Domingo, 26 Diciembre 2021 10:56

Un informe tímidamente lapidario, y la mancha venenosa del acuerdo con el FMI - Por Enrique Szewach

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Para firmar un nuevo entendimiento, el Fondo exigirá que el Gobierno, en sentido amplio, se haga “propietario” del nuevo programa económico, que será más estricto 

Finalmente, mi querido amigo, el noruego Odd Perr Brekk, le presentó al Directorio del FMI, su esperado informe sobre el fallido acuerdo con la Argentina. Lo hizo dentro de los procedimientos de rutina de dicho organismo, que obligan a que todo programa excepcional, como el que obtuvo nuestro país, sea sometido a una evaluación ex-post y no porque lo haya reclamado el gobierno argentino. 

Para la vocera del Presidente Fernández, dicha evaluación fue “tímida” en sus conclusiones respecto de las razones esgrimidas para justificar la ayuda excepcional al gobierno de Macri. Para el propio Presidente, en cambio, el mismo informe fue “lapidario”.

Yo no soy quién para dar consejos, y menos a un presidente, pero, con todo respeto, sugiero que el jefe de Estado hable con su vocera, antes que ella exprese públicamente su pensamiento.

Por ahora, ante esta falta de coordinación, quedémonos con que el informe, para el gobierno argentino fue “tímidamente lapidario”.

Pero independientemente de la calificación que merezca el informe de Odd y la discusión que su presentación generó dentro del Board del Fondo, me parece que vale la pena revisarlo, dado que la Argentina y el organismo están en medio de una negociación por un nuevo acuerdo que, casi con seguridad, tomará en consideración, al menos por parte del Fondo, las conclusiones sobre el fracaso del anterior.

Van, entonces, mis comentarios.

En primer lugar, el diagnóstico. Detrás del apoyo del Fondo estaba presente el escenario de “sudden stop”, es decir del freno al ingreso de capitales que se produjo en nuestro país durante el primer trimestre del 2019, en parte por la situación internacional, en parte por la decisión del gobierno del presidente Macri de postergar la idea de avanzar en reformas más profundas, aún con la victoria electoral de medio término. El staff del Fondo consideró, inicialmente, que la Argentina enfrentaba un problema de liquidez. Y que con poner sobre la mesa un acuerdo que implicaba acelerar el gradualismo fiscal y fortalecer el balance del Banco Central, y “mostrar” la disponibilidad eventual de dólares del FMI, bastaba para restablecer el acceso al crédito voluntario privado, y arrancar de nuevo, después del parate comentado.

Pero la confianza no se restableció y en octubre del 2018, el programa mutó a un aporte efectivo de 57000 millones de dólares, en el marco de una política monetaria muy estricta, que se sumaba al esquema de reducción del déficit fiscal y alguna reforma estructural, relacionada con una nueva Carta Orgánica del Banco Central.

Lo paradójico es que el informe menciona que el programa se venía desarrollando conforme a lo previsto, cumpliendo las metas trimestrales en cada revisión. Pero, llegó agosto del 2019, ganó las PASO el kirchnerismo y el programa se terminó, sin que se produjeran los últimos desembolsos.

En otras palabras, más allá de sus errores de diseño, que no fueron pocos, el informe le atribuye el fracaso final del acuerdo al triunfo cuasi irreversible del kirchnerismo en las PASO.

Hago, entonces, un comentario político.

El kirchnerismo acusa al Fondo de realizar una operación excepcional, violando sus propios estatutos, para apoyar al gobierno de Macri, buscando su reelección. El informe retruca: la operación fue ciertamente excepcional, y de alto riesgo para el Fondo, pero no se violaron los estatutos.

Lo que no se dice en el informe es que el acuerdo no fue para apoyar a Macri, fue en contra del kirchnerismo. Téngase en cuenta que el Fondo es, al final del día, una asociación de los países más importantes del mundo, junto a muchos otros. Y el kirchnerismo gobernó peleado o alejado de todos esos países. De hecho, sus verdaderos “amigos” en ese momento, (¿Y ahora?), eran Venezuela, Cuba e Irán y, adicionalmente, en términos de negocios, Rusia y China.

No es de extrañar, entonces, que el Board del Fondo apoyara políticamente, una operación destinada a evitar el default de la Argentina y una crisis aún mayor de la que se vivió.

El problema es que el apoyo fue político y de fondos, pero el programa técnico estaba destinado a que el oficialismo perdiera las elecciones del 2019.

Lo digo de otra forma, los países integrantes del FMI le dieron apoyo político a un programa técnico destinado a evitar una crisis de deuda que le permitiera el triunfo al kirchnerismo en las elecciones del 2019. Pero, el propio diseño del programa hacía que, al menos desde la economía, fueran muy bajas las chances del gobierno de Macri de ganar su reelección.

Los dólares prestados por el Fondo se destinaron a financiar el déficit y pagar deuda, en un contexto de libre de movimiento de capitales. Por eso, entre las “críticas” del informe, se incluye el hecho de no haber reestructurado la deuda, y de no haber introducido restricciones a la salida de capitales. Lo llama “las líneas rojas” que el gobierno de Macri no quiso cruzar. Pero el propio Directorio del Fondo (o alguno de sus directores al menos) reconoció que cruzar esas líneas conspiraba con la idea de restablecer la confianza y el crédito privado, objetivo explícito del propio programa.

En síntesis, los países del Fondo dieron un fuerte apoyo político destinado a que el kirchnerismo no volviera al poder, a un programa técnico que aumentaba fuertemente las chances de una derrota de Macri en las elecciones. ¿Qué hubiera pasado si el gobierno de Macri cruzaba esas líneas rojas en octubre del 2018? Nadie lo sabe, pero el kirchnerismo, lejos de “quejarse” del apoyo del Fondo al gobierno de Macri, debería agradecerle, porque ese programa, al final del día, le haría ganar las elecciones a los Fernández.

En todo caso, el kirchnerismo sí debería preguntarse por qué tiene a gran parte de los países del mundo en contra.

Mirando para adelante, las conclusiones del informe y, sobre todo, los comentarios del Directorio a dicho informe hacen más difícil el nuevo acuerdo.

En efecto, desde el Fondo, porque ahora se exigirá un programa más duro, no más blando, aun aceptando políticas “heterodoxas” incluyendo el cepo y el acuerdo de precios y salarios. Y porque el FMI exigirá que el gobierno, en sentido amplio, se haga “propietario” del nuevo programa.

Y desde el kirchnerismo, porque, precisamente, habiendo demonizado cualquier arreglo con el Fondo, hacerse “dueño” del acuerdo es mancha venenosa, aún sabiendo que el no acuerdo sería peor para la economía, y para las chances del oficialismo en el 2023.

Entonces, ¿no habrá acuerdo? No lo sé. Pero el FMI no quiere firmar cualquier cosa. Y el kirchnerismo quiere que sólo firme la oposición.

Enrique Szewach

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