Lunes, 22 Agosto 2022 11:20

El rumbo del Gobierno: el "marketing" en su peor momento - Por Rubén Rabanal

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Sergio Massa consiguió ayer nombrar a su viceministro de Economía. La llegada de Gabriel Rubinstein le garantiza al ministro tener un economista su Gabinete, pero el costo es alto. Hay temor en el Gobierno por el impacto que tendrá hoy el alegato final de Diego Luciani. La estabilidad no aparece. 

Todo manual básico de políticas de administración indica que un Gobierno debe tomar las decisiones más complejas cuando goza del máximo poder político y dejar las buenas noticias (llámese demagogia) para cuando llegue nuevamente el momento de la campaña electoral. Sergio Massa no encarna precisamente un nuevo Gobierno, pero el Frente de Todos pretendió que el país tuviera esa sensación frente a la debacle que implicó para la Argentina la administración de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. 

El problema con Massa es que no está cumpliendo con esas reglas esenciales de los recién llegados y, al mismo tiempo, al consorcio de kirchneristas que integran el FdT tampoco le queda claro si habrá alguna chance de que aparezcan "buenas noticias" el año que viene, cuando intenten salvar las papas electorales.

Un dirigente peronista que tiene años de pelear batallas en el Congreso lo resumía ayer con claridad. "Lo que ofrece hoy Massa no enamora ahora al mercado y a nosotros no nos asegura nada potable para el 2023". La sentencia es un resumen claro de lo que se vio esta semana en los mercados y en la calle. El viernes hubo un mensaje directo al ministro con un recalentamiento de los dólares financieros que llevaron el Contado con Liquidación arriba de los $302 y el movimiento nervioso que apareció nuevamente en el blue. Son señales, nada definitivo, pero sí alertas sobre el agotamiento de una propuesta que no aparece.

Massa logró ayer poner una ficha más en su armado. Finalmente nombró a Gabriel Rubinstein como su viceministro y con eso puede tener un macroeconomista a su lado para intentar sumar confianza al mercado. También será clave Rubinstein en el viaje que Massa tiene programado a Washington el mes que viene.

En ninguno de esos puntos el viceministro aparece como un problema, todo lo contrario. La cuestión es la razón por la que se demoró su ingreso al elenco de Economía y el desgaste que ese le produjo al nuevo funcionario y a su jefe.

Rubinstein cometió ayer su primer error estratégico dentro del Frente de Todos: pedir disculpas por sus anteriores incursiones en la red por las calificaciones durísimas que tuiteó en contra de Cristina Fernández de Kirchner y sus aliados. Como bien anticipó ayer MDZ, la vicepresidenta indultó a Rubinstein y le habilitó a Massa su ingreso solo por la necesidad extrema que tienen, tanto ella como el resto del oficialismo, de que el Gobierno no se desbarranque en una crisis que se los llevaría puestos a todos. No hay perdón, simpatía, ni calidez alguna en la decisión, si es que en el kirchnerismo esas sensaciones alguna vez existieron en materia política.

Rubinstein deberá aprender a convivir con esa sensación permanente de no ser perdonado sino tolerado por las circunstancias. Después de todo, es la misma razón por la que Cristina Fernández de Kirchner aceptó a Sergio Massa primero como integrante del Frente de Todos y más tarde, cuando falló toda la estrategia que ella misma pensó en el 2019, como ministro de Economía que actúa en rol presidencial.

La situación aportó ayer, entonces, una buena noticia pero en un marco de inestabilidad preocupante. Más cuando cada día va quedando más claro que Massa no está cumpliendo otra regla básica que le impone su cargo: un ministro de Economía no está para hacer campaña, está para sentarse en la caja y administrar. Todos los que pasaron por ese cargo saben que no es una posición que permita dar buenas noticias. Por ahora no estaría pasando con el nuevo ministro.

"Los números de la Argentina son horribles. El ajuste por ahora es todo verso. Están sacando subsidios, pero enseguida empiezan las excepciones. Ni con las tarifas estas claro que vaya a haber un ahorro real". La frase le corresponde a un antiguo especialista en Hacienda que conoce los caminos que a veces tiene la política para "vender" reformas que en realidad nunca llegan a concretarse.

Cambiar eso es el desafío que hoy tiene Massa que, por otra parte, nunca tuvo fama de ajustador sino todo lo contrario. Basta con repasar la cantidad de veces que pidió desde Diputados subir el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia, sin fijarse el costo fiscal que tendrían esas medidas.

Flavia Royón y todo el equipo de Economía tienen solo horas para encontrar un camino claro y definitivo para comunicar cómo será realmente la suba de tarifas. La explicación que dio la secretaria de Energía en la conferencia junto a Malena Galmarini solo alcanzó para confundir. Nadie sabe hoy qué consorcios pagan más o menos luz y gas, ni en cuál de las nueve categorías de usuarios debe encuadrarse cada vecino.

Todo se complicó cuando estalló en escándalo la estrategia de la presidenta de AYSA, de escrachar vecinos por pagar lo que ella misma les manda pagar en las facturas de servicio de agua. Una vez más el kirchnerismo se paró relatando la realidad como si el Gobierno estuviera en manos de otra fuerza política.

Hay otro problema que ninguno de los responsables de la segmentación parece haber advertido. Las tarifas con fuerte subsidio y muy por debajo del costo real de generación y distribución (la relación hoy es que solo de paga algo así como 30% de ese valor) están esencialmente en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. En el resto del país, con mayor o menor porcentaje, se pagan valores muy superiores y con mucho menos nivel de subsidios. ¿Qué sucederá cuando todas esas provincias que ya pagan el doble o triple que el AMBA les lleguen las facturas de luz y gas con hasta 150% de aumento? También en ese punto hay que buscar la razón de las quejas de gobernadores.

El kirchnerismo alentó siempre la irracionalidad de los subsidios sin control en el AMBA porque sabe que es la situación más difícil de enfrentar en tiempos de inflación. El lema K siempre fue el mismo: imposible hacer política subiendo tarifas o ajustando. A Cristina Fernández de Kirchner no le quedó otra que aceptar ahora la suba; la caja ya está vacía. El problema para Massa y también para Alberto Fernández, que aún es presidente y lleva la responsabilidad máxima aunque algunos prefieran olvidarlo, es que no hay seguridad absoluta en que la vicepresidenta siga "bancando" silenciosamente el tarifazo cuando en un mes comience a llegar el correo a cada casa con la nueva cuenta de luz, gas y agua.

Hoy será un complicado para el Gobierno. Toda la Argentina política sabe que el fiscal Luciani pedirá una condena dura y la inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos para Cristina Fernández de Kirchner. La contundencia de las pruebas que aparecieron durante los nueve días de alegatos de la fiscalía sorprendieron hasta al propio kirchnerismo. La frase se repite en todo el Gobierno: "A Luciani no lo vieron venir, fue una sorpresa".

La causa "Vialidad" es de las más fuertes que enfrenta la vicepresidenta pero se dice en el fuero federal que no se compara en complejidad con "Hotesur". En la percepción general eso cambió y el kirchnerismo duro está en pánico. Anoche el bloque de diputados del oficialismo se sumó al clamor por Cristina y en contra de la Justicia.

En la Casa Rosada hay temor por lo que suceda en la calle (en la oposición también) y en la reacción que tengan la vicepresidenta, la Cámpora y todo el universo K de organizaciones que los rodea. Quien más temor tiene, de todas formas, es Massa que avanza en medio de una inestable burbuja de paz política que puede romperse en cualquier momento.

Rubén Rabanal

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