Miércoles, 15 Junio 2022 12:31

Inflación en baja: Guzmán recupera oxígeno, pero hay riesgos de repunte en el corto plazo - Por Fernando Gutiérrez

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El ministro está cumpliendo su promesa de lograr una baja cada mes, aunque en junio surgen desafíos por la suba de tarifas y el nuevo descontrol monetario 

La caída de casi un punto en la inflación de mayo -5,1% contra un 6% de abril- le dio otra dosis de oxígeno político al ministro de Economía, Martín Guzmán, que, en un contexto de hipersensibilidad por la escapada del dólar, al menos puede argumentar que está cumpliendo la promesa que asumió en marzo, cuando dijo que a partir de ese momento cada mes tendría una inflación menor a la anterior. 

Aunque no se trate de números festejables, lo cierto es que desmienten los peores pronósticos sobre un colapso de la economía, como la célebre frase "esto se va a poner feo", pronunciada hace dos meses por el entonces secretario de Comercio, Roberto Feletti.

Si bien el IPC de mayo no espera con el ansiado número "4" que pretendían los funcionarios, no deja de ser un relativo alivio, dado que la economía tiende a regresar a un ritmo inflacionario "normal" en torno del 4%.

De hecho, en la última encuesta REM hecha por el Banco Central entre los principales bancos y consultores, se estima que habrá una senda descendente hasta llegar a fin de año en niveles inferiores al 4% mensual, con lo cual se completará un 72,6% en todo el año.

No deja de ser un pronóstico optimista, ya que, pese a lo abultado del número anual, prevé que la inflación irá en descenso al tiempo que la economía crecerá un 3,3%, una combinación difícil de lograr, ya que la inflación en baja suele asociarse a momentos recesivos.

Paradójicamente, los propios socios de la coalición gubernamental, los sindicatos y los empresarios se muestran más escépticos que los economistas sobre que ese ritmo de mejora se pueda sostener.

¿Se descomprime el rubro alimentos?

Lo cierto es que, pese a lo complicado del momento, Guzmán tiene algunos tibios motivos de festejo. Por ejemplo, que el rubro más sensible de los que componen el IPC, el de alimentos, se ubicó por segundo mes consecutivo debajo del promedio general de variación de precios: marcó un 4,4% contra un IPC de 5,1%, y en abril había marcado un 5,9% contra un IPC de 6%.

El acumulado anual para alimentos todavía da más alto que el general: un 33,6% contra un 29,3%. Es algo que se explica por los dos meses en que se produjo el gran impacto de la suba que el Gobierno atribuyó a la “inflación importada” por la nueva situación global generada por la guerra en Ucrania: en febrero se había registrado un 7,5%% y en marzo un 7,2%.

Pero desde febrero, la inflación de alimentos ha registrado una caída sistemática mes a mes, una situación que ha llevado incluso a replantear el debate sobre si es correcto hablar de un “acople” entre los precios del mercado internacional y los del mercado doméstico, o si las subas de inicio de año habían respondido más a motivos de política económica local.

Guzmán, de hecho, ha sido uno de los funcionarios que menos entusiasmo ha mostrado en defender esa postura, y más bien enfatizó en argumentos más propios de los economistas ortodoxos, como la necesidad de recortar el déficit fiscal y de disminuir la dependencia de la “maquinita” del Banco Central para financiar el gasto público.

“Es necesario que Argentina siga reduciendo su déficit fiscal y por lo tanto dependa menos del endeudamiento y la emisión monetaria. Esto es una cuestión aritmética, no hay ideología. Si vos tenés déficit, tenés más deuda y emitís más, y entonces parte de esos pesos van a presionar al tipo de cambio y a la inflación”, fue la elocuente frase del ministro en una entrevista en C5N en el momento en que recibía más críticas internas.

El desafío de junio con aumentos

Por lo pronto, el desafío de Guzmán es que en junio pueda continuar la senda descendente, algo que los economistas ven complicado. La encuesta REM prevé un 5,1%, el mismo número que dio mayo, aunque las consultoras que realizan relevamientos de precios propios se muestran más pesimistas.

Los alimentos mostraron un repunte en las primeras semanas del mes, sobre todo rubros como frutas, sometidas a un efecto estacional. Pero, además, hay otros factores que inciden en el rubro servicios, desde medicina prepaga -que recibió una autorización de ajuste en cuotas de 10%- y, por supuesto, el siempre controversial rubro de las tarifas.

Hasta ahora, el rubro tarifario era el que había cumplido la función de "ancla" en el contexto inflacionario, pero ya en junio estará impactado por los nuevos aumentos tarifarios -un promedio de 16% para electricidad y entre 18% y 25% para el gas-. Los precios coincidirán, además, con un momento estacional de incremento en la demanda, debido a las temperaturas invernales, lo cual exacerba la capacidad de "contagio" de las tarifas al resto de los precios de la cadena comercial.

Es por eso que algunos analistas prevén que en junio el índice estará por encima del 5%. Eso rompería la promesa de Guzmán, que está extremando las medidas de política anti inflacionaria, al punto que se ha resignado a seguir subiendo la tasa de interés, pese a las críticas por los efectos de enfriamiento sobre la actividad industrial y comercial.

Un afloje en la línea de ajuste ortodoxo

No es la primera vez que Guzmán hace una promesa sobre bajar la inflación mes a mes. Ya lo había hecho en marzo del año pasado, y lo había cumplido hasta agosto, cuando el IPC tocó su mínimo del año, con un 2,5%. Pero no era un año cualquiera: era un año electoral.

Lo cierto es que en el primer semestre del año pasado se había mantenido una austeridad fiscal, con un gasto público que evolucionaba a la mitad de velocidad que la recaudación impositiva. Una de las variables de ajuste había sido el pago de jubilaciones, lo cual le valió los primeros chispazos con el kirchnerismo.

Lo cierto es que, en el final del año, en el marco del llamado "Plan Platita", la disciplina fiscal y monetaria se descontroló: sólo en el último trimestre del año pasado se emitió más que en los nueve meses previos para cubrir gasto público. Hablando en plata, se volcaron al mercado unos $964.000 millones -que, en términos de la base monetaria, implicaron una inyección de 28%.

Guzmán no lo dice explícitamente, pero el consenso de los economistas es que en ese desborde está el verdadero motivo por el cual se produjo el rebrote inflacionario en el verano.

El ministro Guzmán se ha mostrado confiado en que este año no le volverá a ocurrir lo mismo, por tres motivos poderosos: el primero es que no es un año electoral; el segundo es que el acuerdo con el FMI pone límites al descontrol del gasto; y el tercero es que los precios agrícolas hacen prever un aporte récord de dólares con los cuales mantener bajo control al tipo de cambio.

Sin embargo, todas estas premisas están siendo puestas en duda en los últimos días. Después de un inicio de año austero -incluyendo tres meses en los que se contrajo la base monetaria y se desistió la asistencia del Banco Central-, ahora vuelve a preocupar un afloje en la disciplina de las principales variables.

El gasto público volvió a crecer 10 puntos porcentuales por encima de la recaudación tributaria y 30 puntos sobre el índice de inflación. Y el ministro tuvo que pedir $260.000 millones a la “maquinita” del BCRA, ya lleva utilizado un 54% del máximo de financiamiento monetario al que se comprometió con el FMI.

Lo peor es que hay fuertes factores, tanto económicos como políticos, que llevan a esta situación se agudice. Sobre todo, la escasez de gas en el período invernal, que supone una presión sobre las reservas del Banco Central y que impone inevitables aumentos de costos sobre la cadena logística.

Además, juega la “puja distributiva”, como quedó demostrado, una vez más, con el masivo acto piquetero realizado en el centro porteño el mismo día en el que se esperaba la publicación del IPC.

¿El consumo es la nueva ancla?

En realidad, el mayor temor que se instaló en el Gobierno no es que Guzmán sea incapaz de cumplir su promesa de inflación en descenso, sino que la cumpla al costo de enfriar la economía.

Más concretamente, a que las tradicionales "anclas" -el dólar y las tarifas públicas- sean sustituidas por los salarios y las jubilaciones. Y, de hecho, los últimos números sobre consumo ya dan cuenta de una fuerte caída en la capacidad adquisitiva de la población.

Por caso, el relevamiento de la consultora Focus Market, que dirige el economista Damián Di Pace, arrojó en mayo una caída interanual de 6,7%, lo que implica la cuarta medición consecutiva en que se produce un retroceso.

Y, lo que es peor, cuando se pone la lupa sobre el conurbano bonaerense, donde residen los sectores que se ubican en la base de la pirámide de ingresos, la caída del consumo asciende a un impactante 11% en términos reales.

Como ejemplo y símbolo máximo de la situación en la que se encuentra la economía del mercado doméstico, el consumo de carne vacuna marcó otro mínimo récord: con 47,8 kilos per capita, se ubica en su nivel más bajo de un siglo, superando incluso a grandes crisis como la del año 2002.

No es, precisamente, la forma más recomendable para combatir la inflación. Y, por lo demás, parece demostrado que no resulta políticamente viable.

Es por eso que la expectativa del mercado es que Guzmán, si pretende que el breve oxígeno que acaba de renovar con el último dato del IPC, dé señales firmes en cuanto a su compromiso de mantener la disciplina fiscal y monetaria, algo sobre lo que se han agravado las dudas, como se evidenció con la nueva corrida cambiaria.

Fernando Gutiérrez

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