Domingo, 25 Septiembre 2022 10:00

Un plan necesario, pero políticamente imposible - Por Néstor Scibona

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Hace falta un programa de estabilización para frenar la inercia inflacionaria, pero las actuales condiciones políticas impiden su eventual instrumentación con alguna probabilidad de éxito 

Con la creciente inflación que orilla los tres dígitos anuales, la Argentina atraviesa una situación paradojal. Economistas, empresarios y gran parte de la población coinciden en la necesidad de un plan de estabilización económica, que incluya además la desindexación de las principales variables para frenar la inercia inflacionaria. Pero entre la mayoría de los especialistas también hay otro consenso: las actuales condiciones políticas hacen imposible su eventual instrumentación con alguna probabilidad de éxito. 

Fiel a su estilo directo, Juan Carlos de Pablo sostiene que un plan económico requiere generar confianza y para eso se necesitan un gobierno creíble, un equipo económico homogéneo y medidas con apoyo político (del oficialismo y parte de la oposición). “Hoy no se da ninguna de estas condiciones”, concluye.

En el mismo sentido, Emmanuel Álvarez Agis, –exviceministro de Economía durante la gestión de Axel Kicillof (2013/2015) y actual director de la consultora PxQ–, aportó otros matices. Entrevistado por Luis Novaresio en LN+, indicó que los ajustes ortodoxos (fiscales y monetarios) tienen efectos recesivos y rezago de varios meses para bajar la inflación, como quedó demostrado en el último tramo del gobierno de Macri, por lo cual deben complementarse con medidas heterodoxas.

Por ejemplo, consideró que, si el Gobierno intentara poner en marcha un plan de desindexación de la economía al estilo de Israel en 1985 (que logró bajar la inflación desde un pico de 450% anual), debería recomponer previamente los precios relativos, con subas de 20% en el tipo de cambio oficial, 50% en las tarifas y 70% en los salarios para mantenerlos fijos por 6 meses junto con acuerdos de precios por el mismo lapso, mientras reduce los desequilibrios macroeconómicos. No obstante, recordó que el programa israelí incluyó reformas acordadas entre el oficialismo y la oposición, junto con un esquema de alternancia en el cargo de Primer Ministro que fue respetado durante años y sería muy difícil replicar en la Argentina. Álvarez Agis confesó que, en sus conversaciones con el Frente de Todos, no ve condiciones políticas para arriesgarse a un plan de estabilización. “No hay poder político porque no hay acuerdo político y el propio FDT tiene un problema para decidir el rumbo”, expresó. Aquí cuestionó que una parte del Gobierno gestionara el acuerdo con el FMI y el kirchnerismo lo rechazara públicamente, cuando lo más lógico hubiera sido acordar posiciones de antemano, al igual que con la quita de subsidios a las tarifas.

Para el equipo de Sergio Massa, la prioridad sigue siendo recomponer las reservas del Banco Central sin un salto devaluatorio –condición impuesta por Cristina Kirchner para aceptar su designación–, generar divisas con tipos de cambio diferenciales por sector a muy corto plazo y preservarlas mediante cepos y múltiples restricciones para la venta de dólares al tipo de cambio oficial.

Sin embargo, el sorpresivo cambio de reglas dispuesto para el “dólar soja” (con la prohibición de acceder a la compra de moneda extranjera en el mercado cambiario y financiero) apenas diez días antes de la finalización de este régimen transitorio, revirtió el clima favorable que había creado el viaje del ministro a Washington y volvió a ampliar la brecha cambiaria.

También generó algunos memes irónicos como “El que compró figuritas no podrá comprar dólares y el que compró dólares recibirá figuritas”, impreso sobre las clásicas placas rojas de Crónica TV y reflotó todos los eufemismos para aludir a la ausencia de un programa económico consistente (“plan aguantar”, “plan llegar”, “plan parche”, etc.). No faltó tampoco la consabida referencia al clásico episodio de los Tres Chiflados, donde tratan de reparar una pérdida de agua y van agregando caños y conexiones hasta quedar entrampados en una laberíntica estructura sin salida.

Más allá de este costado pintoresco, la medida –aunque corregida parcialmente– puso de relieve la desesperación oficial por la escasez de dólares en el BCRA, como reconoció ayer el secretario de Industria, José Ignacio de Mendiguren, utilizando el mismo término. Sobre todo, porque obliga a seguir racionando importaciones de insumos y se refleja en el menor ritmo de actividad que varios sectores fabriles muestran desde julio.

La desesperación puede conducir a medidas disparatadas, como el proyectado blanqueo de dólares no declarados para que las pymes puedan pagar importaciones, que significa un castigo (y una burla) para las empresas y contribuyentes que pagan sus impuestos, al igual que el destinado a la compra de propiedades usadas, que podría incluirse en la nueva ley para reactivar la construcción de viviendas nuevas. O también a nuevos parches, como la ya adoptada por la AFIP para restringir a US$1000 el tope para envíos puerta a puerta desde el exterior y el “dólar Qatar” para reducir pagos con tarjeta en el exterior a través de mayor carga impositiva o tipo de cambio diferencial antes del Mundial y la temporada de vacaciones de verano.

Aunque parece impensable que pudiera instrumentarse un salto devaluatorio o un desdoblamiento cambiario, sin plan y con reservas en niveles mínimos, muchas empresas creen que “algo puede haber” (tipo shock) y se cubren con colchones de precios, que realimentan la inflación.

Una prueba es que la canasta fija de 30 productos de consumo masivo (alimentos, bebidas sin alcohol y artículos de limpieza), que releva esta columna en la misma sucursal de una cadena de supermercados, registró en la tercera semana de septiembre un incremento de casi 12% respecto de agosto. Sólo fue superado por el 15% de noviembre de 2021, cuando quedaron desarticulados los precios máximos aplicados desde la cuarentena.

Si bien este mes influyeron los productos estacionales y frescos hubo alzas en 23 rubros (que van desde 9% en café molido, 19% en azúcar y leche para bebés, hasta 49% en supremas de pollo y 53% en berenjenas). Pero el dato más impactante son las subas de tres dígitos acumuladas en lo que va de 2022. El top ten incluye zapallitos (685%); berenjenas (232%); leche para bebés y suavizante de ropa (187%); amargo serrano (115%); agua mineral (104%); la variedad light de una gaseosa de primera marca (94%); papel higiénico (92%); servilletas de papel (91%) y pan francés (85%).

De ahí que el ticket total llegó a $20.500, con un incremento en nueve meses de 85% (ascendía a $12.400 en diciembre).

En este marco, resulta inconcebible que las prioridades del oficialismo pasen por ampliar la Corte Suprema de Justicia (rechazada expresamente por entidades empresarias como IDEA, Cámara Argentina de Comercio y Amcham); suspender las PASO en 2023 u ocuparse de la escasez de figuritas del Mundial. Más aún si se considera que, según cifras oficiales, permanecen casi US$260.000 millones (equivalentes a más de la mitad del PBI anual) atesorados por argentinos fuera del circuito económico y sin animarse a invertir por desconfianza ante los cambios de reglas y estafas del Estado a lo largo de décadas.

Néstor O. Scibona

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