Sábado, 29 Febrero 2020 21:00

Persiste la incertidumbre y los índices empiezan a complicarse - Por Sergio Crivelli

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Reaparición del déficit fiscal, caída de la actividad, alza del dólar y otros índices económicos negativos emergieron la semana última. Entretanto la deuda monopoliza todas las energías de Guzmán.

 

Hoy Alberto Fernández pronunciará ante el Congreso un nuevo mensaje, 72 días después del mensaje inaugural de su gestión el 10 de diciembre. Se esperan nuevos anuncios, pero sigue sin aparecer el plan de gobierno, en particular un plan económico articulado y de mediano plazo.

A esta altura podría decirse que la flamante gestión no avanzó más allá de un diagnóstico apocalíptico y de una serie de medidas de ajuste, cuya primera consecuencia es la de haber deteriorado los ingresos de la clase media y de los sectores productivos. El aumento de impuestos, el recorte de jubilaciones y la devaluación no alcanzaron, sin embargo, para reducir el déficit fiscal, problema central de Fernández, aunque él proclame que es la deuda.

De manera que las decisiones presidenciales tuvieron efectos negativos sobre los sectores de ingresos fijos y significaron una transferencia de recursos del sector privado al público, pero esto no mejoró la capacidad de pago del Estado. En el primer mes completo de gestión del nuevo presidente, enero, el déficit primario reapareció: 3.376 millones de pesos.

El mal resultado fiscal no fue sin embargo el único índice macroeconómico negativo. Hacia el fin de semana el riesgo país superó los 2250 puntos, el dólar escaló en todas sus versiones y los títulos y bonos argentinos cayeron. Una parte de esta preocupante reacción es atribuible a la conmoción mundial por el coronavirus y otra, a las dificultades domésticas. Estas últimas son las que encuentra Martín Guzmán en su intento de "renegociar", léase no pagar, la deuda, actividad que monopoliza sus esfuerzos, en momentos en que la economía local exige a gritos atención inmediata.

Un indicador preocupante en ese plano es el de los títulos de YPF que perdieron el 37% en lo que va de 2020 y que se encuentran en su mínimo desde 1993. Uno de los recursos naturales que puede proveer dólares en el mediano plazo y colaborar a alcanzar el autoabastecimiento energético, Vaca Muerta, está virtualmente parado. No hay inversiones a la vista.

A pesar de su intensa agenda de viajes y de contactos con burócratas del FMI y bonistas, Guzmán tampoco parece cerca de darle un cierre a la deuda. Los especialistas creen que la indefinición se extenderá más allá de fines de este mes, límite que se había autoimpuesto el gobierno para terminar con la incertidumbre en torno al default.

El Fondo Monetario, por su parte, debió salir a aclarar que no se encuentra negociando con el gobierno peronista. Se apresta a monitorear sus cuentas y ha sido destinatario de algunos "gestos" de la administración Fernández que en lugar de despejar el panorama, otra paradoja, le añadieron dudas.

Dos ejemplos. Uno, el gobierno anunció a través de dos miembros del gabinete que aumentaría las tarifas pero el presidente los desmintió. Poco después el presidente decidió pesificar los pagos a las generadoras, lo que le permitirá reducir los subsidios al sector eléctrico. Sin duda fue una señal para el Fondo y una demostración de que en lugar de subsidiar a los productores subsidiará a los usuarios, lo que será útil para ganar elecciones, pero complicado para el futuro de la provisión de energía.

El segundo ejemplo tuvo también idas y vueltas. Fue un aumento de retenciones a la soja. El gobierno cerró el registro de exportaciones lo que puso en pie de guerra a los productores que se veían venir un nuevo hachazo. Pero antes de que las cosas pasaran a mayores convocó rápidamente a una reunión con el sector y postergó la decisión. Para mejorar su posición ante el Fondo el presidente está rascando el fondo de la olla, pero los números fiscales siguen sin cuadrar.

Las marchas y contramarchas resultan un factor extra que aumenta la incertidumbre. La toma de decisiones es un acto complejo y difícil de predecir en la gestión Fernández, situación que agrega dudas a los acreedores. Pesa también sobre inversiones y gastos, completando un círculo vicioso en el que la política afecta la economía y el pobre desempeño económico debilita a la política. El insólito silencio de medios, sindicalistas, piqueteros, empresarios y políticos quita presión al presidente, pero no disminuye la impresión de que su desempeño hasta ahora no mejoró ni la situación, ni las expectativas con las que se retiró del poder Mauricio Macri.

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

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