Martes, 18 Febrero 2020 21:00

Fue corta la luna de miel de los empresarios con Alberto Fernández - Por Francisco Olivera

En algunas cámaras empresarias se empieza a detectar cierta urgencia ante lo que será un año difícil: la magnitud de la crisis hará que los primeros síntomas de la reactivación no empiecen a vislumbrarse antes del segundo semestre

 

Pensaron que iba a ser más fácil. Consustanciados con aquella idea del economista Guillermo Calvo que tantas reacciones había provocado durante la campaña electoral, la de que un ajuste sería más sencillo apuntalado o encabezado por Cristina Kirchner, los empresarios llegaron a tener en diciembre un momento ilusión: el nuevo presidente, Alberto Fernández, tendría en sus manos todas las herramientas, incluida una buena relación con los gremios y las organizaciones sociales, para encaminar a la Argentina en la senda del crecimiento.

Aunque casi nadie ha perdido del todo las esperanzas, en algunas cámaras se empieza detectar últimamente cierta urgencia ante lo que será un año difícil: la magnitud de la crisis hará que, en el mejor de los casos, los primeros síntomas de reactivación no empiecen a vislumbrarse antes del segundo semestre.

No llega a ser pesimismo absoluto; por ahora, solo impaciencia. Se notó anteayer en la primera reunión de junta directiva del año de la Unión Industrial Argentina, donde se trataron en público temas institucionales y, en voz baja, una conclusión obvia: la renegociación de la deuda será condición necesaria, no suficiente, para la recuperación de la actividad.

Al apuro contribuyen también causas psicológicas. Alberto Fernández sorprendió al establishment con el triunfo abrumador en las primarias del 11 de agosto, pero aquella victoria no solo quedó bastante lejos en el tiempo, sino que se achicó en octubre, en los comicios generales. Es decir, la era del ganador, que incluye en la fórmula todo el desgaste de Cristina Kirchner, empezó en los hechos, para los empresarios, hace más de siete meses. La luna de miel fue corta.

La crisis había empezado antes de Macri. La economía no crece prácticamente desde 2011, año en que los empresarios ubican el acta de defunción del modelo kirchnerista. Parte de estos apuros y contrastes se oyeron anteayer, durante un encuentro entre unos 50 empresarios de sectores autodenominados sensibles y nucleados en la Cgera y el equipo de Matías Kulfas, ministro de Producción. Los respaldos al rumbo convivieron allí con advertencias por el acuerdo Unión Europea-Mercosur, rechazado por muchos industriales, y con la certeza de que la salida no se verá sin un entendimiento con los acreedores.

La otra dificultad parte de la marca de origen del Frente de Todos, conformado por fuerzas que todavía no se han puesto de acuerdo no solo en iniciativas específicas, sino hasta en algunas designaciones. El área energética es hasta ahora el emblema de esos tironeos. ¿Cómo es posible que no se haya todavía enviado al Congreso una ley de hidrocarburos?, se preguntan empresarios que se tomaron en serio la idea de que Vaca Muerta sería uno de los modos de traer divisas al país. ¿Y cuánto tiempo habrá que esperar para el proyecto de la nueva ley de la economía del conocimiento?

El tercer factor para la ansiedad vino del propio Alberto Fernández cuando le puso plazo a la renegociación de la deuda: no más allá del 31 de marzo, dijo. ¿Había necesidad, considerando que el promedio de estos procesos pre default de los últimos 40 años se ubica entre los 6 meses y el año? El Presidente necesita resolverlo inmediatamente.

Casi su primera instrucción a Martín Guzmán, ministro de Economía, fue que no quería el problema durante más de tres meses sobre su escritorio. Hay, sin embargo, dos variables que no maneja y que exceden ánimo y la voluntad empresarial: cuánto tiempo aguantará sin mejoras en el bolsillo la sociedad y, más gravitante aún, cuál es el nivel de tolerancia al cabo de la cual empezará a sentir la disconformidad en su propio espacio. Dicen que, al cumplirse 30 días de gestión, Cristina Kirchner, ya le hacía al equipo económico una pregunta retórica: ¿dónde están los primeros resultados?

Francisco Olivera

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