Como les venía contando desde estas líneas, el problema que dejaron las PASO de los tres tercios fue la dificultad de predecir el futuro macroeconómico de un nuevo ciclo de gobierno.
Predecir es tomar datos que se tienen y transformarlos en información que no se tiene.
Y esos datos, dada la indefinición respecto de quién podría ser el o la ganadora de la primera vuelta electoral, generaban información confusa.
El candidato más votado proponía la dolarización y manifestaba que “cuánto más caro estuviera el dólar libre más fácil sería dolarizar”.
Mientras el candidato del Gobierno insistía en maximizar el cortísimo plazo, sin mucha preocupación respecto de las consecuencias de dicho accionar sobre la emisión de pesos, la tasa de inflación y la demanda de dólares (además de destruir lo único razonable que quedaba de nuestro sistema impositivo, con la complicidad de muchos diputados y senadores, incluyendo los del candidato más votado en las PASO).
Se presentaba así un escenario complejo.
En las PASO, dos tercios de los votantes habían optado por el cambio, pero dos de los tres candidatos más votados, uno que representa la continuidad y otro que representa el cambio generaban las condiciones para una predicción de “a los botes” sobre el futuro macroeconómico post electoral.
La respuesta de la gente, frente a esa confusión, reflejada en los mercados, fue una fuerte demanda de dólares y de bienes, construyendo un exagerado aumento del precio del dólar libre, por un lado, y manteniendo elevadas las presiones inflacionarias, por el otro, pese al virtual congelamiento del precio del dólar oficial y de la mayoría de los precios regulados.
Pero, en el fondo, “los mercados” reflejaban una realidad macroeconómica con una economía cuasi recesiva, por problemas de oferta (la sequía, más el racionamiento de las importaciones) y por cuestiones de demanda, la caída de los ingresos reales de la población asalariada y jubilada, en particular, de los trabajadores informales. Un nuevo régimen de inflación de dos dígitos mensuales. Pobreza creciente. Y una economía, en general, trabada en su funcionamiento más elemental.
Y por si esto fuera poco, circulaban encuestas que indicaban que el candidato dolarizador podía ganar en primera vuelta.
Entonces, en el preludio de las elecciones generales del domingo pasado los argentinos y las argentinas que pudimos, tratamos de cubrirnos, de las eventuales consecuencias de una dolarización desordenada derivada del “cuánto peor mejor”, cobertura reforzada por el oficialismo que, con sus medidas, permitía anticipar “lo peor”.
Pero el resultado de la primera vuelta electoral, modificó este escenario de cortísimo plazo.
La simple cuestión del cálculo de probabilidades, dado el escenario de balotaje, transformó los tres tercios en dos medios.
Pero habiendo quedado afuera una de las candidatas de la oposición, se redujo la probabilidad de cambio del 66% al 50% y, por la misma razón, se incrementó la probabilidad de la continuidad del 33% al 50%.
Bajaron las chances del cambio y subieron las chances de la continuidad.
Ante este nuevo escenario de probabilidades, la respuesta de los mercados fue de manual y, al menos en el cortísimo plazo, se “calmó” (por ser benévolo con las palabras), el mercado libre.
Pero además de este dato probabilístico que modificó la predicción de los inversores, el gobierno “ayudó” con algunas medidas adicionales.
Primero, generalizó a todas las exportaciones el tipo de cambio “especial” que les había otorgado a ciertos sectores, generando una devaluación “asimétrica” a favor de las exportaciones, y creando alguna oferta en el mercado libre, por el 30% del valor de lo exportado que se puede liquidar en ese mercado, reduciendo la necesidad de intervención del Banco Central.
Segundo, insistió con medidas regulatorias para dificultar la operatoria en los mercados libres del dólar.
Tercero, al activar otro tramo del swap chino, obtuvo algunos fondos adicionales para darle algún margen adicional de maniobra al Banco Central, aunque a costa de incrementar el endeudamiento externo.
Pero con este panorama, aunque frenar la escalada del dólar libre resulta una prioridad hasta la segunda vuelta electoral, la situación macroeconómica general sigue empeorando.
Ya el racionamiento de dólares para la importación, dado el subsidio implícito en la brecha y la falta de dólares en las reservas del Banco Central va extendiendo la falta de insumos y bienes para la producción, con sus efectos sobre el nivel de actividad, el abastecimiento y la tasa de inflación.
El agravamiento de la situación fiscal está aumentando la emisión del Banco Central, y presionando sobre la tasa de inflación presente y futura.
El congelamiento de los precios de los servicios públicos además de agravar el déficit fiscal sigue destruyendo el sistema de precios relativos y, con ello, las señales para la inversión y la producción, mientras los ingresos reales de la población siguen en baja, obligando a más subsidios al ingreso y dificultando hacia delante la normalización fiscal y de los precios hoy reprimidos.
En síntesis, las probabilidades de triunfo del kirchnerismo han aumentado, pero también se están incrementando fuertemente las probabilidades de un agravamiento de la crisis, con un peligro de descontrol que los dos candidatos al balotaje parecen subestimar.
Enrique Szewach


El empeoramiento de la situación fiscal está aumentando la emisión del Banco Central y presionando sobre la tasa de inflación presente y futura 