Viernes, 17 Junio 2022 09:25

Dólar e importaciones: cómo hará Scioli para ayudar a Pesce a remontar un "seis a uno" en contra - Por Fernando Gutiérrez

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Los industriales recibieron al flamante ministro con una propuesta de desdoblamiento cambiario y el pedido de recortar dólares a importaciones comerciales 

Quién le iba a decir al presidente del Banco Central, Miguel Pesce, que llegaría el día en el que el índice que le generaría más ansiedad no sería el de inflación ni el dólar paralelo sino el de la balanza comercial. Justo él, que había pronosticado que este sería un año de estabilidad y alto crecimiento gracias al nivel récord de exportaciones, previsto en u$s85.000 millones. 

Pero cometió un error de cálculo: no previó que las importaciones iban a crecer a una velocidad superior al 40%, mientras las exportaciones lo hacen a menos de 30%. Su visión, como lo expresó en entrevistas periodísticas a comienzos de año, era que este año se rompería la maldición del "tres a uno", esa relación histórica que implica que, por cada dólar que crezca el PBI, las importaciones deben hacerlo en tres dólares.

Y que eso ocurriría porque el año pasado, cuando la economía creció 10%, las importaciones saltaron un 50%, algo que no se justificaba por las necesidades comerciales ni productivas, y que había sido provocada por una actitud especulativa. Pero se mostraba confiado en que, este año, ese fenómeno se revertiría, de forma que el crecimiento importador fuera menor.

Por eso, se mostraba tranquilo respecto de que un alto crecimiento del PBI -el cálculo oficial es de un 4,5% este año- no debía hacer suponer en una variación de 13% en las importaciones, como ocurriría en un año normal, sino que daría una cifra mucho menor.

Sin embargo, la realidad marca que está ocurriendo todo lo contrario: mientras los economistas tienen dudas sobre el crecimiento del PBI y revisan sus proyecciones a la baja – será de 3,3% según los participantes de la encuesta REM del Banco Central-, las importaciones pisan el acelerador. La previsión de los analistas es que se importe por u$s77.399 millones. Esto implica que el saldo comercial del año será de u$s9.000 millones, una cifra que luce exigua frente al robusto superávit de u$s14.750 millones registrado el año pasado.

Pero eso no es lo peor: si se cumple la previsión de los analistas, implica que las exportaciones habrán crecido a un 22%, en un año en el que el crecimiento económico será modesto. Para ponerlo en números: por cada punto de suba del PBI, habrá seis de suba de las importaciones.

Es decir, el efecto absolutamente inverso al previsto por Pesce: se alteraría la tradicional regla del "tres a uno", pero no para mejor sino para peor.

La lupa sobre importación “para stockear”

Es por eso que se considera que el dato de la balanza comercial de mayo, que se conocerá la semana próxima, estará entre los síntomas más preocupantes de la situación económica. Las cifras preliminares indican que se registrará un récord histórico de u$s7.800 millones.

Y todo hace suponer que en junio la situación no será muy diferente, dada la exigencia que supone la importación de combustibles, en medio de la crisis por escasez de gasoil. Como botón de muestra, el Banco Central tuvo que vender, en las últimas dos jornadas, nada menos que u$s200 millones, en un momento en el que debería estar embolsando reservas gracias a la liquidación récord de la exportación agrícola.

Pero en el Gobierno se está instalando una certeza: no se puede achacar toda la culpa de la situación a la gravedad del tema energético. Es cierto que este rubro está creciendo a un 200% y lidera por lejos el ranking entre las importaciones que suben más rápido, pero su participación en el total de las compras todavía es relativamente menor: un 13% del total.

A fin de cuentas, el peso del rubro energético era algo que estaba previsto desde que la guerra en Ucrania alteró por completo el mercado global. En cambio, lo que nadie en el Gobierno preveía era la explosión en la importación de bienes de consumo o de insumos cuyo crecimiento no se condice con el ritmo de producción industrial del país.

Algunos economistas le pusieron cifras al fenómeno: Emmanuel Álvarez Agis estima que todos los meses hay un 15% de compras que obedecen a motivos especulativos: es decir, a aumentar el stock para prevenir una eventual devaluación futura. Si se considera los últimos 12 meses, la cifra ascendería a u$s10.000 millones.

Era un punto sobre el que otros economistas venían advirtiendo desde hace semanas. Como Rodolfo Santangelo, que veía señales de sobrefacturaciones en la importación, incentivadas por el retraso cambiario.

"Con una brecha tan alta como la que tuvimos en estos años, los incentivos a comportamientos ilegales para hacerse de dólares extras baratos y dejarlos en el exterior son altísimos. Es como decir que parte del ‘faltan dólares’ tiene que ver con la alta brecha. Y la alta brecha es consecuencia del desorden macroeconómico, ya sea fiscal, monetario, financiero, deuda o externo", remarcó.

Mientras que otros analistas advertían sobre la necesidad de aplicar medidas urgentes de "comercio administrado". Como Rodrigo Álvarez, economista jefe de la consultora Analytica, que planteaba: "La clave pasa por administrar inteligentemente los pocos dólares que hay, regulando los sectores que están recibiendo más de lo que debieran, pero asignándolos a otros estratégicos, como Vaca Muerta, con capacidad de multiplicarlos".

De hecho, parte de estas recomendaciones fueron tomadas por el Gobierno, que anunció una flexibilización del cepo para las empresas petroleras que trajeran dólares para invertir en la exploración de hidrocarburos.

Planteos cambiarios en el debut de Scioli

Pero está quedando en evidencia que con las medidas actuales no alcanza. Y quienes más han enfatizado en el tema son los industriales, que reclaman que ser considerados prioritarios a la hora de asignar los escasos dólares.

Su protesta es que el actual esquema del Banco Central aplica una fórmula que no sigue un criterio productivo sino matemático, porque cede automáticamente un 5% más de cupo importador que el año pasado a empresas sin pedir que especifiquen el uso de las divisas.

De esa manera, afirman, no hay control sobre si los dólares realmente se aplican a industrias que están al borde de la parálisis, como la automotriz, o al a importación de bienes de consumo. Fue en ese debate que muchas miradas se posaron sobre rubros como el de juguetes o textiles, donde supuestamente el Gobierno está alentando la recuperación de la industria local, en detrimento de la importación.

Claro que no siempre es una situación tan sencilla de resolver. En el caso de los textiles, uno de los sectores que lidera la suba de precios -en mayo registró un 5,8% y en abril había tenido un 6%-, los empresarios locales no se quejan de que haya importación de ropa sino que, por el contrario, lo justifican con el argumento de que el sector sufre una incapacidad de oferta para satisfacer la demanda del mercado, y eso es lo que empuja los precios al alza.

En tanto, Álvarez, de Analytica, llamó la atención sobre cómo el comercio consumió los mismos dólares que toda la industria. "Con la gran diferencia que se trata de un sector que no produce bienes finales, que no es intensivo en la utilización de capital y que por lo tanto no requiere de la importación de bienes intermedios y repuestos y maquinaria para su funcionamiento. A la hora de administrar divisas, es un misterio por qué fue tan demandante en los últimos años y en 2021 en particular, mostrando una elasticidad similar a la de la industria", apunta el economista.

De manera que la revisión del criterio importador que los empresarios están reclamando demandará una gestión “caso por caso”. Y la persona llamada a cumplir esa tarea es el flamante ministro de Desarrollo Productivo, Daniel Scioli.

Por lo pronto, las agremiaciones industriales ya lo recibieron con la advertencia de que deberá resolver crisis urgentes. El comunicado de Industriales Pyme Argentinos, por ejemplo, ya le pidieron “que se convierta en un puente con el Banco Central para alivianar las restricciones que tienen los empresarios fabriles para importar materia prima para la producción”.

Y, tras recordar que solamente se han recuperado 1.000 de las 5.000 pymes que cerraron en los últimos años -producto de la recesión más la pandemia- hacen un encargo muy específico para el nuevo ministro: “La idea de un desdoblamiento del tipo de cambio, con un dólar para exportación para las pymes industriales manufactureras podría ser una medida que evite la desaparición de muchas empresas del sector que están llegando a límites de parates en la producción”, sostuvo Daniel Rosato, presidente de la agremiación industrial.

Un tope de u$s6.000 millones al mes

En definitiva, lo que se está reclamando desde todos los ámbitos -el político, el financiero y el industrial- es que el cuidado de los dólares y la administración con prioridad a los sectores productivos pase a ser el centro de la política económica.

La foto que se tomaron el pasado martes el ministro de Economía, Martín Guzmán, junto a Pesce y Scioli intentó dar una señal en el sentido de que habrá una acción coordinada al respecto.

Los que viene, en consecuencia, es una división de funciones, en la que a Scioli le tocará el rol de atendender los reclamos de las empresas en problemas y prometiendo soluciones, mientras que Pesce cumplirá la función de apretar más la asignación de divisas a los sectores que no estén en la lista de prioridades.

La cuenta es clara: hasta mayo, la factura por importaciones ya asciende a u$s32.600 millones. Suponiendo que la exportación de este año llegue a u$s85.000 millones y que el Gobierno pretenda un superávit comercial superior a los u$s10.000 millones, no podrá permitirse un nivel de importaciones superior a los u$s6.000 millones mensuales.

No será un proceso indoloro. Pesce y Scioli ya están con el lápiz rojo preparado para tachar los pedidos "injustificados".

Fernando Gutiérrez

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