Jueves, 19 Marzo 2020 21:00

Diagnóstico y propuestas para una economía en crisis - Por Miguel Kiguel

Escrito por Miguel Kiguel

De repente el mundo entró en pánico por el coronavirus. Los infectólogos enfrentan grandes enigmas sobre cómo frenar la propagación del virus hasta que se encuentre una vacuna o un medicamento para curarlo, Mientras, la economía parece haber entrado en una crisis cuyo diagnóstico y tratamiento será tanto o más difícil que el de la enfermedad.

 

¿Cuán grave puede ser esta crisis? Por ahora parece que será profunda, pero que la respuesta está más en manos de la medicina que de la economía. En parte, porque la crisis actual es diferente respecto a otras que se han vivido en la historia.

Por un lado, es diferente de la gran depresión de los años '30, cuando el mundo vivió una recesión profunda y global que siguió a la fiesta financiera de los años veinte del siglo pasado. En ese caso, el disparador fue una fuerte caída en la bolsa a la que los bancos centrales del mundo respondieron equivocadamente con una política monetaria restrictiva y no actuaron como prestamistas de última instancia cuando los bancos sufrieron corridas de depósitos. La falta de liquidez, y la caída de bancos frenó el crédito comercial y al consumo y agravó una crisis que de por sí era profunda.

Tampoco ayudó la política fiscal, porque los gobiernos bajaron el gasto público en su obsesión de evitar incurrir en déficit fiscales en momentos en los que la recaudación caía abruptamente como consecuencia de la recesión. Esa reducción del gasto público reducía la demanda agregada y agudizó la recesión.

La respuesta de política económica finalmente la tuvo Keynes, con un diagnóstico de que el mundo sufría de falta de demanda agregada y que la solución pasaba por implementar políticas de estímulo a través de aumentar el gasto público (y por ende el déficit fiscal) y por una inyección de liquidez que busque estimular el crédito.

En resumen, cuando el problema es que se derrumba la demanda en un contexto de baja inflación y en el que hay capacidad ociosa la respuesta correcta es (y fue) utilizar políticas de estímulo.

Esta crisis también es diferente de la estanflación que vivió el mundo en los años setenta, durante los llamados shocks petroleros del año 1973, y de fines de la década. En ese caso el problema fue una fuerte suba del precio del petróleo coordinada por la OPEP y una reducción en la oferta. Esa crisis llevó a las recesiones de mediados de los '70 y de 1979-81, y a un aumento significativo en las tasas de inflación.

Durante esos años el mundo vivió las tasas de inflación más altas de la posguerra, y se mantuvieron en dos dígitos incluso en Estados Unidos y en países como España e Italia.

La respuesta de política económica nuevamente fue inadecuada. En este episodio el diagnóstico fue que el problema era una caída en la demanda, cuando en realidad el mundo enfrentaba un shock de oferta. El error de diagnóstico llevó a que los bancos centrales inyectaran liquidez, lo que en lugar de estimular la economía generó una suba en las tasas de inflación.

Un shock como el petrolero en el que el problema es que se contrae la oferta de bienes por subas en los precios de los insumos no se combate con políticas de estímulo, requiere de políticas económicas para ayudar a aquellos sectores que sufren el shock, como por ejemplo bajas de impuestos selectivos.

La crisis actual tampoco se asemeja a la de 2008, en el que el desafío era lidiar con el impacto del fin de una burbuja financiera, que impactó sobre los bancos y amenazó con una nueva gran depresión como las de los años treinta. En ese caso tanto el diagnóstico como la respuesta de política económica fueron correctas, más en Estados Unidos que en Europa, con lo que se evitó una nueva gran depresión económica y salir relativamente de la recesión.

En la crisis del coronavirus estamos viendo una mezcla de factores. Por un lado, tanto la demanda como la oferta están afectadas por cuarentena y el miedo que hace que la gente no salga de sus casas y no salga a comprar y en muchos no se pueda producir. Por el otro, la fuerte caída en el producto en ciertos sectores como aviación y entretenimiento entre otros genera preocupación por la salud de las empresas lo que se refleja en el desplome en los precios de las acciones y caídas de los bonos.

La respuesta de política no es obvia. Políticas de estímulo tradicionales no lograrían que la gente vaya a los restaurantes o que viajen en avión. Ni tampoco se lograría mejorar la disponibilidad de insumos, porque en muchos casos las fábricas están cerradas por la cuarentena.

Parecería que en este caso no es posible mejorar ni la producción ni las ventas en el corto plazo, porque el problema es un shock de la economía real que no se arregla con políticas de estímulo. Por lo tanto, el objetivo debería ser minimizar el daño, especialmente aumentando el crédito para aliviar los problemas de liquidez que sufren las empresas y dando subsidios para aquellos que sufren desempleo o una fuerte caída de ingresos por la crisis.

Estas políticas, que tienen tintes de una economía de guerra, pueden ayudar a pasar esta traumática coyuntura, dejando para más adelante el "Plan Marshal" para estimular la economía cuando la situación se normalice. Ese va a ser el momento de aplicar a "full" las políticas de estímulo.

Argentina está adoptando políticas económicas que van en la dirección correcta. Pero, con más riesgos porque el país no tiene acceso al crédito para financiar el déficit fiscal, con lo que necesita recurrir a la emisión monetaria, justo en un contexto en el que la inflación ya es muy alta.

En esta coyuntura la única alternativa es aceptar un déficit fiscal más alto, orientar el gasto público a los sectores más vulnerables, bajar selectivamente la presión impositiva, aumentarles el crédito a las empresas en crisis y recurrir a la emisión monetaria sabiendo que existe el peligro de que suba la inflación. Situaciones extraordinarias requieren de respuestas extraordinarias. Pero en algún momento volverá la normalidad, y ese será el momento de adoptar las políticas económicas para que Argentina deje atrás las crisis macroeconómicas recurrentes y pueda volver al crecimiento sostenido.


Miguel Kiguel

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