Créditos hipotecarios para 17 mil operaciones en el total país; posibilidad de acceder a préstamos en dólares para empresas no exportadoras; el Banco Nación que abre una línea para la adquisición de vehículos. Estas medidas, anunciadas en las últimas semanas, son un reconocimiento al problema de la falta de crédito en la economía.
Pero son apenas paliativos frente al fenómeno que comenzó a instalarse en abril de 2025, por la reticencia oficial a suministrar liquidez al mercado interno, bajo la idea de que la escasez de pesos no traería problemas al comportamiento de la demanda, ya que aparecerían los “dólares del colchón”.
El concepto de la dolarización endógena estuvo lejos de materializarse y comenzó a tomar forma un escenario dominado por el estancamiento del stock de préstamos como porcentaje del PIB, que explica buena parte de la pérdida de dinamismo de las actividades que involucran el grueso del empleo.
Así se llegó a un presente sumamente desafiante. No sólo las líneas anunciadas mueven apenas el amperímetro, sino que reorganizar incentivos para sacar del estancamiento al crédito requiere simultáneamente resolver el problema de los elevados índices de mora, más con un Congreso que podría promover “soluciones” que terminan restringiendo más la oferta de créditos, y la salida gradualista requiere que demasiados supuestos se cumplan al mismo tiempo.
Refinanciar créditos vencidos
Para que refinanciar operaciones vencidas pueda hacerse “entre privados” y sin romper contratos, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) tendría que garantizar liquidez en el corto plazo y mayor horizonte para el mediano.
Así como el BCRA actúa en el mercado de futuros del dólar, debería evaluarse la posibilidad de que también lo haga en el mercado de tasas, inicialmente en función de las refinanciaciones. Estas operaciones siempre se hacen sobre la diferencia de cotizaciones, por lo que la exposición de la entidad queda acotada.
Otra opción es facilitar el traspaso de créditos a tasa hacia préstamos ajustables por UVA, que permiten bajar la cuota inicial. Pero esto modifica el flujo de caja de las entidades, por lo que el Central no puede quedar al margen. Obviamente, debería reconsiderarse la presión impositiva nacional y provincial sobre los créditos, tal como ya se hizo con los hipotecarios.
La situación es delicada, porque “soluciones” mal diseñadas pueden generar una parálisis del crédito hacia adelante. El “mal menor” pasa por evitar ese tipo de distorsiones.
Los problemas que trajo frenar el crédito
Se sabía que los cambios estructurales que se introdujeron en la economía, por una mayor apertura al exterior y por la introducción de más competencia, obligaban a la reconversión productiva de sectores y de empresas, y ese, en cierto modo, era el “costo por pagar” para salir de la estanflación que se instaló en la Argentina cuando aparecieron los “cepos”, allá por 2011.
Pero esa inevitable reconversión se encontró con un escenario mucho más complejo cuando se comenzó a obstruir el canal del crédito, tal como ocurrió desde abril de 2025, cuando se lanzó la versión original del esquema de bandas cambiarias.
En aquel momento, se optó por el “control de agregados monetarios” como eje de la política antiinflacionaria. Así, se inauguró un período de marcada volatilidad de las tasas de interés, al tiempo que la escasez de pesos se empezó a lograr a costa de resignar el objetivo de acumular reservas en el Banco Central: “no son necesarias”, se argumentó.
Tras las turbulencias de setiembre de 2025, y como contrapartida del apoyo financiero recibido, empezó a reconocerse que sí hacía falta que el BCRA comprara dólares. De hecho, el cuadro externo mejoró con reservas líquidas del Banco Central (incluyen los encajes de depósitos en dólares de empresas y de particulares) que pasaron de U$S 15 mil millones a U$S 26 mil millones desde fin de 2025 hasta los últimos datos.
Sin embargo, empezó una compra masiva de dólares sin cambiar el patrón de la política monetaria. La variación de la base monetaria en el período enero-agosto de este año fue apenas una fracción de la emisión generada por la compra de dólares: sólo 13,6 pesos de cada 100 emitidos con ese propósito quedaron circulando en la economía.
De hecho, en los últimos 12 meses la base monetaria aumentó 6,6% en términos nominales, en contraste con una suba de 33,6% de los precios medidos por el IPC. Se trata de un sobreajuste, que implicó que la parte de la cuenta corriente del balance de pagos que incluye bienes y servicios (sin contar rentas) pasara de un déficit anualizado de 1,2 puntos del PIB en el primer trimestre de 2025 a un superávit en torno a dos puntos en igual período de 2026. Esto significa que la tasa de inversión está bien por debajo del ahorro de la economía.
La paradoja: más crédito, menos pesos
Así, la coyuntura es una gran paradoja. Por un lado, se intenta revivir el crédito; por el otro, la rienda es más corta que nunca, con una economía cada vez menos monetizada. El M2 privado pasó de 7,9% del PIB en el segundo trimestre de 2025 (cuando arrancó el programa del 11 de abril) a 6,6% del PIB en el tercer trimestre de 2026, mientras que la Base Monetaria pasó de 4,4% a 3,8% del PIB en igual período.
Esta paradoja, de todos modos, contiene semillas que permitirían comenzar a salir de la actual trampa de iliquidez, siempre que se modifique el mix de política monetario-cambiario que viene imperando desde abril de 2025. Esas semillas incluyen:
–Con el dato de inflación de agosto de 1,7%, se consolida el sendero de desinflación iniciado en marzo, cuando ese guarismo fue de 3,4%, un fenómeno que ayuda a mantener contenidas las expectativas de inflación.
–Al mismo tiempo, las expectativas de devaluación también lucen acotadas, en el 23,7% anual, que es la tasa de depreciación implícita en los contratos de dólar futuro.
–Dado el grado de desmonetización, el Gobierno podría aprovechar esta oportunidad para salir del rústico esquema actual, sofisticar el mecanismo, definir una meta de expansión mensual de un agregado más vinculado a la liquidez bancaria y reforzar el esquema con un “corredor de tasas” explícito que alargue el horizonte para la toma de decisiones del sistema financiero. Las compras de dólares podrían seguir, pero a un ritmo consistente.
–Aunque estos cambios no satisfagan los requisitos de un régimen bimonetario en su versión final, por lo menos podrían servir para comenzar a salir de la trampa de la iliquidez, comenzando por la refinanciación de las deudas en mora.
–No puede ignorarse que, en el momento del lanzamiento del programa de abril 2025, la tasa de morosidad era del 2,6% del total de los créditos, y que 12 meses después pasó al 7,7%.
Activar el crédito, la clave para salir del estancamiento
Debe asumirse que si el crédito al sector privado no se expande a un ritmo anualizado de 2% del PIB, las empresas deben sacrificar capital de trabajo para cumplir sus compromisos financieros, debido al muy elevado costo financiero de su endeudamiento.
Desde el segundo trimestre de 2025, la falta de crédito, más que el “exceso” de importaciones, es lo que explica la caída o el estancamiento de sectores como el comercio, el transporte, la industria y la construcción, que agrupan el 43% del empleo nacional. Los últimos datos del Indec sobre la Industria reflejan una merma de la actividad de 6% entre abril de 2025 y julio de 2026; y de 5,2% para el caso de la construcción.
Del otro lado, se tiene que, con igual punto de partida, el consolidado de agro, minería e hidrocarburos se expande al 10% anualizado, lo que se reflejó en el artículo publicado el domingo 26 de julio pasado, bajo el título de “Crecimiento desbalanceado...”.
El tema es que los últimos datos muestran tendencias divergentes, e involucran a ítems tan relevantes como el de inversión en máquinas y equipos, que está cayendo 14,8% entre el primer trimestre de 2025 y el arranque del tercer trimestre de 2026, de acuerdo con la serie desestacionalizada del Estudio Ferreres.
Esta dinámica conlleva daños colaterales en la percepción de sustentabilidad del programa, pero también en la elevada morosidad en créditos, que alimenta tasas activas de interés muy superiores a la inflación; quebrantos empresariales, y un estancado nivel de recaudación impositiva, que genera una vuelta de tuerca adicional, la de un comportamiento procíclico del gasto público, al ajustarse más allá de las partidas presupuestadas.
Jorge Vasconcelos
Ilustración Eric Zampieri
Fuente: https://www.lavoz.com.ar/negocios/gobierno-busca-reactivar-credito-mantiene-rigor-monetario_0_oFF9xIeR7o.html

El Gobierno reconoce que la falta de financiamiento limita la recuperación, pero mantiene una política monetaria restrictiva. El crédito al sector privado sigue estancado y la morosidad crece, mientras empresas y hogares enfrentan mayores dificultades para acceder a pesos. 