Martes, 26 Enero 2021 02:55

El Irán que aguarda a Biden - Por Catalina Gómez Ángel

Escrito por Catalina Gómez Ángel

El ala radical del régimen confiaba en una victoria de Trump para completar la toma de control de las instituciones. 

Los cuatro años de gobierno de Donald Trump han sido frenéticos para Irán. Retiró a Estados Unidos del Acuerdo Nuclear, ha aplicado una campaña de “máxima presión” que ha puesto a la economía iraní en su peor situación desde la guerra con Irak y ha mantenido la tensión sobre un posible conflicto militar después de ordenar asesinar a quien fuera el general de mayor prestigio en el país, Qassem Suleimani.

Aun así, las opiniones sobre el nuevo inquilino de la Casa Blanca están lejos de ser unánimes, como reflejaban esta semana los diarios nacionales donde unos daban la bienvenida a Joe Biden y otros lo atacaban al recordar que Estados Unidos no dejará de ser el mismo lobo de siempre.

“La verdad es que ni Trump ni ninguna fuerza externa hubiera podido provocar el colapso iraní; nuestra mayor amenaza es la división política interna”, sentencia el economista Saed Laylaz, quien reconoce que el sector más radical del régimen hubiera preferido la reelección de Trump y que no se levanten las sanciones. Al menos no mientras los radicales no tengan el control completo del país. “Trump aceleró el despotismo y la radicalización en Irán y los más afectados han sido la clase media”, dice.

Algunos observadores locales creen que la llegada de Biden, especialmente si levanta las sanciones contra Irán, podría influir en las elecciones presidenciales de junio, en las que los radicales esperan retomar la ultima institución que no tienen todavía bajo su control. Hasta hace pocas semanas nadie ponía en duda que el sector más conservador tenía todas las posibilidades de vencer. Y no porque haya ganado más adeptos en estos años, sino por la desmotivación de la mayoría de la población iraní. “¿Qué cambio nos puede traer salir a votar?”, se preguntan muchos.

En este contexto, la pelea se dirimía exclusivamente en el seno de la corriente radical, incluidos los candidatos de los Guardianes Revolucionarios, que iban a pugnar por los votos del sector más fiel al régimen, que participa en los comicios bajo cualquier circunstancia. “Las sanciones son duras, pero ya hemos aguantado tantas dificultades que hubiéramos podido aguantar cuatro años más con la esperanza de cambios en el país”, asegura Majid un ingeniero de 28 años.

Ahora, todas esas certezas se han esfumado. Lo sabe bien el gobierno del presidente Hassan Rohani que no ha ocultado su esperanza después del recambio en la Casa Blanca, donde destaca un equipo heredado del gobierno de Barak Obama al que conocen bien de aquellos meses intensos de 2015 en los que se negoció el llamado plan de acción comprensivo conjunto -JCPOA, por sus siglas en inglés.

Teherán espera ahora que la nueva administración norteamericana levante las sanciones económicas y disminuya la presión contra el país. Que se levanten las restricciones para realizar transferencias bancarias internacionales -lo que permitiría repatriar el dinero que Irán tiene alrededor del mundo- y que se le permita vender su petróleo. A cambio Irán devolvería su programa nuclear al punto en el que se encontraba el 2018, cuando Trump se retiró del acuerdo e impuso sanciones.

Desde mayo de 2019 Irán ha vulnerado gran parte de los compromisos adquiridos en 2015 recurriendo al parágrafo 36 del acuerdo, por el cual las partes firmantes podían desentenderse del pacto si la otra parte no cumplía. Volver al acuerdo es, pues, una cuestión de voluntad. “Pero si Washington insiste en obtener más concesiones, se habrá perdido una oportunidad” ha escrito esta semana en la revista Foreign Affairs el ministro de exteriores y negociador nuclear iraní, Mohammad Javad Zarif, para quien Estados Unidos debe dar el primer paso.

Este es el primer escollo. En Washington la nueva administración parece pensar lo contrario. Antony Blinken, quien ha sido nominado para el cargo de Secretario de Estado, ha asegurado en el Senado que, una vez Irán vuelva a sus compromisos se evaluará si está cumpliendo sus obligaciones. “Tomaríamos entonces la decisión” manifestó Blinken, quien añadió que todavía falta mucho tiempo para llegar a eso. En ese punto coincide con el Líder Supremo Ali Jamenei que, sin cerrar la puerta a una reactivación del Acuerdo, ha advertido que no hay que apresurarse.

“Es totalmente posible [reactivar el acuerdo]- siempre y cuando haya voluntad política”, explica Ali Vaez, responsable del proyecto Irán del Crisis Group, que asegura que un primer paso puede ser que tanto Washington como sus aliados europeos apoyen la solicitud de Irán para obtener un préstamo del Fondo Monetario Internacional destinado a comprar vacunas para el Covid-19 y otros bienes humanitarios.

“A cambio, el gobierno iraní debería detener cualquier violación nuclear adicional que pudiera estar considerando y acordar un calendario para devolver a todas las partes interesadas al cumplimiento total”, agrega Vaez. Pero los tropiezos no serán pocos. Para empezar el gobierno iraní tendrá que lidiar con la presión del Congreso, con mayoría radical, que no le dará mucho tiempo para negociar antes de exigir más avances en el programa nuclear como lo plantea una nueva ley aprobada después del asesinato del científico Mohsen Fajrizadeh el pasado 27 de noviembre.

¿Lograrán Irán y Estados Unidos reactivar el Acuerdo antes de las elecciones de junio?

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