Miércoles, 18 Marzo 2020 21:00

Coronavirus, el helicóptero Pesce y big data - Por Enrique Szewach

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La expresión "dinero de helicóptero" fue acuñada por Milton Friedman a finales de la década del '60. A principios de los 2000, mi amigo Ben Shalom Bernanke, por entonces Presidente de la Reserva Federal, popularizó la expresión, conocida a partir de allí "Helicopter Ben".

 

El argumento de Bernanke era que, en una crisis de liquidez, deflacionaria, había que tirar dinero desde un helicóptero, desde el Banco Central a los consumidores, sin intermediarios, para que la gente lo recibiera y lo gastara.

El mundo enfrenta hoy una crisis sanitaria inédita y de duración desconocida. Obvio, lo más importante son las consecuencias sobre la vida humana de dicha crisis, y su tratamiento queda en manos de expertos en el tema. Pero la crisis sanitaria tiene consecuencias económicas, y éstas deben ser atendidas por gobiernos y organismos multilaterales.

En ese contexto, la mayoría de los gobiernos han encarado políticas fiscales y monetarias expansivas, tratando de compensar el shock de demanda causado por la pandemia, mientras se intenta, también con dichas políticas, mantener funcionando la oferta de bienes y servicios esenciales para la población.

No es tarea sencilla. La demanda, no tiene sólo un problema de liquidez, tiene pánico, que lleva a refugiarse en activos libres de riesgo y a no gastar, dada la incertidumbre sobre el futuro cercano. Y la oferta de aquellos bienes y servicios de primera necesidad, tiene problemas en mantener la cadena de producción, y la logística de distribución, en medio de las limitaciones a la circulación de personas derivadas de la política sanitaria. No hay soluciones mágicas, ni para controlar el virus, ni para minimizar las consecuencias económicas del mismo, ni para compatibilizar las restricciones al movimiento de personas, con la necesidad de que muchas "se muevan" para producir lo necesario.

Nuestro país ha tenido la ventaja de, al estar en el hemisferio sur, poder anticipar medidas sanitarias ya probadas en otros países. Pero, en materia económica, tiene una gran desventaja. No hay superávit fiscal para hacer política fiscal expansiva. No hay acceso al mercado de deuda, para financiar gastos públicos. No hay "ahorros" para gastar. En este escenario, sólo queda reasignar partidas presupuestarias, la expansión monetaria del Banco Central, y algo del ANSeS y usar esos recursos lo más eficientemente posible. Conviene, entonces, hacer una taxonomía del problema.

Están, como se dijo más arriba, los sectores que tienen que seguir funcionando, desde el lado de la oferta. Más allá de los protocolos para minimizar contagios, desde la economía, hay que garantizar la cadena de producción y logística, dado que tienen demanda "asegurada", y al parecer capacidad ociosa, el tema pasa por brindarles capital de trabajo vía crédito, y resolver, en todo caso, algún cuello de botella que pudiera presentarse. En medio de la emergencia, estos sectores, y toda la cadena, tiene que estar bajo un equilibrado escrutinio de costos y precios, para garantizar que aumenten las cantidades y no los precios.

Están los sectores que producen bienes o servicios que no serán demandados, por la dificultad de acceder a ellos sin movilidad, por ser claramente prescindibles en el corto plazo, o por pánico y vuelo a la calidad. Para los que están en la formalidad (sobre el resto vuelvo más adelante), hay que diferenciar las grandes empresas -con resto para aguantar unos meses con mínima ayuda estatal- y concentrarse en las pymes que necesitarán, además de crédito, algún período de gracia en materia impositiva, de pago de servicios públicos, y ayuda para pagos de salarios y otros gastos. ¿Transferencias directas del Banco Central de un porcentaje de los mismos?

De los sectores de menores ingresos, ya se ha ocupado el gobierno, reforzando la AUH, la jubilación mínima, etcétera.

Queda, finalmente, el problema más serio: todos los que están en la economía informal, en dónde se estima que hay más del 40% de los trabajadores, de los cuáles el 20% son jefes o jefas de familia. Esta gente, no tiene cuentas bancarias, o no están registradas por obvias razones, pero todos tienen teléfonos celulares. Y es aquí donde la interacción del "Helicóptero Pesce" y la tecnología que hoy posee el sector privado y estatal, podrían aproximar una solución. Con el uso de billeteras de pago, big data, y software adecuado, se les podría depositar sólo a este sector, (cruzando bien la info de todas las bases de datos) dinero en sus celulares para gastar exclusivamente, en alimentos y medicamentos.

Insisto: no hay soluciones mágicas, ni fáciles, ni completas; estamos haciendo camino al andar, pero entendiendo el problema de cada sector, y usando eficientemente la tecnología, se podría, quizás, minimizar el daño.

Está claro que "el día después" de tanta expansión monetaria entra en la categoría de "la solución de hoy es el problema de mañana". Pero ese es el problema de mañana.

Enrique Szewach

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