La posibilidad de una guerra abierta entre Irán e Israel causa preocupación en la comunidad internacional, tanto por los daños humanos y materiales que puede generar como por sus posibles efectos en la economía mundial, pues se teme que Israel ataque las instalaciones petroleras de Irán o que Teherán interrumpa el flujo de barcos petroleros por el estrecho de Ormuz, por dónde circula diariamente más del 20% del petróleo que se consume en el planeta.
Pero el encuentro entre Putin y Pezeshkian en Turkmenistán, al margen de una cumbre de naciones de Asia Central, es especialmente importante para Irán, un estado que cuenta con muy pocos apoyos en la comunidad de naciones.
“Irán tiene muy pocas opciones porque, si dejamos de lado a sus socios no estatales como Hamás o la milicia libanesa Hezbolá, coopera con un pequeño número de estados, pero en todos los casos esa cooperación es limitada”, dice Thomas Juneau, profesor de la Escuela de Posgrado de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Ottawa, a BBC Mundo.



