El anuncio de Alberto Fernández de un acuerdo con el Fondo Monetario promete algo totalmente novedoso: que ese pacto no supondrá ajustes que "postergue el desarrollo" de la Argentina.
Según el Presidente, el acuerdo no tendrá impacto negativo sobre el gasto social. Sin (más) recortes sobre los haberes reales sobre los jubilados. Ni "obliga a una reforma laboral”. “Es un acuerdo razonable que nos va a permitir crecer. Este acuerdo no nos va a acondicionar", definió el jefe de Estado.
El arreglo bloquea una devaluación en el mercado "oficial", al menos de manera "abrupta" que provoque una disrupción de la economía.
Se trata, en definitiva, y siempre según la promesa presidencial, de un acuerdo no convencional. Por fuera del libreto tradicional del FMI, que impone severos ajustes sobre las cuentas públicas.
No es que este acuerdo no lo proponga. Habrá una necesidad de seguir ordenando el gasto estatal, pero de manera audaz, que honre la promesa del jefe de Estado. Que no ahogue la recuperación que se vio a lo largo de 2021.
Desafíos
El desafío, de ahora en más, es que los argentinos que hasta el día de ayer se dolarizaron todo lo que pudieron, de ahora en más consideren que el dólar alternativo sobre los $200 resulta caro. Y que los empresarios, desde el grande al más pequeño, crean que es más negocio reponer su stock de mercadería para trabajar antes que comprar dólares en el mercado "alternativo".
Lo que falta, además de los detalles técnicos del acuerdo, que determinará los compromisos oficiales de acá en adelante, es que el Gobierno cumpla con su palabra demostrarle a la sociedad el rumbo económico para los próximos años. Algo que hasta ahora -excusas mediante- se había postergado, entre otras cosas, por no tener el acuerdo con el FMI.
Ahora que ese acuerdo está, debería funcionar como la piedra basal que sirva para asegurar, ya no la recuperación, sino el crecimiento.
La Argentina no depende sólo de esto para asegurarlo: también depende de un mundo que sea menos hostil que en las últimas semanas. Y de una climatología que no determine una dura sequía.
Este escenario no está en manos de un gobierno. Pero sí que se tracen los lineamientos para asegurar la estabilidad del mercado cambiario y genere la confianza. Una señal poderosa hacia los empresarios y también hacia los consumidores.
Argentina necesita que este 2022 se convierta en el primer año de crecimiento consecutivo por primera vez en más de una década. Desde 2011 que no se da ese escenario de dos años seguidos con signo positivo.
Claudio Zlotnik


El arreglo bloquea una devaluación en el mercado "oficial", al menos de manera "abrupta" que provoque una disrupción de la economía 