Lunes, 17 Enero 2022 16:47

La inflación “descendente” de la que habló el presidente no solo no es cierta: ni siquiera es posible - Por Sergio Serrichio

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Tres análisis coinciden en la imposibilidad de que el ritmo de aumento de los precios baje este año

“Ya tuvimos un mes de diciembre con una inflación más baja que diciembre del año anterior. Esperemos que esta senda descendente se sostenga”, dijo el presidente Alberto Fernández luego de conocerse el dato de inflación del último mes de 2021 (3,8%), que llevó el guarismo anual al 50,9 por ciento. 

Tres análisis recientes coinciden en que la afirmación presidencial no solo es falsa, sino que ni siquiera es posible para este año. Un escenario “de base” y “estanflación controlada”, como el de la consultora Equilibra, proyectan 58% de inflación e invierte los dígitos, para elevar al 85%, en caso de no acuerdo con el FMI, lo que llevaría a un círculo vicioso de suba del riesgo-país y retroalimentación cambiaria e inflacionaria fuera del control del gobierno.

“La inflación en la Argentina no es el resultado de la emisión monetaria, sino el resultado de muchas cosas”, dijo el presidente en su asombrosa celebración del dato del mes pasado, que fue inferior al 4% de diciembre de 2020, pero superior al 3,7% de igual mes de 2019 e incluyó una “inflación núcleo” (medición que excluye precios regulados y estacionales) del 4,4%, ritmo que anualizado supera el 67 por ciento.

“Sin argumentos para una baja de la inflación” se titula el último informe semanal de la consultora Invecq, que destaca que el régimen inflacionario de la Argentina ya cambió, y para peor. “Hace 15 meses consecutivos que la inflación núcleo no baja del 3% y en un tercio del tiempo superó el 4 % (…) los diagnósticos errados o medidas laxas servirán de poco en una economía con un alto desorden de precios relativos y de expectativas de los agentes, que la falta de un programa económico acrecienta de cara a 2022″, señaló la consultora encabezada por el economista Esteban Domecq, quien recordó que en 2021 la inflación en el rubro “Restaurantes y Hoteles” fue del 65,4%, en “Prendas de Vestir y Calzado” del 64,6% y en “Transporte”, del 57%, aunque el gobierno insista en cargar las tintas sobre la “inflación internacional” y el precio de los alimentos.

Más allá de los datos mensuales o por rubro, el motor de la inflación está en los desequilibrios fiscales y monetarios, coinciden también los análisis de Equilibra, orientada por los economistas Martín Rapetti y Diego Bossio, y Javier García Cicco, profesor de la Universidad del CEMA, que en un reciente trabajo destacó la “persistencia” de la inflación argentina.

“De los últimos 70 años, en solo 13 tuvimos una inflación promedio anual de un dígito; en 40 años tuvimos registros de dos cifras y en 17 de tres cifras. Además, en 49 de esos 70 años la inflación argentina estuvo en el 10% superior a nivel mundial (entre los países incluidos en la base de datos del FMI), incluyendo en 15 de los últimos 20 años. No solo la inflación en la Argentina es elevada y persistente, sino que en general fue, y aún es, uno de los países con mayor inflación en el mundo”, señaló García Cicco en el portal Foco Económico.

Invecq enfoca la reciente decisión del BCRA de aumentar las tasas de interés de política monetaria de 38% a 40% anual (retribución de las Leliq de corto plazo). Esos 200 puntos básicos serían notables en un país normal, pero son muy poco en perspectiva: “un aumento del 5% frente a alzas que fueron desde 44% hasta 700% en otros países del mundo”. dice el informe, que agrega que la tasa de interés argentina ya era negativa y de nada servirá subirla sin un programa consistente que explique cómo se financiará el déficit de 2022. Un aspecto en el que el Gobierno ya expuso su desnudez cuando Martín Guzmán reconoció que el sendero de reducción del déficit no está acordado. Además, destaca, para que las proyecciones de financiamiento de Guzmán se cumplan necesita crédito de entes como el BID, el Banco Mundial, que no tendrá sin acuerdo previo con el FMI.


Un gráfico de Invecq pone en perspectiva el "endurecimiento monetario" del BCRA al aumentar las tasas de interés

Por otra parte, insiste, no es posible mostrar una senda decreciente del financiamiento del Central al Tesoro, como se plantea, si no se acuerda antes el nivel de déficit, que dependerá también de la capacidad de comprar reservas Internacionales. En promedio los países emergentes, precisa Invecq, cuentan con cerca del 20% del PBI en reservas netas, que para Argentina serían unos USD 80.000 millones. Las del BCRA están cuanto menos 95% por debajo de ese nivel.

Tríptico

El informe lista 3 “claves” para reducir la inflación: 1) cerrar el déficit fiscal, algo que el Gobierno no parece dispuesto a hacer, 2) desindexar los contratos, para reducir la inercia y no presionar la inflación futura, y 3) estabilizar el tipo de cambio. Todas requieren credibilidad. Pero el gobierno solo busca cumplir la tercera, a costa de un cepo cambiario y en medio de crecientes expectativas de devaluación.

“Por eso, como prevé el mercado, pensar en una inflación para 2022 por debajo de la actual es solamente una expresión de deseo; el escenario no está dado para que ello ocurra”, dice la consultora que, al igual que Equilibra, resalta que en 2021 el 76% del déficit fiscal se cubrió con emisión monetaria y solo 24% con deuda “voluntaria”, básicamente atada a la inflación y al dólar y con los bancos cada vez más remisos a medida que avanzó el año. Por eso luce improbable el 63% de cobertura con bonos que proyecta el ministro mediante operaciones de “financiamiento neto positivo”, como llama a la deuda contraída durante su gestión, y crédito de entes multilaterales que hoy luce como una fantasía. En 2021, resalta Invecq, el gobierno debió emitir “cerca de 4,6% del PBI para financiar el déficit, un récord histórico si no se tiene en cuenta el año 2020, un año atípico”.


Cobertura del déficit fiscal: a medida que avanzó 2021 fue bajando la financiación voluntaria y aumentando la emisión del BCRA

Es cierto, reconoce, que la primera licitación de 2022 fue positiva, porque el gobierno colocó $ 114.400 millones, un “roll over” del 206% respecto de los $ 55.500 millones que vencían. Pero hay allí mucho de estacional: en enero y febrero de 2021 ni siquiera necesitó financiamiento monetario. Por eso, dice, “hay poco para festejar”.

Dura de bajar

Según Equilibra, la inflación 2022 no podrá descender respecto del casi 51% de 2021 debido a la forzosa corrección de precios retrasados como el tipo de cambio oficial y las tarifas energéticas. Su escenario de 58% de inflación anual, aclara, presupone un acuerdo con el FMI, sin el cual las cosas pueden ser peores. El incumplimiento con el Fondo cerraría el acceso al financiamiento del BID y el Banco Mundial, implicaría el pago de punitorios al Club de Paris, serios problemas para el sector privado y una tasa de inflación del 85% anual, con riesgo de espiralización.

El gobierno insiste con su perogrullesca afirmación de la “multicausalidad” de la inflación. Guzmán y el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, incluso expusieron al FMI la reciente versión del programa “Precios Cuidados”, que incluye 1.321 productos, como pata anti-inflacionaria.

“Si la inflación está causada por factores tan variados, a primera vista aislados, que afectan a algunos precios un mes y a otros el mes siguiente, ¿cómo puede ser que la variación promedio de los precios (la tendencia) siempre sea muy parecida de un mes a otro, como si hubiera una sincronización detrás de determinantes tan diferentes?, pregunta García Cicco. La explicación más probable, responde, es que la evolución de determinantes aparentemente desconectados refleja algún fenómeno común. Aunque a simple vista la variación mes a mes de la inflación parezca explicarse por factores diversos; la inflación promedio a lo largo del tiempo tiene una causa principal detrás, que explica con una frase de Thomas Sargent (Nobel de Economía 2011): “La inflación persistentemente elevada es siempre y en todo lugar un fenómeno fiscal, del que el banco central es su cómplice monetario”.

En otras palabras, concluye, la raíz de la tendencia en la inflación es “cuánto gasta el gobierno y cómo lo financia”. Y sobre eso el Gobierno argentino sigue sin ponerse de acuerdo con el Fondo y con la realidad.

Sergio Serrichio

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