Domingo, 19 Junio 2022 06:35

La política económica es el juego de la oca: el problema es quién tira los dados, y en qué casillero se cae - Por Enrique Szewach

Escrito por

La alternancia entre ajuste y expansión del gasto genera incertidumbre. Ante el panorama actual, es difícil pensar un escenario “tranquilo” de corto plazo 

La política económica del gobierno del Presidente Fernández ha sido lo más parecido al viejo juego de la oca. Avanza o retrocede dependiendo del casillero al que lo lleva los dados. 

Arrancó su mandato en el casillero del ajuste fiscal intentando cierta racionalidad en el marco de negociar la deuda externa en manos privadas.

A poco de andar, con la pandemia y los confinamientos posteriores, cayó en el casillero del “desajuste” con un fuerte aumento del gasto financiado con emisión.

Cuando la máxima “la emisión no genera inflación” se comprobó falsa, y la tasa de inflación se empezó a acelerar, el dólar libre llegó a los 180 pesos, la brecha se agrandó y las reservas líquidas del Banco Central se volvieron negativas, cayó de nuevo en el casillero del ajuste, durante el primer semestre del 2021. Pero claro, después de unas PASO negativas, el kirchnerismo duro tiró los dados, y tocó el casillero de “hay que tratar de ganar las elecciones”, vino el plan platita, el uso del tipo de cambio como ancla anti inflacionaria y el mantenimiento del congelamiento tarifario,

En el verano del 2022, tiró los dados el kirchnerismo blando y cayó en el casillero del acuerdo con el FMI, que parecía ponerle fin a este juego de avances y retrocesos, para encaminar el programa a un ajuste fiscal muy light, pero con un reacomodamiento de precios relativos del dólar y los precios de los servicios públicos.

Pero allí, entre las consecuencias económicas de la invasión de Rusia a Ucrania, y los problemas de la coalición gobernante, el kirchnerismo duro, desconociendo el acuerdo con el Fondo, volvió a tirar los dados y se vino otra etapa de desborde del gasto, esta vez bajo la segunda máxima falsa “el déficit fiscal se puede financiar con el mercado interno de capitales sin problemas”.

Y esto fue desconocer el acuerdo con el Fondo, porque lo que dice entrelíneas el staff del Fondo en el acuerdo es “te limito el financiamiento con emisión de pesos del déficit fiscal, y como vas a encontrar también un techo natural en la colocación de deuda en el mercado de capitales local, por su tamaño, no vas a tener más remedio que, sin que te lo diga, mantener el déficit fiscal en el número que acordamos. Tenes un cepo explícito a la emisión de pesos para financiar el déficit y un cepo implícito a la colocación de deuda”.

El programa preveía que, con este esquema, la tasa de inflación se mantuviera “estable” en torno al 50% anual, pese al cambio de precios relativos para que subieran el precio del dólar oficial y de los servicios públicos.

Y es esa “lógica” del programa la que se rompió en estos meses.

Y la consecuencia de ese incumplimiento implícito de la meta monetaria, y de déficit fiscal, nos ha dejado, hasta ahora, con una tasa de inflación más cercana al 80% anual, y con el Tesoro encontrando el techo de las colocaciones de deuda para financiar el déficit mucho antes de lo previsto, una brecha mayor, un dólar oficial que no logra ganarle a la inflación y más subsidios a la energía y el transporte.

Y ahora, no está claro quién ha tirado los dados, pero el casillero es, nuevamente, el del ajuste. Suba de la tasa de interés, reducción de subsidios a la energía y al transporte -que equivale a un aumento de impuestos- alguna aceleración de la devaluación del peso, más cepo, e incentivos a la colocación de deuda pública en pesos para subir el techo.

Por supuesto que todas estas idas y vueltas no han sido “gratis”. Lo muestra, precisamente, el adelantamiento del deterioro de la macro que se esperaba más para principios del año próximo, en dónde podría haber empezar a jugar, en sentido contrario, la expectativa positiva de un cambio de gobierno y un cambio de régimen.

Con este panorama, es difícil pensar un escenario “tranquilo” de corto plazo.

Para ello, sería necesario que la coalición gobernante esté dispuesta a retomar un acuerdo con el Fondo reloaded, que la deposite en las previas de las elecciones del 2023, sin un agravamiento de la situación general.

Ello implica recalibrar el déficit fiscal para que no sea necesario seguir forzando al extremo la colocación de deuda, y rediseñar la política cambiaria en sentido amplio. Este nivel de reservas en esta época del año es más que un problema.

Pero claro, ese escenario luce lejano hoy, dado que lo que trasciende es, por el contrario, una presión creciente del kirchnerismo duro en el sentido contrario, más inclinado a controles de precios y cepos “anti bimonetariedad” que a ese acuerdo con el Fondo recargado.

Y, en el día del padre, aquí está la “madre” de los problemas: la incertidumbre que surge de no saber, en cada momento, quién tira los dados y en qué casillero se cae.

Enrique Szewach

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…