Domingo, 08 Mayo 2022 11:58

El programa político de Fernández conspira contra el plan económico de Fernández - Por Enrique Szewach

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En su discurso del viernes pasado, la Vicepresidenta insistió con su diagnóstico de los problemas económicos, y con su “solución” 

Y finalmente, como en aquél viejo chiste, Fernández (Cristina) habló. 

Me concentro en el tema estrictamente económico y coyuntural. No tiene mucho sentido destacar que la Vicepresidenta y/o sus asesores y asesoras, tienen dificultades para entender la política monetaria. Que confunden oferta monetaria con demanda (error bastante común), o que ignoran la relación entre la política monetaria y la “falta de dólares”.

A los efectos prácticos, esas consideraciones resultan, a mi modesto juicio, totalmente irrelevantes.

Lo importante del discurso del viernes, es que Fernández (Cristina) insistió con su diagnóstico y con su “solución”.

Para la Vicepresidenta la emisión monetaria, en su mayor parte producto del financiamiento del déficit fiscal, no genera inflación.

Para Fernández (Cristina) el nuevo régimen inflacionario en que está inmersa la Argentina desde el primer trimestre del 2018 y los problemas que se derivan, se deben, fundamentalmente, a que “no hay dólares” (se nota que es lectora sistemática de esta columna y por eso sabe que “sin dólares no hay paraíso”).

Pero esa escasez de dólares en las arcas del Banco Central, no se origina, según ella, en los desequilibrios macroeconómicos y la consecuente destrucción de la moneda local como instrumento de ahorro. La causa principal de la falta de dólares es una “bimonetariedad” cuasi cultural de los argentinos. Anomalía que sólo se resuelve, insistió, con un gran acuerdo político.

El kirchnerismo duro siempre subestima a la economía, y reduce todo a la política (dicho sea de paso, todos los políticos que subestimaron a la economía terminaron mal).

Por lo tanto, el fracaso de Fernández (Alberto) se debe a que él y sus ministros del área, han sucumbido a los poderes concentrados, al Fondo Monetario, a los medios de comunicación hegemónicos, y no han ejercido el poder que ella les delegó, para defender al pueblo que, en consecuencia, les ha dado la espalda en las elecciones del año pasado y, si no se modifica este escenario, les dará nuevamente la espalda el año próximo.

El problema del gobierno de Fernández (Alberto) entonces, es un problema de mal ejercicio del poder.

Néstor Kirchner arrancó con mucho menos votos, en su origen, pero se ganó la legitimidad defendiendo al pueblo de los poderosos y “poniendo a parir a los empresarios”, como le manifestó, en una mezcla de elogio y queja, en su momento, el presidente de la cámara de empresarios españoles.

La “traición” de Fernández (Alberto) y de Martín Guzmán, es que, en cambio, se rindieron a la visión fiscalista y monetarista del Fondo. La de Kulfas, es que es un blando ante los empresarios, y la de Moroni, que permitió que el salario real cayera.

¿Y por qué todo esto es importante, mirando los próximos meses? Porque, mal que le pese a Fernández (Cristina), la economía sí importa.

En este momento, las dos anclas que tiene la economía argentina para no “desbordar” son, por un lado, el programa con el FMI y, por el otro, que la oposición tiene la capacidad de limitar el poder de daño del kirchnerismo duro en el Congreso.

Respecto del primero, cumplir con el acuerdo con el FMI implica aumentar los precios de los servicios públicos, reducir el déficit fiscal y su financiamiento monetario y evitar más atraso cambiario, en el precio del dólar oficial.

En otras palabras, el programa que Fernández (Alberto) intenta instrumentar se contradice con el programa que Fernández (Cristina) pretende.

La primera ancla, entonces, pone a prueba la estabilidad del gobierno.

Si Alberto, ignorando las advertencias de su “mandante”, respalda a Guzmán y sus medidas, el escenario económico, de corto plazo, es de “estanflación ordenada”, pero puede profundizar la crisis política interna. Pero si esta crisis se agrava aún más, termina desestabilizando más la economía.

Y si, por el contrario, intenta compensar las consecuencias de su propio programa, para satisfacer a Fernández (Cristina), se queda en el peor de los mundos, desestabilizado y sin dólares.

La segunda ancla, paradójicamente, pone a prueba a la oposición. Porque el kirchnerismo duro tratará de gobernar desde el Congreso, proponiendo medidas que comprometen el programa con el FMI.

Ese escenario, ataca la unidad de la coalición opositora, porque puede explicitar que alguno de sus integrantes está más cerca de “pensar” como el kirchnerismo duro de lo que parece.

Y si la oposición da muestras de que no es capaz de mantenerse unida para frenar los embates de la coalición gobernante en el Congreso, “salta” la segunda ancla que sostiene este frágil escenario. Porque agrava el presente y, a la vez, el futuro.

Y aquí estamos con Fernández (Alberto) tratando de liderar al kirchnerismo blando, e intentando gobernar sin el poder delegado que recibiera en su momento.

Con Fernández (Cristina) pidiendo que el presidente “vuelva” de su traición y acepte instrumentar un programa político que rompe con el programa económico, mientras busca probar desde el Congreso una variante impensada del Teorema de Baglini: “que se puede ser insensato aun ejerciendo el poder”.

Y con la coalición opositora también ante el desafío de la variante impensada inversa del Teorema de Baglini, “ser sensatos sin tener el poder”.

De pronto, no sé por qué, recordé aquélla vieja maldición china “te deseo que vivas épocas interesantes”.

Enrique Szewach

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