Miércoles, 28 Octubre 2020 01:12

El Colegio Electoral: cómo funciona el sistema de voto indirecto en EE.UU.- Por Jaime Sánchez Moreno

Escrito por Jaime Sánchez Moreno

Este órgano genera mucha polémica en el país norteamericano, ya que es más determinante que el voto popular en los comicios a la Casa Blanca. 

En España, el colegio electoral se entiende como el sitio donde acudimos a votar, en principio, cada cuatro años. Sin embargo, en Estados Unidos este concepto tiene un significado bien distinto. En el país de las barras y estrellas, donde rige un peculiar sistema de voto indirecto, se conoce como Colegio Electoral al conjunto de representantes elegidos por los ciudadanos en cada estado y que a su vez son los encargados realmente de escoger al presidente de la nación, en lo que se llama el «voto electoral» para distinguirlo del «voto popular».

Los miembros del Colegio son conocidos como compromisarios o electores, y suman en total 538, número que se corresponde con la suma de los 435 diputados de la Cámara de Representantes, 100 senadores y 3 delegados de Washington D.C.

En el Colegio Electoral, en realidad, no es un órgano corporativo y nunca se llegan a reunir todos los compromisarios de los diferentes estados, sino que se denomina así simplemente al conjunto de los 538 electores.

Por cada estado hay un número determinado de electores, que va desde los tres que tienen los menos poblados hasta los 55 de California. Para cubrir estos puestos cada partido propone a unos candidatos y los ciudadanos los eligen de acuerdo con las normas de cada estado. Los miembros del Colegio Electoral que salen elegidos en cada estado se comprometen, en principio, a votar luego por el candidato a la presidencia de su partido, por el que han sido escogidos.

Por esta figura del Colegio Electoral, se trata de un sistema de elección indirecto. En casi todos los estados el candidato a la presidencia que gana en él se lleva todos los compromisarios de ese estado. Para ganar las elecciones se debe conseguir como mínimo la mitad de los miembros del Colegio Electoral, es decir, 270 compromisarios.

De los 50 estados solo hay dos, Nebraska y Maine, en los que el ganador no se lleva todos los electores. En el caso de Nebraska, se reparten cinco compromisarios en total: el candidato vencedor en el estado se lleva dos de ellos, mientras que los otros tres corresponden a tres distritos que se asignan al ganador en cada uno de ellos. Por su parte, Maine cuenta con cuatro electores en total, de los cuales dos se los lleva el ganador del estado y los otros dos también se reparten en sendos distritos.

Esa norma de «winner-take-all» (el ganador se lleva todo) que rige en 48 de los estados no tiene en cuenta la proporcionalidad de los votos, ya que quien vence en un estado, sea por la diferencia que sea, se lleva todos los compromisarios. Si este sistema se aplicase en países como España, el ganador se llevaría todos los diputados de una provincia, por ejemplo. De ahí que este modelo de elección genere polémica, ya que ignora los votos de los perdedores.

El sistema electoral permite que un candidato resulte elegido presidente con la mayoría de los votos electorales, aunque no gane en el voto popular. En la historia de EE.UU., cinco presidentes han ganado las elecciones sin mayoría popular: Benjamín Harrison, Rutherford Hayes, John Q. Adams, George W. Bush y Donald Trump.

California es el estado que más compromisarios aporta (55). Es un bastión demócrata y, salvo circunstancias muy especiales, es muy raro pensar que cambie de color a corto plazo. Por eso, no es un estado tan determinante para decidir al inquilino de la Casa Blanca. Los más importantes son los conocidos como «swing states», donde el voto está más disputado. Hasta el momento, la mayoría de las veces se ha cumplido la regla de quien vence en Ohio, gana en toda EE.UU.

Aunque últimamente Florida es la que marca la pauta. En esta parte del sur del país se decidieron las elecciones de 2000, que Bush ganó por poco más de 300 votos frente a Al Gore. Aunque no tan decisiva como aquel año, Florida volvió a ser relevante con la victoria de Trump en los comicios de 2016, por un margen del 1,2%. Este año se espera que vuelva a jugar un papel fundamental junto con otros estados como Ohio, Wisconsin, Míchigan, Arizona, Pensilvania y Carolina del Norte.

Cualquier candidato a la Casa Blanca puede ignorar a 100 millones de habitantes, el 80% del electorado estadounidense. Y esto explica por qué los candidatos se hacen ver bastante más en los «swing states» en la campaña hacia el Despacho Oval.

Compromisarios desleales

Los «faithless electors» (compromisarios desleales) son aquellos que no votan por el candidato de su formación para el que han salido elegidos por los ciudadanos.

La Constitución no contempla la disciplina de partido, pero 29 estados y el Distrito de Columbia piden lealtad a sus electores, y cinco penalizan con multas de 1.000 dólares o con condenas por delitos. A la hora de la verdad, ninguno de estos casos se ha producido.

Tan solo 10 compromisarios han sido desleales en la historia de EE.UU, aunque nunca han sido relevantes en una cita electoral. Tres casos son muy recientes:

-En 2000, un elector demócrata de la ciudad de Washington se abstuvo, en vez de votar a Al Gore, porque protestó por la falta de representación del Distrito de Columbia en el Congreso.

-Un elector de Virginia Occidental no votó a Bush.

-Hace cuatro años también hubo compromisarios que no optaron por los candidatos de sus partidos. En el noroeste del país, en el estado de Washington, tres electores demócratas apoyaron al republicano Colin Powell. En Colorado, otro compromisario demócrata eligió al gobernador de Ohio, John Kasich, también del partido de Trump. Sin embargo, el secretario de Colorado multó al desleal, Michael Baca, con 1.000 dólares en virtud de una disposición que, desde entonces, fue sustituida por otra que permite el reemplazo de electores infieles.

Dicho elector fue sustituido por otro que votó a Hillary Clinton. Él y otros dos que preferían a Kasich alegaron esta decisión como una violación de derechos. La razón de esta aparente contradicción, en la que miembros demócratas votaban a republicanos alternativos a Trump, era una estrategia para arrebatar mayorías al actual presidente en colegios electorales. Al final, solo hubo siete compromisarios aceptados legalmente.

Intentos fallidos de cambiar el sistema

Ha habido hasta 800 intentos de suprimir la figura del Colegio Electoral en el Congreso. La primera ocasión en que se quiso reformar ese sistema data ya de 1797. Han llegado tanto desde opciones más conservadoras hasta más progresistas, y de estados grandes a pequeños. Incluso, James Madison, padre de la Constitución, intentó abolirla con otra enmienda de 1823. Aun así, la regla del «winner-take-all» no aparece en la Carta Magna.

Otra situación especial vivida en la historia de EE.UU. es la del empate entre los candidatos a la Casa Blanca. En este caso, la Decimosegunda Enmienda dicta que la Cámara de Representantes elige al presidente entre los tres candidatos ganadores. En este órgano a cada estado le corresponde un voto. Originalmente, dicha ley otorgaba esta posibilidad de desempate a los cinco con más apoyos. Por otro lado, el Senado escoge al vicepresidente entre los dos favoritos del electorado.

En dos ocasiones, el pueblo estadounidense ha vivido un acontecimiento así:

-En 1801, Thomas Jefferson y Aaron Burr, aunque este competía en calidad de vicepresidente. Aunque ambos se presentaron en la misma lista contra John Adams, la Constitución exigía que los votos de cada miembro se contasen por separado. Tras 36 votaciones seguidas, el Congreso prefirió a Jefferson.

-En 1825, John Q. Adams, hijo de John Adams, y Andrew Jackson no obtuvieron la mayoría absoluta de los votos electorales. Adams fue elegido presidente por la Cámara Baja, a pesar de que Jackson ganó en el apoyo popular.

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