Para China, un Estado que por definición es autoritario, las acusaciones sobre los derechos humanos conforman una “intromisión” inadmisible en sus “asuntos internos”, lo que, en materia de derechos humanos, no puede naturalmente aceptarse jamás.
La relación bilateral, lastimada muy seriamente desde el final de la gestión presidencial de Donald Trump, sigue estando en alta tensión.
Para la paz del mundo esto no es, para nada, una buena noticia. Tampoco lo es el inocultable endurecimiento de la actitud diplomática de una China que luce cada vez más asertiva, dura y arrogante.
Por esto, los EEUU están empujando la conformación de un importante “cuarteto” operativo en materia de política exterior, con Japón, India y Australia, para tratar de “contener” –unidos- el notorio proceso de avance geopolítico chino. Y renovando su constante acercamiento tranquilizador hacia la ahora muy amenazada Corea del Sur.
Dos “modelos” geopolíticos diferentes parecen estar frente a frente, ambos con pretensiones hegemónicas. Uno de corte nítidamente autoritario: el chino obviamente; y el otro, el norteamericano, embanderado en la indispensable defensa de las libertades personales individuales.
La pulseada ha comenzado y por el momento, nadie cede un palmo. Nada.
En otro también delicado frente externo de los EEUU, el que tiene que ver con Rusia, las cosas también lucen hoy bastante poco atractivas.
En efecto, el presidente Joe Biden acaba de caracterizar imprudentemente a Vladimir Putin de “asesino”, lo que es por lo menos muy poco inteligente. Por ello, Moscú llamó inmediatamente a su actual embajador en Washington a “consultas”, en Moscú. Como cabía suponer que sucedería. El frío, naturalmente, está también estacionado sobre esta relación bilateral, de pronto relativamente complicada.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
Fuente: www.diarioexterior.com


