Las cifras esta vez no parecen contar una historia diferente a la percepción general: en el segundo trimestre del año el PBI tuvo un leve retroceso de 0,6% respecto al trimestre anterior (en una medición desestacionalizada) constituyendo la primera caída desde el primer semestre de 2024, cuando la economía empezó una suave recuperación. Sin embargo, en la comparación interanual, el producto siguió creciendo (+2%) y el primer semestre también está en alza (+2,2%). Pero la desaceleración es palpable y con ella, sobreviene al Gobierno la preocupación por quedarse con poco combustible en el comienzo de un período electoral que, incluso puede retroalimentar expectativas, tanto negativas como positivas.
Círculo virtuoso o vicioso. Según describe la consultora Invecq en su último informe semanal, la dinámica reciente es de estancamiento: el nivel del segundo trimestre es apenas 0,1% superior al del cuarto trimestre de 2025 y la caída fue de demanda interna, con el sector externo actuando como amortiguador. El consumo privado cayó 2,4%, el consumo público -2,3% y la inversión -0,9%. Las exportaciones, en cambio, siguieron su marcha ascendente: +2,5% y las importaciones se retrajeron nuevamente: -3,5%. “Las exportaciones netas amortiguaron buena parte del ajuste y explican que el PBI haya caído bastante menos que el gasto doméstico”, explica.
Comparando con el primer trimestre de 2023, las exportaciones fueron otra vez el gran motor (+45%) impulsado por agro, energía y minería, y hasta el consumo privado recuperó lo perdido en 2024 (+4,2%). Pero en el otro extremo, la inversión sigue siendo el componente más castigado: -25% en 2024, rebotó luego hasta mediados de 2025 y volvió a caer, hasta situarse hoy en -13,2% con respecto a 2023.
En conclusión, estos datos tienen una consecuencia directa sobre la proyección anual: “si la actividad se mantuviera en el nivel del segundo trimestre durante lo que resta de 2026, el crecimiento anual sería de apenas 1,3%, lo que representa el arrastre estadístico”, pronostica. Y, en síntesis, en la visión de Invecq, el freno del segundo trimestre es la manifestación más clara del “trilema”: acumulación de reservas-inflación -nivel de actividad. “La misma estrategia que sostiene la desinflación —tasas altas y ancla cambiaria— es la que limita la actividad, y el costo en términos de crecimiento se vuelve cada vez más relevante frente a lo que aporta en materia de precios”, concluye.
Las expos no alcanzan. Para Jorge Colina, economista de IDESA, la desagregación por componente del crecimiento permite indagar los factores subyacentes en esta dinámica e identificar fortalezas y debilidades. Según datos del Ministerio de Economía, entre el 4º trimestre del 2023 y el 2º trimestre del 2026 se observa que las exportaciones crecieron un 38%, el consumo privado creció un 8% y la inversión productiva cayó un -4%. “Estos datos muestran que la economía creció de la mano de un fuerte aumento de las exportaciones y si bien es de manera dispar, el crecimiento de las exportaciones se da en todos los grandes rubros”, agrega. Las exportaciones de combustibles y energía se duplicaron, la de productos primarios crecieron 74% y la de bienes industrializados un 30%. En general, son intensivas en recursos naturales. En contraposición, las actividades urbanas (son más empleo intensivas) están estancadas o en leve caída y por esta razón no es extraño que se destruyan empleos formales y que se compensen con empleos cuentapropistas informales que, en definitiva, son empleos de supervivencia. “Exagerar el objetivo de bajar la inflación lleva a descuidar otros objetivos importantes; por lo que es prioritario y urgente que la gente sienta los beneficios de una economía ordenada donde además de la estabilidad de precios haya oportunidades laborales para prosperar”, concluye.
Para el economista Orlando Ferreres, titular del Estudio OJF & Asociados, la debilidad de la inversión se debe a un cúmulo de factores, pero sobre todo a que no existe el clima de inversión como sí ocurrió en otro momento, en el que el empresario decidía casi como obligación para no quedarse fuera de un mercado. Entre julio 2025 y julio 2026 la inversión bruta fija cayó 8%, pero en el mismo lapso otros indicadores arrojaban datos positivos, como el crecimiento “explosivo” de las exportaciones y la compensación que hace el consumo privado de la caída del consumo público (por los recortes presupuestarios). “Con estabilidad macro, la continuidad del RIGI y a ampliación de dicho régimen para otros segmentos e inclusive PYMEs la economía podría crecer un poco más vista la oportunidad de un año electoral” comenta. Incluso, por esa razón, proyecta para el año próximo un aumento del salario real para que pueda cerrar el número de la proyección presupuestaria del 4% anual.
Coincidiendo con esta visión del impacto negativo sobre la inversión de la suba en la tasa de interés internacional (que le marca un piso a la local), el economista Fernando Marull apunta, además, a la ampliación del riesgo país, que encontró el último mes un nuevo piso entre los 510-530 puntos. Pero también la situación se retroalimenta con medidas de política económica: la desaceleración en la compra de reservas por parte del Banco Central en las semanas anteriores a la suba; el alza en la tasa global que de alguna manera complica el programa financiero en 2027, pero no la caída del PBI reciente porque eso ya estaba descontando.
Esta creciente “dependencia” del sector externo para dinamizar la economía, es lo que la consultora Eco Go muestra con datos contundentes: el superávit comercial alcanzó US$2.187 millones en agosto y US$18.249 millones en el acumulado del año, impulsado por exportaciones que crecieron 12,4% interanual y por una mejora de 4,5% en los términos de intercambio, mientras las importaciones sólo subieron 3,6%.
En este recálculo Eco Go bajó la proyección de crecimiento del PBI a 1,5% anual para 2026. También anota que la desocupación subió a 7,9% en el segundo trimestre (7,8% daba el primero). “Aunque aumentó el empleo, la mejora se concentró en ocupaciones de menor calidad, con una informalidad que alcanzó 45% y una persistente sustitución de empleo asalariado formal por cuentapropismo informal”, explica su directora Marina Dal Poggetto.
El bolsillo manda. Otra forma de visualizar el impacto de este “amesetamiento” de la economía es la de medir el ingreso real disponible, jaqueado por el pequeño salto inflacionario del primer trimestre del año y la fragmentación del mercado laboral. Para el economista Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, el ingreso real disponible de julio pasado registrado de 14,5 millones de personas cayó 0,9% mensual y 5,4% interanual (interanual), quedando 16,1% abajo del nivel promedio de enero-septiembre 2023. “La contracción se dio con mayor magnitud en los salarios privados del SIPA (-1,7% mensual y -4,8% interanual) y en jubilaciones mínimas con bono (-0,6% mensual y -10,1% interanual).
Este panorama también impacta en otra variable sensible: el nivel de pobreza, ya que buena parte de la población está en la zona “fronteriza”: cualquier cambio de tendencia puede convertirlos de pobres en no-pobres o viceversa. El monitoreo que realiza la Universidad Di Tella conocido como Nowcast de pobreza estima una tasa de pobreza de 31,3% para el semestre marrzo2026/agosto2026, con una incidencia proyectada que se puede descomponer en un promedio de una tasa de pobreza de 30% para el mes de marzo de 2026; 32,7% para el segundo trimestre y 29,9% para el bimestre julio-agosto. La cifra oficial anunciada por el INDEC a través de su Encuesta Permanente de Hogares arroja que la pobreza subió al 32,3% en el primer semestre de 2026 y afectó a 15,5 millones de personas. Esto implica 4,1% más que en la medición anterior.
Todo este conjunto de cosas impacta y alimenta un clima de volatilidad que se contaminará con las expectativas sobre el resultado electoral. En definitiva, un escenario que, sin ser explosivo en ninguna dirección, prolongará las incertidumbres y debilidades del presente.
Tristán Rodríguez Loredo
Fuente: https://noticias.perfil.com/noticias/economia/esa-meseta-tan-temida.phtml

La actividad económica se desacelera esperando que las exportaciones crecientes puedan traccionar la inversión y el consumo. 