Estados Unidos, tampoco. A pesar de todo lo que se dijo del supuesto “aislacionismo” que representaba Donald Trump, lo cierto es que la gestión de Joe Biden no tiene a este rincón del mundo como prioritario.
Algo absolutamente predecible, ya que lo mismo ocurrió durante su gestión de vicepresidente junto a Barack Obama. Pero los espacios que Occidente descuida, otros los ocupan. Los desastres políticos de Venezuela y Argentina, han sido la puerta de entrada para el incremento de la presencia e influencia de Rusia y China en la región.
El populismo demostró que, más allá de su discurso, lo único que importa son los intereses políticos y sus negociados. Incluso por encima de la salud y la vida de las personas. No es casual que las vacunas que circulan hasta ahora en Argentina sean en su gran mayoría la Sinopharm de China y la Sptunik-V de Rusia.
Más allá de la cuestión técnica (que me excede) sobre las virtudes médicas de cada una, lo que es innegable e indiscutible es que, al limitar el número de proveedores, más lento será el proceso de vacunación y la salida de la pandemia.
De más está decir que esto se traduce en más contagiados y fallecidos. No es un dato menor el poco interés que las autoridades peronistas demostraron a la hora de cerrar el acuerdo con Pfizer, que abastece a varios países de la región.



