Viernes, 25 Marzo 2022 09:29

Un Gobierno sin ideas contra la inflación - Por Luis Secco

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No es fácil no caer en lugares comunes a la hora de evaluar los anuncios y las políticas del gobierno de Alberto Fernández. Sobre todo, porque siempre todo huele a viejo y gastado. Aún con una realidad que los sacude, a los funcionarios de esta administración no se les cae ni una idea nueva. 

Pero no es ése el único problema: además de viejos y oxidados, sus pertrechos para luchar contra la inflación son cuanto menos obsoletos y totalmente ineficaces; y como si todo esto fuera poco, en lugar de atacar los problemas de manera integral y conjunta, prefiere andar a las perdigonadas, dejando pasar una y otra vez las oportunidades que se le presentan para armar un plan serio y consistente. Este último punto es central de cara a lo acontecido con el entendimiento alcanzado con el FMI. 

El Gobierno desperdició una bala de plata, una de las pocas que le quedaban, anunciando un programita que no es otra cosa que la continuidad de la nada misma. Y volvió a desperdiciar otra creando falsas expectativas entorno al anuncio del Presidente Fernández de que ahora sí empezaría su "guerra contra la inflación". Un anuncio que, como diría el genial Tato Bores, "parece chiste si no fuera una joda grande como una casa".

Los costos de este accionar, de la falta de credibilidad y del empecinamiento prescriptivo del Gobierno, se agravan además porque muchos de los argumentos y, por ende, de las medidas que impulsa reflejan una gran confusión teórica y práctica:

  • * La confusión entre inflación y niveles de precios. Cuando se habla de inflación dando ejemplos de diferencias de precios entre diferentes cadenas o lugares de venta, lo que se está haciendo es comparar precios de un mismo bien en diferentes lugares (o métodos de comercialización). Pero eso no tiene nada que ver con la inflación. Que un mismo bien tenga diferentes precios en un momento del tiempo dado, no es lo mismo que el precio de ese bien se incremente a lo largo del tiempo cualquiera sea el lugar o la forma en que se vende.
  • * El rol de los supermercados y de las empresas formadoras de precios. Muchas veces el Gobierno apunta al rol de las cadenas de supermercados y a las grandes empresas de alimentos como responsables de la inflación. De nuevo vale la aclaración anterior. Puede haber diferencias de precios de un mismo producto dependiendo de quién o dónde la vende o de quién la produce, pero esas diferencias no son sinónimo de inflación. Además, es ridículo pensar que las grandes cadenas internacionales o las grandes productoras de alimentos, la mayoría de las cuales son multinacionales, se ensañan con los consumidores argentinos, generando inflación en este país, pero no en ningún otro donde operan.
  • * Los precios estacionales. Estos pueden ocasionalmente impulsar el promedio de los precios al consumidor hacia arriba, pero no se puede perder de vista que la inflación núcleo (esto es el promedio menos los regulados menos los estacionales) ha sido superior al promedio del IPC en 34 de los últimos 62 meses (en 3 meses fueron iguales). Y ha venido a un ritmo del 55.4% anual contra un 52.8% anual del promedio desde fines de 2020, lo que refleja que el problema no son algunos incrementos ocasionales de precios, sino que son la mayoría de los precios los que aumentan sistemáticamente. Volviendo a los estacionales, también se observa que en 34 de las últimas 62 observaciones, la inflación núcleo ha estado por encima de la estacional. Por lo que resulta muy difícil culpar al comportamiento de los precios estacionales de la aceleración inflacionaria que se viene dando durante los últimos cinco años.
  • * Los precios internos de las exportaciones. Cada vez que el precio internacional de los productos de exportación de Argentina aumenta de manera significativa, el Gobierno intenta desacoplar dichos precios de los precios internos mediante diversos mecanismos. No sólo recurre a las retenciones sobre las exportaciones, o al congelamiento de precios, sino que en muchos casos directamente prohíbe las exportaciones de ciertos productos. Estas medidas, de dudosa efectividad sobre la inflación, sí tienen consecuencias ciertas sobre los incentivos de los productores para producir y exportar más (que es lo que debería tener como norte la política económica en una situación como la actual). Además, la inflación importada puede ser objeto de discusión y foco de la política económica cuando observamos tasas de inflación del orden del 5% anual, pero pasan a un segundo o tercer plano cuando es la tasa de inflación mensual la que se ubica en dichos niveles.
  • * El origen multicausal de la inflación. Tomando en cuenta los puntos anteriores, la hipótesis de un origen multicausal de la inflación argentina queda bastante desdibujada. La inflación en Argentina es un fenómeno de origen claramente fiscal. Y no hay manera de reducirla si no se termina con la dominancia fiscal sobre la política monetaria. En el Acuerdo de Facilidades Extendidas con el FMI, el ministro Martín Guzmán se comprometió a reducir el déficit fiscal y la emisión para financiar al tesoro, pero fue muy pobre en el cómo piensa hacerlo. Amén de que el ajuste necesario para llegar a la meta del 2.5% de déficit primario comprometida es mucho mayor del que surge al considerar el déficit del año pasado, por cuanto la inercia de las cuentas públicas apunta a un déficit (si no se hace nada) del orden de los 5 puntos del producto.

Lamentablemente, aunque se conozcan algunos detalles más en los próximos días, los anuncios del Presidente del viernes pasado, lejos de tener un impacto positivo sobre las expectativas, reafirmaron el pesimismo sobre la voluntad y capacidad del Gobierno para reducir la inflación.

Y, frente a las expresiones de deseo y el voluntarismo del programita que se acordó con el FMI, lo único concreto es que en los dos primeros meses del año, el gasto del sector público nacional siguió creciendo unos diez puntos por encima de los ingresos, a una tasa del orden del 70% anual, con una inercia tan preocupante como la que mostraba en los últimos meses del año pasado.

El gasto sigue en el primer lugar del podio entre las variables que más crecen, seguida de cerca por el pasivo del BCRA y por la inflación. Lo cual no es, por cierto, pura coincidencia.

Luis Secco

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