mujeres del FMI, sino por las presiones que surgieron del board del organismo que aprobó el giro del dinero para fines externos a pagar las deudas privadas. Hubo dos momentos clave en que desde el FMI se avaló el uso del dinero prestado para otros fines que no eran cumplir directamente con los vencimientos de deuda comprometidos por el país, alterando su propia Carta Orgánica con el aval del board. El primero fue en agosto de 2018, ante una nueva corrida y ya con débiles reservas del Banco Central como única arma habilitada para la pelea. Argentina realizó un pedido oficial para que los dineros provenientes desde Washington ayudaran a la entidad que manejaba entonces Luis “Toto” Caputo a enfrentar la embestida.

Este economista, de origen demócrata y heredero ideológico de Anne Krueger, se oponía militantemente a violentar el artículo VI de la carta orgánica del FMI, donde se explicita que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”. El técnico de Washington (hombre con poder de decisión), no formaba parte en las misiones del FMI que negociaron, avalaron y luego fiscalizaron el Stand By, pero liberó de responsabilidades a sus colegas que sí participaron. El norteamericano ni lo pensó. Llamó a su secretario del Tesoro Steven Mnuchin, que a su vez telefoneó a Lipton para darle la orden de obedecer a Macri si quería permanecer en su cargo. Lipton finalmente aceptó y firmó el permiso para que el país dispusiera de unos US$6.000 millones para contener eventuales corridas cambiarias, con un límite diario de US$250 millones, inaugurando una etapa de amplia salida de divisas, estabilidad cambiaria y alza de Macri en las encuestas.

Eventualmente, y bajo fiscalización específica del Fondo, para cubrir desvíos fiscales. Como esta operación debía incluir venta de divisas en el mercado local, lo que provocaría intervenciones en el mercado cambiario y emisión de pesos, debía ser negociado con Washington. El segundo momento fue ya en el período electoral del 2019, cuando el Fondo tomó la decisión interna de apoyar, casi incondicionalmente, al Gobierno de Macri luego que Trump y Christine Lagarde se dieran cuenta de que relacionarse con una eventual gestión de Cristina Fernández de Kirchner sería muy difícil de digerir. Hacia mayo de 2019 desde el Palacio de Hacienda y el BCRA se inauguraba una nueva etapa de política monetaria y cambiaria, una vez cerradas negociaciones de alto nivel tanto con el Gobierno norteamericano como con la cúpula máxima del FMI.

En el primer caso, la intervención directa fue de Mnuchin, quien demostró tener palabra. El funcionario de Trump le había asegurado a su par argentino, Nicolás Dujovne, que ante cualquier dificultad extrema que tuviera Argentina sólo debía llamarlo personalmente. Y si el reclamo fuera razonable, no habría problema para acceder al pedido. Siempre y cuando no se tratara de un préstamo directo, lo que sería imposible de aprobar de parte del Congreso norteamericano, donde Trump no tiene muchas cartas por jugar. Las comunicaciones con Mnuchin se dieron hace algo más de 10 días, y siempre fueron fructíferas. Restaba que desde el FMI se diera un cambio radical en su política interna de prohibir expresamente (y en particular a la Argentina) el acceso de dinero proveniente de los préstamos del organismo para contener corridas cambiarias.

El carcelero de esta opción era Lipton, que hasta la asamblea del FMI de primavera mantenía una posición pétrea e innegociable sobre esta cuestión. En aquellos tiempos del 2019, el debate era como convencer a Lipton de firmar una modificación del crédito para la Argentina, para que los dólares puedan utilizarse para ejecutar política cambiaria. En principio, Lipton no aceptaba la alternativa. Sin embargo, eligió dar un paso al costado y que sea Lagarde la que asumiera la responsabilidad ante el board, para el caso en que la ayuda no rinda resultados y el programa Stand By concluya en malos términos. Sólo con esta actitud Argentina pudo obtener la aprobación definitiva del board, alterando la carta orgánica del Fondo.

Carlos Burgueño

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