Viernes, 25 Febrero 2022 10:58

Vladimir Putin complicó las negociaciones con el FMI - Por Carlos Burgueño

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Según el Fondo el alza del precio del gas a raíz de la invasión a Ucrania provocaría que el país pierda divisas por unos U$S 1000 millones. Desde Buenos Aires se minimiza el problema. La preocupación local es por los efectos del incremento de los precios de los commodities en la inflación. 

Un nuevo e inesperado capítulo provocó en las últimas horas nuevos ruidos en la negociación entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El alza del precio del gas, y el costo que debería pagar el país durante este año, y eventualmente el próximo -por el incremento del combustible- implicaría para el organismo una erogación extra de más de 1000 millones de dólares, lo que presionaría en las arcas públicas y la demanda de divisas durante el 2022. El FMI intuye que ese dinero del que Argentina debería disponer no está (ni estará) disponible en las cuentas públicas, con lo que habrá que ejecutar un ajuste tarifario aún mayor al que se discute. Y sobre el que aún no hay acuerdo en cuanto al incremento que debería ejecutar el gobierno este año en cuanto a las tarifas del gas. En consecuencia, los números del FMI sobre el crecimiento argentino se verían comprometidos. 

Argentina tiene un cálculo diferente en cuanto a las consecuencias de la crisis que afecte al incremento del gas. Para el gobierno, obviamente habrá un incremento en cuanto a los precios internacionales de importación del combustible; pero este no llegará a superar los U$S 500 millones. Según las estimaciones del oficialismo, este mismo ejercicio habrá un incremento en la producción de gas en Vaca Muerta, que le permitirá al país aumentar la oferta y atender al menos parte de la demanda creciente de gas.

Por otro lado, aseguran desde Buenos Aires, si bien sube el precio del gas, también se incrementan los valores de los commodities que exporta el país; lo que le permitiría a la Argentina equilibrar las pérdidas por la suba de los valores de los combustibles. El oficialismo hace referencia no sólo a la soja; que creció casi 10 dólares en las últimas jornadas y se estaciona por arriba de los 600 dólares, cuando el cálculo para el ejercicio se hizo a un precio de U$S 590 la tonelada.

También se mira desde los despachos oficiales los valores del trigo y el maíz, donde la producción local marcaría niveles importantes de disponibilidad. Según las mediciones oficiales, en el peor de los casos, la crisis por la invasión rusa a Ucrania terminaría resultando para el país, en términos de mercado "ancar". Esto es, en un empate técnico. Al menos por ahora. Y, de ninguna manera, ameritaría una reapertura de los capítulos ya discutidos entre el país y el FMI.

En el fondo, el problema es siempre el mismo. Desde Washington, no se le cree a Martín Guzmán que este ejercicio la economía crezca entre 3,5 y 4,5%. El FMI considera que al país le faltarán dólares para lograr esa meta, y que los grandes impulsores industriales de ese eventual incremento del producto tendrán escasez de divisas para importar insumos. Se mencionan desde la sede del Fondo, a la producción automotriz, químicos, petroquímicos, maquinaria y, especialmente, al campo; quién a su vez es el principal aporte de divisas.

Carlos Burgueño

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