Lunes, 20 Diciembre 2021 07:20

Golpe cívico-empresarial de 2001 - Por Humberto Bonanata

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Fueron 740 días enmarcados entre dudas y fuertes traiciones.

 

La bomba de tiempo de la convertibilidad la había detonado regionalmente Fernando Henrique Cardoso al devaluar a principios de 1999 el real en un 20%. Desde la renuncia de Cavallo en julio de 1996 al no aceptarle a Menem continuar con un tipo de cambio pétreo frente a un gasto público creciente y pensar en una canasta de monedas, la recesión enmarcó la actividad económica argentina. 

Mientras el Banco Central europeo ya comenzaba a proyectar una moneda única (el euro) para ordenar el desquicio de emisiones monetarias de sus países miembros, la Argentina no encontraba una salida ordenada y prudente al plan de convertibilidad.

Mientras Duhalde con su “movimiento productivo” pregonaban una salida violenta al corset monetario, De la Rúa se comprometió a lo que deseaba el 80% de la sociedad argentina: Estabilidad Monetaria.

En mayo de 2000, a sólo cinco meses de gobierno, Machinea como Ministro de Economía decidió recortar los salarios públicos y jubilaciones en un 13% para evitar la necesaria devaluación. La impopularidad de la medida fue el primer golpe de gracia del gobierno de la “Alianza”.

Cinco meses después, el 6 de octubre, Carlos “Chacho” Álvarez renuncia a la vicepresidencia de la Nación basándose en la falsa denuncia de “las coimas del Senado”, con el apoyo fogonero de Antonio Cafiero.

A fines de 2000 se anuncia el “megacanje de la deuda externa” y el horizonte parece despejarse, aunque la recesión había logrado quitar la esperanza popular.

Cuando todos los miércoles visitaba en su despacho al Presidente De la Rúa, merced al salvoconducto que me brindaban sus edecanes militares entre quienes destaco al Alte. Carlos Castro Madero –con quien mantengo la amistad- y le llevaba las revistas y recortes de diarios de la semana, percibía que mi amigo Fernando estaba ensombrecido por su “Maldito Entorno” (título de mi libro que publicara en 2002) que encabezaba su hijo Antonio y su “grupo sushi”.

Entonces comencé a enviarle todas las madrugadas artículos periodísticos publicados en los principales diarios del país. Lo hacía al mail Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..ar y lo recibían e imprimían cabalmente sus edecanes militares. Pasó a ser su “gacetilla paralela” que no podían filtrar los “sushis”. No imaginaba que ese trabajo nocturno sería la raíz del nacimiento de www.notiar.com.ar el 4 de agosto de 2003…

Ante el fracaso de Machinea, De la Rúa designó en marzo de 2001 a Ricardo López Murphy quien proponía un ajuste hasta fines de ese año de U$D 2.000 millones, cifra que hoy debiéramos multiplicar por diez. La prolijidad de ese plan económico fue denostada por los “sushis” y los “franjamoradistas” de Lautaro García Batallán que le sacaron a la calle los bancos de las aulas de Económicas y Derecho.

Otra vez triunfó el “Maldito Entorno” y López Murphy tuvo que renunciar con sólo 15 días de mandato. Allí el gobierno comenzó a perder el rumbo.

Convocaron nuevamente al “padre de la convertibilidad” que comenzó a ser un embajador itinerante para recuperar la endeble confianza mundial sobre la Argentina.

Cavallo, junto con Rodríguez Giavarini, Hernán Lombardi y Juan Pablo Baylac, fue uno de los servidores más fieles de De la Rúa. Salió a defender ante el mundo una “canasta de monedas” para evitar un desastre devaluatorio como nos trajo Duhalde, De Mendiguren, la Unión Industrial y algunos radicales bonaerenses.

Cavallo necesitaba un impasse por 90 días, que fue bautizado por Antonio Laje como “corralito”. Podían retirarse 250 pesos-dólares por semana, lo que hoy equivaldría a $ 50.000. Aseguraba que el 3 de marzo retornaría la libre disponibilidad con una relación peso-dólar da 1,20 o 1,30. Sólo se devaluaba un 20% o 30% en lugar del 300% que obtuvieron los pesificadores asimétricos con el autopresidente.

“O el Presidente cambia su política económica o vamos a tener otro Presidente” auguró a mediados de 2001 Eduardo Duhalde tras padecer la Argentina las dramáticas “12 noches” que tan bien relató Ceferino Reato en su libro homónimo.

Sin apoyo partidario, sin abrirse ante consejos superadores a los de su entorno, “la esperanza blanca “y la estabilidad macroeconómica se desvanecían ante el golpe cívico-empresarial que desde hace veinte años nos llevó hacia un túnel cada vez más oscuro.

A veinte años de esta tragedia autoinfligida por la dirigencia política argentina todos los índices socioeconómicos marcan una brusca caída en niveles de pobreza, salud, educación, seguridad y justicia. 

Humberto Bonanata
www.humbertobonanata.com.ar

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