Lunes, 12 Octubre 2026 13:20

No es forzoso que el ajuste lleve al crecimiento - Por Daniel V. González

07 jm totoEl Gobierno parece confiar en una misteriosa y mágica teoría: si uno elimina el déficit fiscal, todo comienza a florecer. Y eso no estaría sucediendo. 

En los años 1970, se decía que un programa como el de Álvaro Alsogaray, cabeza visible del liberalismo cuyas ideas nos parecían extravagantes, era incompatible con la democracia y el voto popular. Se estimaba que el ajuste que proponía el liberalismo supondría una abrupta caída del nivel de vida, una baja en la producción industrial y, en consecuencia, un fuerte sacudón para la paz social. Por eso se pensaba que un programa tal sólo sería posible de aplicar mediante una dictadura militar. 

No todo es equilibrio fiscal

También hoy el ajuste que tiene por objeto cumplir con las normas del mercado, la búsqueda de la eficiencia y el equilibrio fiscal sigue siendo doloroso. Pero, tras 20 años de kirchnerismo, amplios sectores de la población están dispuestos a hacer el esfuerzo que supone una reducción de ingresos y menos oportunidades de trabajo, a fines de ver si, de una vez por todas, el país logra encaminarse hacia la ruta de crecimiento con estabilidad.

Próximo a cumplir tres años en el gobierno, Milei está cumpliendo la parte del ajuste y está en deuda con la del crecimiento. Es evidente que la situación económica de millones de argentinos ha desmejorado. Sus ingresos son menores y la economía de amplios sectores ha recibido el impacto de la menor demanda y las importaciones con un dólar artificialmente bajo.

El Gobierno y no pocos de sus votantes parecen pensar que la mejor prueba de que todo va en el camino correcto es el padecimiento popular. Mientras más suframos, mayor será el premio final. Ciertamente, esto no es inevitable. El crecimiento no es la consecuencia mecánica y forzosa del ajuste, por rudo que fuere.

El Gobierno parece confiar en una misteriosa y mágica teoría: si uno elimina el déficit fiscal, todo comienza a florecer. Y eso no estaría sucediendo. Ni siquiera para con el efecto más obvio y emblemático de ese equilibrio: la eliminación de la inflación.

Los pronósticos de la inflación cero no se están cumpliendo. El Presidente y su ministro de Economía han ido corriendo el arco una y otra vez, sin obtener el resultado prometido. Ha de ser por eso que uno y otro están furiosos con el periodismo, que no hace más que exponer estas dificultades y desvíos de los pronósticos respecto de la realidad.

El rumbo correcto

Importantes economistas y políticos que respaldan a Milei le realizan observaciones a su política económica. Siempre inician sus señalamientos puntualizando que “el rumbo es el correcto”. Se refieren a que la economía del mercado, el equilibrio fiscal y las desregulaciones son medidas imprescindibles para lograr una economía sana y potente.

Transitar el “rumbo correcto” es decisivo, ciertamente. Es una definición central que marca una ruta indubitable. Pero, a su vez, significa poco más que nada. Lo verdaderamente fundamental es cómo ese camino correcto se transita. Las medidas concretas que se toman pasan a ser lo importante, pues es la implementación lo que impacta en trabajadores, empleados, industriales, comerciantes.

Estar en el rumbo correcto es apenas una definición teórica. En este sentido, casi intrascendente. Otra cosa es la ejecución. El Gobierno se empecina en demostrar que su ajuste es bien duro. Se encarniza con los discapacitados, se niega a cumplir la Ley de Financiamiento Universitario, se burla del endeudamiento de las familias.

En realidad, debería hacer lo contrario: tratar de morigerar los efectos del ajuste y concurrir en auxilio de los más dañados. Pero no lo hace. Ni siquiera atina a explicar los mecanismos que permitirán transformar este duro camino de espinas hacia una pradera de pastos tiernos. Prefiere concentrar todos los estímulos en potenciales grandes inversores; que no los necesitan, pues aportarán sus recursos en sectores con amplias ventajas comparativas.

Cómo nos ven

Pasan los días, los resultados económicos no llegan y el Presidente tiene la peor de las reacciones: se pone nervioso, denuesta a periodistas y economistas y después se sube al avión y toma distancia física de los problemas que lo acosan.

Hace pocos días, terminó de hablar ante empresarios estadounidenses y el índice de riesgo país comenzó a subir hasta los 600 puntos. Una explicación razonable de esta suba es que los empresarios extranjeros y potenciales inversores no ven con claridad que Milei pueda ser reelegido dentro de un año; temen el regreso del peronismo.

Y este temor se funda en que perciben que el descontento popular se extiende por la falta de resultados económicos, a lo que hay que añadir el negacionismo del Gobierno, que se esfuerza en propalar que todo marcha sobre ruedas. Si el descontento se consolida, el regreso del peronismo al gobierno no está clausurado.

Milei ha dicho que defenderá sus ideas aunque ello le haga perder las elecciones. No es una decisión sabia. Las teorías son una guía conceptual para abordar los problemas y construir nuevas realidades. Apenas una guía.

Ante realidades inéditas, es preciso apelar al talento propio; es necesario añadir la propia creatividad, rectificar, retroceder, corregir, inventar. Aferrarse a los libros no significa poseer principios firmes, convicciones sólidas. Es apenas rusticidad intelectual.

Nietzsche decía que las verdaderas enemigas de la verdad no son las mentiras, sino las convicciones.

Daniel V. González   
Fuente: https://www.lavoz.com.ar/opinion/forzoso-ajuste-lleve-crecimiento_0_jWo0xQkGgD.html

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