Domingo, 22 Mayo 2022 08:57

Putin y Powell, niveles versus tasas, y una macro totalmente desanclada - Por Enrique Szewach

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Mientras la interna del Gobierno se refleja en el ir y venir de anuncios inconsistentes, las expectativas de inflación siguen sin encontrar otro freno que el nivel de actividad 

La economía global está atravesando un contexto complejo. Primero y obvio, las consecuencias de la invasión de Rusia a Ucrania y sus efectos sobre la oferta de ciertos commodities y, por lo tanto, sobre sus precios. 

Simultáneamente, los efectos de los cambios en la política monetaria del Banco Central de los Estados Unidos, FED para los amigos, y no sólo el de Estados Unidos, tratando de reencausar la tasa de inflación global, y recuperar la reputación perdida en medio de la fuerte expansión monetaria derivada del intento de mantener la economía funcionando a pleno durante el pico de la pandemia del COVID 19.

Desgraciadamente, la invasión rusa parece que va para largo, y lo mismo ocurre con los cambios en la política monetaria global.

Ello significa que estamos ante una modificación de los precios relativos de alimentos y energía, que luce duradero y frente a un clima financiero de “desinfle” de Wall Street, un dólar fuerte, y la desaceleración de la economía global, que genera, entre otras cosas, un “efecto pobreza” en todos aquellos ciudadanos del mundo que han destinado parte de sus ahorros a la tenencia de acciones, cripto activos, etc.

Como saben, aún antes de este nuevo contexto internacional, la Argentina encaraba su propio cambio de política económica en el marco del acuerdo con FMI.

La necesidad de “desreprimir” algunos precios, como el del dólar oficial y el de los servicios públicos, junto a una política monetaria más contenida, y una suba de la tasa de interés nominal para tratar de incentivar cierto aumento del ahorro en pesos.

Pero sucede que la intersección de ambas trayectorias, la global y la local, ha tenido consecuencias “inesperadas”.

En particular, porque dicha interacción sumada a la interna de la coalición oficialista ha debilitado la potencia estabilizadora del acuerdo con el Fondo.

Me explico. Como le vengo contando hace rato, el programa con el FMI pretendía mejorar la situación fiscal, reduciendo los subsidios a la energía, licuando jubilaciones e inflando la recaudación tributaria, manteniendo “anclada” la tasa de inflación en torno al 50-60% anual.

E intentaba mejorar la posición de reservas con una aceleración en la evolución del precio del dólar oficial, y una política monetaria y de tasa de interés que incentivara la demanda de pesos y achicara la brecha cambiaria. Estas eran las modestas metas del acuerdo.

Pero el escenario internacional presiona sobre los subsidios a la energía al alejar aún más los precios internos del petróleo y el gas locales de los globales, obligando a más gasto público, y dificulta la acumulación de reservas, porque si bien aumenta el valor de las exportaciones agroindustriales, también incrementa el costo de las importaciones estacionales de gas y gasoil. Es decir, problemas fiscales y problemas en las reservas. A esto se le suma que, para mantener la unidad del gobierno, o en todo caso, minimizar su “desunión”, el gobierno intenta contentar a su oposición interna reduciendo las licuaciones del gasto, incrementando, vía bonos varios, aumento de salarios públicos y otras políticas, el llamado gasto social. Con ambos problemas, los fiscales y los de acumulación de reservas, empeorando, el acuerdo con el Fondo deja de ser “ancla”, la inflación sube otro escalón, y las expectativas empeoran.

A esto hay que agregarle que los problemas fiscales se traducen en problemas monetarios, porque hay que emitir más pesos para financiar el déficit, y ya había que emitir más, para financiar la deuda del Banco Central, -leliqs- dada la mayor suba de la tasa de interés que fija la autoridad monetaria, por la mayor tasa de inflación.

Encima, todo esto acorta la “vida” de los contratos salariales privados e implícitamente del resto, y de la renovación de la deuda pública en pesos, la cual está dejando de ser en “pesos” y pasando a ser en “pesos indexados”. Y también se hace difícil la “heterodoxia” de los pseudo acuerdos de precios, por debilidad del poder, por la inconsistencia con el marco fiscal y monetario y por el propio incremento de la tasa de inflación.

Sin anclas fuertes a la vista, el futuro de corto plazo asoma complicado.

Una digresión en torno a los impuestos a la exportación como instrumento para “desacoplar” los precios internos de los alimentos, de los internacionales.

Aquí existe una confusión. Lo que se produjo en el mundo ha sido un “salto” de algunos precios por el shock de oferta generado por la invasión de Rusia a Ucrania. Ese salto es un cambio en el nivel de los precios de algunos productos agroindustriales y del petróleo y el gas. Con fluctuaciones diarias, es cierto, pero, un cambio en el nivel.

El problema de la Argentina no es el nivel de los precios, o en todo caso, no es el problema principal. Nuestro problema es su tasa de variación, la inflación.

Dicho de otra manera, ciertos productos en nuestro país son permanentemente más caros que en el resto del mundo -ese es el nivel- pero si estuvieran siempre a la misma distancia de caros, su tasa de variación mensual -lo que mide la inflación- sería solo la variación internacional.

El impuesto a la exportación -retenciones- baja permanentemente el nivel del precio interno del producto, pero si el precio del producto aumenta todos los meses, mientras en el mundo está constante, la respuesta hay que buscarla en otro lado, en la variación de los costos internos, o en las expectativas, o en el desorden macro, etc. Las retenciones “desacoplan” niveles, no combaten la inflación, y menos cuando la inflación “viaja” al 65% anual.

De manera que, cuando el Presidente propone a la mañana aumentar las retenciones y a la tarde se desmiente, no está hablando de una política antiinflacionaria, está hablando de una política fiscal, de subir un impuesto, cuya efectividad o razón de ser hay que discutirla en el ámbito de la política fiscal, y sus efectos sobre la producción, no en el de la aceleración inflacionaria de estos meses.

Retomo.

La mayor inflación y el racionamiento de las reservas llevan al estancamiento de la economía, y se dificulta así, cumplir con el acuerdo con el Fondo.

Pero si se relajan las metas para que el acuerdo se cumpla, lo más probable es que la inflación se acelere más y el estancamiento también.

Y este es el dilema del Gobierno. Elegir una política económica “respetuosa” del acuerdo lo obliga a endurecer la política fiscal y monetaria y a pelearse aún más con sus “socios” de la coalición.

Priorizar cierto “disimulo” de la ruptura interna del kirchnerismo, con un programa “dual” de ajuste a la mañana y desajuste a la tarde, puede acelerar aún más las expectativas de inflación.

Por ahora, lo único anunciado para “reanclar” expectativas de inflación, ha sido el cambio de jurisdicción de la Secretaría de Comercio y, desde el Banco Central, reemplazar animalitos por personas, en los billetes. Esto último, si bien es un acto de justicia en defensa de la fauna argentina, no parece ser un instrumento muy potente para estabilizar la suba de precios.

En síntesis, mientras la interna del Gobierno se refleja en el ir y venir de anuncios inconsistentes, las expectativas de inflación siguen, como le dije la semana pasada, sin encontrar otro freno que el nivel de actividad.

Y encima, Putin tiró la llave que le dio su amigo, nuestro Presidente, para entrar a Latinoamérica, y además de asesinar ucranianos, le arruinó el ajuste fiscal, y la acumulación de reservas.

Y mi amigo Jay Powell -presidente de la FED- tratando de volver de sus errores, y recuperar la reputación perdida, encarece el dólar y desarma el “efecto riqueza” de los inversores de Wall Street, incluyendo a los argentinos.

Con amigos así…

Enrique Szewach

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