Jueves, 13 Febrero 2020 21:00

Guzmán, los diputados y la deuda que nació de un repollo - Por Adrián Simioni

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El ministro dejó más dudas de las que había ido a aclarar. Ahora parece que al Gobierno no le interesa reducir el déficit.

 

Una hora y pico usó el ministro de Economía, Martín Guzmán, para terminar de confundir a propios y ajenos sobre el plan económico y la estrategia que utilizará para evitar un default abierto. Sin precisiones de ningún tipo, hubo solo dos detalles salientes.

Uno: por primera vez el ministro usó los aburridores argumentos chauvinistas que ya sólo se consiguen en Argentina para culpar al FMI por el ahogo financiero, como si no hubiera sido el país el que le fue a pedir prestado para mantener sus gastos irracionales.

Dos, y mucho más importante que el anterior: Guzmán dio por tierra con la imagen de presunto fiscalista que le venían dibujando sus laderos y afirmó que el Gobierno ni piensa hacer los ajustes necesarios para alcanzar el equilibrio fiscal antes de 2023. Es decir, que Alberto Fernández no planea gastar su capital político en hacer el esfuerzo necesario para llevar a cero, en cuatro años, el déficit primario de apenas 0,4 puntos del PBI que dejó la administración Macri.

Esa es la señal más importante. Con eso, los tenedores de bonos argentinos intuyen que, sin acceso al crédito, Argentina no piensa apartar ni dos pesos para pagar intereses de sus acreencias al menos por los próximos tres años. A menos que la negociación implique una quita de capital mucho mayor a la que el propio gobierno venía sugiriendo.

Al FMI, se supone, el gobierno no le puede imponer quitas en los 44 mil millones de dólares que le adeuda, pero sí le podría reclamar el no pago de intereses por tres años.

Todo es posible con el ministro ambiguo

De todos modos, el ministro bien podría ser un genio con un plan oculto y sorprender. Al fin y al cabo, el resto de su exposición fue tan vaga y las preguntas de la oposición fueron tan prolijamente ignoradas (las responderá por escrito más adelante), que podría terminar haciendo cualquier cosa.

El resto fue discurso para la tribuna ampliamente populista de la política argentina. Los argentinos son santitos víctimas de la especulación internacional, que conspira para robarnos la soberanía (que nunca sabemos defender porque siempre les terminamos rogando que nos presten). “No vamos a permitir que ningún fondo de inversión extranjero nos marque la pauta de política económica del país”, afirmó Guzmán.

Y en esa línea la deuda pública es un repollo que traen las cigüeñas desde París año tras año, una maldición de generación espontánea. “La deuda es una carga insostenible” que “no se puede pagar” y que hay que sacarse de encima “para romper la dinámica de la recesión”, sostuvo el ministro.

Es todo muy raro. Primero, porque Argentina está estancada desde 2011, cuando se supone que ningún endeudamiento la ahogaba. Y segundo, porque a nadie le interesó ponerse pesado, en el Congreso, y explicar de dónde ha salido esa deuda. El pacto no escrito entre casi cualquier ministro de Economía (claramente Guzmán) y la mayor parte de la cúpula política que normalmente ocupa las bancas del Congreso es no hablar del gasto público. Porque de eso es de lo que son responsables. Son los años y años de gasto excesivo infinanciable avalados por legisladores irresponsables los que llevaron a los impuestazos asfixiantes, la emisión inflacionaria y al endeudamiento impagable necesarios para cubrir un ejercicio deficitario tras otro.

Y en eso Guzmán hizo agua: si ni siquiera en esta situación -donde ya no hay margen para subir impuestos, donde hay inflación con recesión y estamos al borde del default- Argentina no puede siquiera balbucear un compromiso para reducir su gasto público demencial, entonces queda poco por decir.

Una comisión especial para hacer lo normal

De hecho, casi todo lo demás que se dijo fueron planteos absurdos que no pasarían de largo ni siquiera ante estudiantes de la secundaria más o menos atentos.

Abonando el mediocre discurso que culpa a los prestamistas por haber prestado, Guzmán dijo que elaborará un “Nunca Más del endeudamiento” y dejará constituida una “comisión permanente de seguimiento de la deuda” porque es “bueno e importante” que el Congreso se involucre.

Amigo Guzmán: el endeudamiento es una atribución constitucional del Congreso que el propio Congreso acaba de cederle al Poder Ejecutivo, a pedido del Poder Ejecutivo, en principio porque nadie en el Congreso quiere hacerse cargo del muerto de una negociación.

¿De cuál lado de la gente?

La frutilla del postre fue la frase demagógica que reiteró Guzmán varias veces. Dijo que la gestión de la deuda "es un proceso en el que hay que definir de qué lado estamos”. Y sacó chapa: "Nosotros lo tenemos definido: estamos del lado de la gente”.

Palabras bonitas. Primero: ¿los demás gobiernos no están del lado de la gente? Segundo: ¿cuándo se está del lado de la gente? ¿el lunes, cuando se le da un subsidio de 100 pesos sin tener recursos reales para ese gasto? ¿o el martes, cuando esos 100 pesos ya valen 50 porque hubo que emitir dinero falso para pagar el subsidio? ¿o el miércoles, cuando esa devaluación golpeó un poco más a la economía y hay más gente pidiendo un subsidio que la que había el lunes?

Son todas preguntas sin respuestas. En su inmensa vacuidad, la casta política argentina dejó ayer al país más cerca de quedarse sin financiamiento -ni en dólares, ni en pesos- pero con un gasto igual de impagable. Al menos esa es la impresión que quedó. Con lo que uno puede deducir que lo que seguirá habiendo es el recurso más abundante de la Argentina: inflación.

Adrián Simioni

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